Entrevista | Caterina Canyelles i Gamundí Doctora en Antropología Social
«El perfil de víctima perfecta es la que han asesinado y nunca puso denuncia»
Tras su paso por Lalín, este jueves presenta en Vigo su libro Machismo y Cultura Jurídica y el domingo, en Santiago de Compostela

Caterina Canyelles en la sede del curso de igualdad de Lalín. / Á. G.
Investiga sobre la relación entre la violencia, el acceso a la justicia y los derechos humanos desde una perspectiva feminista. Además, compagina la investigación con la docencia en centros de secundaria y universitarios. Este miércoles Caterina Canyelles i Gamundí (Sa Pobla, 1982) participó en el curso XXI Novas Fronteiras na Igualdade de Oportunidades 2.0 que la USC celebra en el edificio sociocultural de la calle Manuel Rivero de Lalín.
Tiene una formación muy diversa como ingeniera, técnica informática y antropóloga. ¿Cómo influyó esa mentalidad técnica y analítica a la hora de estructurar una investigación social tan compleja?
La verdad es que al principio no veía la manera de que me pudieran ayudar en la parte más social digamos las herramientas que me dio la ingeniería. Al cabo de un tiempo, sobre todo haciendo la tesis, muchos años después de acabar la ingeniería, me di cuenta de que la parte más técnica me da una visión más esquemática a la hora de estructurar en este caso las investigaciones y, también, a la hora de comunicar lo que he investigado. Es como si fueran una herramientas que me ofrecen esa posibilidad de estructurar el conocimiento de una manera más gráfica.
Dedicó seis años a estudiar el sistema judicial en Mallorca y Cataluña. ¿Hubo algún detonante o caso específico que le hiciera volcar su mirada antropológica hacia los juzgados?
Bueno, yo venía trabajando en cárceles en el Perú en temas a partir del feminismo, con una mirada feminista de ver cómo se daba esa vulneración de derechos en ese caso con personas que fueron condenadas por terrorismo. Entonces, ya venía viendo todo esto con esa perspectiva feminista. Y en verdad el paso a la parte judicial, que es un salto grande porque creas que pasar de estudiar a personas privadas de libertad a personas que tienen ese poder como es el ámbito judicial, es un salto muy grande. Lo que me acercó a esa realidad fue que mi director de tesis ya tenía un cierto interés y armamos un proyecto de investigación juntos para ir a observar lo que pasaba en los juzgados.
Su libro se basa en una etnografía minuciosa dentro de la maquinaria institucional. ¿Qué barreras o resistencias encontró al entrar como antropóloga en un entorno tan hermético como el judicial?
Eso es una de las cosas más sorprendentes de todo el trabajo de campo porque he estado muchos años haciéndolo en diferentes juzgados. Tengo que decir que no me encontré ninguna resistencia ni tampoco ninguna protección de datos, que es una cosa que ahora mismo está muy a la orden del día. Cuando llevaba dos años haciendo trabajo de campo una auxiliar judicial sí que puso en cuestión el permiso que yo tenía para poder estar trabajando allí. La primera persona que me da permiso es precisamente el juez de decano de los juzgados en los que estaba trabajando mediante un proyecto de investigación con la Universidad de Barcelona y con financiación del Instituto de la Mujer. Fue como todo muy fácil, pero sí que dos años después tuve problemas por parte de una persona que trabaja en los juzgados en un caso puntual.
Sostiene que las ideas machistas están arraigadas en la cultura y que los operadores jurídicos no son ajenos a ello. ¿De qué manera concreta impacta esta mirada patriarcal en la aplicación diaria de las leyes?
Tenemos que tener en cuenta que vivimos en una sociedad con una ideología machista, con un machismo muy a la orden del día, y si cabe en los últimos años ha ido in crescendo. Si esto es lo que se cuece en la sociedad, en el ámbito jurídido va a estar presente y se va a reproducir de la misma manera si no ha habido un trabajo arduo en deconstruir esa ideología. Partiendo de esta base, lo que pasa con la reproducción de ideas machistas en el ámbito jurídico es que la ley se convierte en inaplicable, como dice la jurista Ana Ru. Tenemos una serie de leyes y de tipos penales que norman como proceder ante determinadas agresiones y esta normativa coexista con la legitimidad del discurso machista. Hay una contradicción entre ambas normativas que lo que hace es que si la persona que aplica la ley tiene esas ideas machistas, no identifica los hechos denunciados y no los interpreta de manera correcta, y va a vulnerar los derechos y limitar el acceso a la justicia de las personas que están pasando por un proceso judicial, así como vulnerar el derecho a la información.
En sus investigaciones señala que el estereotipo de «víctima ideal» contrasta con la realidad de las mujeres. ¿Qué consecuencias reales tiene para una mujer no encajar en el molde de víctima que espera el sistema?
Esto entronca con lo que te acabo de decir en la última pregunta, es que si en el eje de la cultura machista reproducida en el ámbito judicial como se concibe que tiene que ser la víctima perfecta, el perfil de víctima que se interpreta, que como ya es sabido y muy mediático es esa mujer que no ha denunciado, que está sometida al marido o que sufre una violencia grave. El perfil de víctima perfecta es la que han asesinado y nunca puso denuncia. Partiendo de este perfil todo lo que no se identifica con la víctitma perfecta no es inteligible y, por lo tanto, no se entiende como violencia.
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