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Salud

Trabajar al sol: así afrontan las altas temperaturas los oficios al aire libre

Trabajadores que desarrollan su actividad en la calle reorganizan horarios, buscan la sombra y extreman la hidratación para combatir las olas de calor

Un obrero trabajando al aire libre.

Un obrero trabajando al aire libre. / Envato

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A Estrada

Las olas de calor no entienden de profesiones, pero hay quienes no tienen la posibilidad de refugiarse en una oficina con aire acondicionado ni de teletrabajar cuando el mercurio se dispara. Para miles de trabajadores, las jornadas continúan desarrollándose a la intemperie, expuestos durante horas a temperaturas extremas que obligan a adaptar rutinas, modificar horarios y extremar las medidas de prevención. El calor condiciona su forma de trabajar, pero rara vez detiene su actividad.

La limpieza viaria, el reparto de publicidad, los puestos ambulantes de las ferias son solo algunos ejemplos de empleos que se desarrollan íntegramente en el exterior y que mostramos a continuación. No obstante, a ellos se suman muchos otros, como los albañiles, el personal encargado del asfaltado y del mantenimiento de carreteras, los operarios forestales, los jardineros o los profesionales del sector agrario y ganadero. Todos comparten una misma realidad: desempeñan su trabajo bajo las inclemencias del tiempo, ya sea soportando temperaturas cercanas a los 40 grados, lluvias persistentes, fuertes rachas de viento o el frío de los meses de invierno.

Recomendaciones

Las recomendaciones sanitarias insisten en evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día, mantener una hidratación constante y reducir el esfuerzo físico cuando las temperaturas son especialmente elevadas. Sin embargo, en muchos de estos oficios resulta imposible detener la actividad por completo. La alternativa pasa por reorganizar los turnos, adelantar el inicio de la jornada, aprovechar las primeras horas de la mañana o buscar, siempre que sea posible, espacios de sombra para realizar pequeñas pausas que permitan aliviar el impacto del calor.

Cada profesión afronta el problema de una forma distinta. Hay quienes comienzan a trabajar antes del amanecer para terminar antes del mediodía; otros alternan las tareas más exigentes con aquellas que pueden realizarse a cubierto; y también están quienes, por la propia naturaleza de su trabajo, deben permanecer durante horas junto a fuentes de calor.

En A Estrada, la última ola de calor volvió a poner de manifiesto esa realidad. La brigada municipal de limpieza reorganizó sus recorridos para evitar las zonas más expuestas durante las horas de mayor insolación; un repartidor de publicidad buscó refugio en la sombra siempre que el trabajo se lo permitió para no agravar sus problemas de salud; y un veterano churrero comprobó cómo las elevadas temperaturas reducían las ventas pese a que el mercadillo seguía registrando una notable afluencia de visitantes. Son tres historias diferentes que reflejan un mismo desafío: trabajar al aire libre cuando el calor aprieta

Alves en la Alameda.

Alves en la Alameda. / FdV

«Empezamos la jornada antes para evitar las horas de sol»

Alejandra Alves

— Personal de limpieza de calles de A Estrada

Alejandra Alves trabaja en la brigada de limpieza de calles de A Estrada desde hace unos meses. Previamente formaba parte del personal de la recogida de basura, pero desde que se sumó a la otra variante de este servicio es una de las personas que trabaja al aire libre manteniendo los espacios urbanos en buenas condiciones. Con la llegada de la ola de calor que asedió el municipio la pasada semana, las temperaturas extremas obligaron a tomar medidas para protegerse durante las horas de mayor intensidad.

«Lo que hacemos principalmente es adelantar la jornada. Si normalmente trabajamos de seis de la mañana a dos de la tarde, los días que sabemos que va a haber ola de calor empezamos antes», relata. Concretamente, la brigada de limpieza sale a la calle en torno a las 05.30 horas y finaliza antes del mediodía. «También organizamos las zonas en las que trabajamos primero en base a sus características. Por ejemplo, la parte de la Alameda y la Praza do Concello, o la cuesta de la Avenida de Santiago, las limpiamos primero porque son más duras, hay menos sombra y es mejor emplear las primeras horas de la mañana, que se está más fresco, para limpiar ahí», dice, y añade: «En partes como la Justo Martínez o la Iryda, vamos alternando zonas de sombra con las que da el sol para llevarlo mejor». Asimismo, recalca que la empresa da flexibilidad para los descansos: «No hay problema porque abandonemos el puesto un momento para ir a buscar agua al super e hidratarnos, nuestra seguridad es lo más importante».

Calviño en la feria del miércoles.

Calviño en la feria del miércoles. / FdV

«Tengo problemas de salud y no puedo estar a este calor»

Baldomero Calviño

— Repartidor de flyers publicitarios

Baldomero Calviño, además de ser un conocido artista local, se dedica a repartir flyers y pegar cartelería publicitaria en A Estrada. Su trabajo es en el exterior, independientemente de las condiciones meteorológicas. Estos días de calor, este vecino de procedencia cubana pero afincado en la villa desde hace décadas intentó evitar la franja horaria en la que el mercurio llegaba a lo más alto del termómetro.

«Lo intento evitar, padezco problemas de salud que pueden agravarse si trabajo en condiciones extremas. Al ser autónomo cuento con cierta flexibilidad pero es cierto que a veces no se puede escapar al calor», comparte. Él lleva años realizando estas labores para ganarse la vida, y afirma que no recuerda unos días tan calurosos como los pasados en este arranque de julio: «Yo soy cubano, y uno podría esperar que estuviese acostumbrado a esta calor, pero lo cierto es que algo como lo vivido la semana pasada no lo recuerdo. Fue insoportable, incluso de noche».

Uno de los días más intensos en su semana laboral es el miércoles, cuando se celebra el mercadillo semanal en Praza da Feira y él acude religiosamente para repartir los panfletos publicitarios de las empresas y comercios locales. Es justo ahí donde lo encontramos, asentado en una zona de sombra extendiendo los flyers a los viandantes. Buscar la los puntos en los que pueda estar más fresco es crucial para poder desempeñar la tarea sin comprometer su bienestar físico, especialmente teniendo en cuenta que padece de patologías relacionadas con el corazón

Lafuente en su puesto de churros.

Lafuente en su puesto de churros. / FdV

«Cuando hace tanto calor casi no se vende, eso es lo peor»

Manuel Lafuente

— Churrero ambulante

Imagínense que los termómetros rozan los 40 grados y que, justo a su lado, hay una olla cargada de aceite hirviendo. Es la realidad de los churreros, que viajan de feria en feria para poner la nota dulce a todas las citas, tanto festivas como a los mercadillos. En A Estrada, uno de los puestos más veteranos es el de Manuel Lafuente, un churrero de Pontecesures que lleva ligado al oficio desde principios de los años ochenta, cuando tomó el relevo del negocio familiar. Acostumbrado a pasar horas junto al aceite caliente, reconoce que el calor de los últimos días no ha sido el principal problema para su trabajo.

«Ya estamos acostumbrados. Es como quien trabaja en una empresa de aluminio o en un horno; al final el cuerpo se adapta», explica mientras atiende a los clientes en el mercadillo semanal de Praza da Feira. Aunque el puesto permanece resguardado bajo una lona, la proximidad de las freidoras eleva aún más la temperatura durante toda la jornada. Pese a ello, asegura que el verdadero impacto de las altas temperaturas no está tanto en las condiciones de trabajo como en las ventas.

«Cuando hace tanto calor se vende menos. Gente hay mucha, incluso más porque muchos están de vacaciones, pero consumen menos churros calientes», comenta. Según explica, los días nublados o con temperaturas más suaves animan a los visitantes a acercarse al puesto, mientras que durante los episodios de calor intenso el producto pierde atractivo, aunque la afluencia a la feria se mantenga.

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