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Sociedad

El secreto de María del Carmen y Juan Antonio para 50 años de casados: "Que los enfados sean cortos"

La pareja, que regentó el emblemático Hostal y restaurante Don Juan durante treinta años, celebra sus bodas de oro cincuenta años después de su primer enlace

El matrimonio en el Don Juan, negocio que fundaron en los ochenta.

El matrimonio en el Don Juan, negocio que fundaron en los ochenta. / Bernabé

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A Estrada

¿Cuál es el truco para durar medio siglo con tu pareja? María del Carmen Pereira Lago (72) y Juan Antonio Cortés Corbacho (78) lo tienen claro: que los enfados sean cortos. Este sábado se dan el «sí, quiero» en sus bodas de oro, cincuenta años después de contraer matrimonio, allá por 1976. Su historia es una de muchas, pero cuenta con una peculiaridad, y es que la pareja regentó durante treinta años uno de los negocios más emblemáticos de A Estrada: el Hostal y restaurante Don Juan.

Aquí vuelven ahora para renovar los votos rodeados de sus familiares y amigos, recordando y celebrando una historia de amor que ya comenzó con buen pie, con un baile en la Sala Gradín. En las siguientes líneas, los protagonistas nos cuentan un poco más sobre esta relación, marcada por la lealtad, el cariño y el trabajo.

«Coñecémonos nos anos 70, na Sala Gradín. Daquela os mozos viñan e sacábante a bailar e ese día veu el. Despois do primeiro baile preguntoume se podía quedar un chisco con el e eu díxenlle que si. Estivemos bailando toda a noite, ata que chegou o momento de despedirse», recuerda Carmen. Por su parte, Juan Antonio añade: «Había moitas rapazas, pero ela foi a que máis me gustou». Cuando dijeron adiós esa noche, él le pidió la dirección para enviarle cartas, ya que debía partir de vuelta a Francia, adonde había emigrado con sus dos hermanos mayores y con su padre con tan solo quince años.

Carmen y Juan Antonio el día de su boda en A Estrada

Carmen y Juan Antonio el día de su boda en A Estrada / Cedida

Su relación se basó en la correspondencia hasta el siguiente verano, cuando Cortés Corbacho volvió a A Estrada de vacaciones. «Víamonos unha vez ao ano, e para iso non todos os días, porque daquela non había carreteras, e os camiños estaban en malas condicións. Eu era de Forcarei e el de Arca, así que non sempre podiamos atoparnos», lamenta ella. No obstante, esas pocas ocasiones presenciales, sumadas a las misivas que intercambiaban, fueron suficientes para mantener viva la llama del amor en la distancia durante un lustro. Llegados a este punto, los kilómetros empezaron a pesar y Juan Antonio tomó la decisión de pedirle matrimonio.

Se casaron en enero del 76 y ella hizo las maletas para partir con él rumbo a Francia. «Ao principio foi difícil, eu non coñecía o idioma, pero tiven sorte de dar con xente moi boa. Traballei coidando dous matrimonios de maiores e limpando escolas, e pronto me afixen a estar alá», dice Carmen, que guarda muy buen recuerdo de una de las familias a las que atendió: «O home morreume nas mans, e ela foise pouco máis tarde. Paseino moi mal, para min foron coma uns pais e para a miña filla coma uns avós. Aprendín francés grazas a eles, e cando faleceron os seus fillos quixeron darme o coche del, foi co que volvimos para A Estrada cando nos asentamos aquí».

El matrimonio tenía claro que acabaría regresando a su pueblo natal; por ello, en cuanto reunieron algunos ahorros compraron un terreno. Sería sobre este donde erigirían más tarde el hostal Don Juan. «Fomos construíndo pouco a pouco, botamos dez anos que todo o que gañabamos ía para aí», confiesa el marido. Fue él quien optó por esta línea de negocio, ya que era en la misma en la que se había especializado en el país galo. «Comecei lavando pratos nun hotel cando tiña 16 anos, e acabei como xefe de cociña dese mesmo establecemento 25 anos despois», señala.

Abrieron las puertas del Don Juan en noviembre del 88 y aquí labraron una vida día a día durante treinta años. Este fue, precisamente, uno de los motores de su matrimonio, ya que, como ambos afirman: «Se nos enfadabamos, sabiamos que había un negocio que sacar adiante e pronto nos arreglabamos. Ao final é iso, despois de tanto loitar xuntos, non tiras a toalla facilmente».

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