In Memoriam
Adiós a Juan "Pegatinas": el motorista indomable de Lalín
La noticia de su repentina partida ha conmovido a Lalín, donde era conocido por su generosidad y espíritu aventurero, dejando una huella imborrable entre vecinos, colectivos, entidades deportivas y clase política y empresarial

Juan Carlos Blanco (dcha.) junto a dos amigos en Marruecos. / Cedida
Hay ausencias que se clavan en el alma de un pueblo entero, dejando un vacío difícil de asimilar. La marcha repentina de Juan Carlos Blanco, conocido con afecto como Juan «Pegatinas», ha caído como un jarro de agua fría sobre Lalín y su entorno. La conmoción es absoluta en cada rincón, plaza y calle de la comarca. Esta dolorosa noticia ha desatado una marea espontánea de cariño que ha inundado las redes sociales. Políticos, asociaciones vecinales, colectivos culturales, entidades deportivas y una gran cantidad de particulares han querido manifestar públicamente su pesar, coincidiendo en que se ha ido un hombre irrepetible, una persona verdaderamente excepcional que sabía hacerse querer desde el primer minuto.
Detrás de su espíritu indomable, aventurero y del rugido enérgico de sus motos de montaña, Juan escondía siempre un corazón de oro puro y una generosidad inquebrantable. En el universo del enduro y el motor, donde el compañerismo es una ley sagrada, él era un referente absoluto a todos los niveles. Sus compañeros saben bien que era invariablemente el primero en bajarse de la moto para tender una mano sincera a los demás, ya fuera para asistir a cualquiera que sufriese una caída, solventar un pinchazo inoportuno o empujar con todas sus fuerzas en las rampas más complicadas de la zona.
Esa misma nobleza que demostraba sobre el barro la trasladaba con naturalidad a su vida cotidiana. Como amigo, Juan era simplemente infalible, una de esas personas con las que se podía contar pasase lo que pasase. Pertenecía a esa escasa clase de hombres que nunca sabían decir que no; si lo llamabas a última hora para compartir una caña improvisada o si lo necesitabas con urgencia para superar cualquier bache personal, Juan respondía de inmediato, estando ahí con su eterna sonrisa, dispuesto a apoyarte y a buscar una solución eficaz en todo momento, tal y como recuerdan sus amistades más íntimas.
A Juan no le gustaba la carretera; lo suyo era el monte libre, los senderos imprevistos y la aventura en estado puro. Esta pasión por la naturaleza lo empujó a organizar constantes salidas por toda la geografía gallega, logrando también expandir sus fronteras hacia retos mayores como la exigente ruta Transpirenaica o las pistas de Marruecos. Quienes tuvieron la fortuna de compartir caminos y risas con él lo recuerdan unánimemente como un tipo desbordante de alegría, avanzado a su tiempo y muy echado para adelante, uno de esos caracteres indómitos que no le tenían miedo a la vida ni a absolutamente nada.
Era un aventurero de pura cepa que detestaba los límites establecidos. Cuando el grupo se topaba con un sendero cerrado por la vegetación, Juan jamás se daba por vencido; siempre terminaba encontrando con ingenio una salida viable o un atajo alternativo entre la densa maleza para continuar la marcha. El asfalto rectilíneo era su particular suplicio diario. Sus amigos aún sonríen hoy con nostalgia al recordar cómo refunfuñaba con gracia en los tramos pavimentados, llegando a protagonizar anécdotas memorables. Nadie olvida aquella jornada en Marruecos en la que, cansado de la carretera, sentenció con firmeza que el pueblo de destino se encontraba hacia el oeste. Sin dudarlo, se adentró en solitario con su moto por las montañas africanas, apareciendo al cabo de las horas sano, salvo y sonriente en el hotel, provocando un gran alivio en todo su grupo que temía por la falta de cobertura poder localizarlo.
Hoy, Lalín llora con profunda tristeza la pérdida de un vecino ejemplar y un amigo de verdad. Su indomable recuerdo seguirá eternamente vivo en cada ruta de montaña, en cada gesto solidario de ayuda mutua en el camino y, sobre todo, en el alma limpia de todos aquellos que compartieron con él la belleza de la vida y la montaña. Porque Juan «Pegatinas» seguirá rodando en busca de atajos allí donde se encuentre.
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