Carnet de conducir
¿Las autoescuelas ya no son para el verano?
La Autoescuela San Pelayo de A Estrada celebra su 60 aniversario después de formar a varias generaciones de conductores y de ser testigo de un cambio de hábitos: los jóvenes siguen queriendo el carnet, pero cada vez lo obtienen más tarde

Manuel e Isabel Cuiña, actuales responsables de la Autoescuela San Pelayo, que este año celebra su 60 aniversario. / FDV_Externas
Hubo un tiempo en el que cumplir 18 años significaba empezar la cuenta atrás para sacarse el carnet de conducir. Era casi un rito de paso hacia la vida adulta, el símbolo de la independencia y, para muchos jóvenes, la llave para acceder al trabajo o disfrutar de una libertad hasta entonces desconocida. Seis décadas después, esa realidad ha cambiado. Los jóvenes siguen queriendo el carnet, pero ya no tienen la misma prisa por conseguirlo. Esa transformación la ha vivido en primera persona la Autoescuela San Pelayo de A Estrada, que celebró el pasado mes de febrero su 60 aniversario.
Los responsables del centro, Manuel e Isabel Cuiña, tienen claro que la diferencia no está en el interés, sino en el momento. "Hay más matrículas y cada año siguen creciendo, pero ahora muchos lo hacen por partes. Un verano preparan el teórico y otro el práctico. Antes era habitual obtener el permiso en uno o dos meses; hoy no tienen esa necesidad inmediata", explican.
A su juicio, detrás de este cambio hay varios factores. Hablan de una mayor cultura del ocio, de jóvenes que prefieren dedicar el verano a viajar o disfrutar con los amigos antes que invertir tiempo y dinero en el carnet. También creen que las familias han cambiado. "Los padres nos hemos convertido en los taxistas de nuestros hijos. Los llevamos al colegio, a entrenar, a conciertos o cuando salen con los amigos. Antes nuestros padres no hacían eso y el coche era sinónimo de independencia mucho antes", señalan.
La diferencia también depende del lugar donde se viva. Mientras en las grandes ciudades existen alternativas como el transporte público, en municipios como A Estrada el coche continúa siendo casi imprescindible para estudiar, trabajar o desplazarse. Por eso, aunque el permiso se retrase, sigue formando parte de los planes de la mayoría de los jóvenes. Incluso se mantienen pequeños fenómenos sociales que apenas han cambiado: cuando uno de un grupo de amigos empieza a sacarse el carnet, el resto suele animarse también.
La experiencia de San Pelayo coincide con la tendencia reflejada por la Dirección General de Tráfico. Cada vez menos jóvenes obtienen el permiso nada más cumplir los 18 años y muchos esperan hasta que el trabajo o sus necesidades personales hacen imprescindible conducir. No es que hayan dejado de querer el carnet; simplemente ha dejado de ser una prioridad inmediata.
Precisamente esa evolución es la que ha observado la Autoescuela San Pelayo durante seis décadas. Fundada en febrero de 1966 por Manuel Cuiña Castiñeira, familia de los fundadores de la empresa de autobuses Cuiña de Silleda, la autoescuela nació después de que su impulsor trabajara como camionero recorriendo Galicia y como taxista en A Estrada. Junto a un socio abrió el primer local en la rúa Padrón y años más tarde se trasladó a la avenida Benito Vigo, donde continúa hoy su actividad. Con el tiempo también abrirían otra autoescuela con el mismo nombre en Silleda.
Los primeros alumnos aprendían al volante de dos Seat 600. Hoy realizan las prácticas con un Renault Clio prácticamente nuevo. También ha cambiado la forma de estudiar. Los libros y test en papel dieron paso al ordenador, capaz de corregir errores y explicar automáticamente las respuestas. Sin embargo, Manuel e Isabel insisten en que la figura del profesor sigue siendo tan importante como hace sesenta años y que las clases prácticas apenas han variado.
Por las aulas de San Pelayo han pasado abuelos, hijos y nietos. Tres generaciones que han confiado en una autoescuela que presume de una de las tasas de aprobados más altas gracias, aseguran, al trabajo constante de su equipo. En este aniversario, sus responsables solo tienen un mensaje: agradecer la confianza de miles de alumnos que, durante seis décadas, han convertido a San Pelayo en parte de la historia de A Estrada y en un privilegiado observatorio de los cambios de toda una generación.
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