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Patrimonio natural

Disparidad en el uso lúdico del monte: las comunidades se dividen entre permitir el acceso gratis a visitantes o exigir ayudas a la Xunta para el mantenimiento

Mientras Sanguiñedo agradece la afluencia a la playa fluvial que cuida el Concello, Bermés recuerda que pagó parte de la restauración de molinos y cubre los gastos de limpieza de la ribera del río

Una excavación arqueológica en Outeiro Grande, en montes de Bermés.

Una excavación arqueológica en Outeiro Grande, en montes de Bermés. / Bernabé/Javier Lalín

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Salomé Soutelo

Salomé Soutelo

Lalín

Según los datos de la Consellería de Medio Rural, en Deza y Tabeirós-Montes están dados de alta 104 montes mancomunados, y la cifra no se reparte de forma proporcional a la superficie de cada municipio: mientras A Estrada tiene solo un monte registrado y Lalín llega a los 15, en Forcarei podemos consultar la ficha de 55. Los montes comunales generan ingresos a través de distintas formas: la venta de madera, nuevas plantaciones que pagan empresas para compensar su huella de carbono, y alquileres ya sea por escombreras del Adif, por antenas de comunicaciones o por las redes de evacuación y los aerogeneradores de parques eólicos. ¿Podría convertirse en otra fuente de ingresos el uso lúdico que hacen personas ajenas de estos montes, al realizar rutas de senderismo, disfrutar de una comida campestre o recoger setas y castañas? La Mancomunidad de Montes de Vigo se plantea cobrar por su uso, dado que los visitantes reclaman dotaciones como aparcamientos o paneles, así que lo lógico es que colaboren en el cuidado y conservación del patrimonio natural que está sobre terreno con dueño pero que disfrutamos todos.

En Deza y Tabeirós-Montes las opiniones de los comuneros son dispares. Es cierto que desde la pandemia aumentaron, con creces, las rutas de senderismo o un turismo fluvial que evita las masificaciones de la playa. La comunidad de montes de Bermés cree que lo idóneo para la conservación de caminos de paso y de bienes patrimoniales no pasa tanto por la contribución ciudadana «senón por axudas para manter zonas de interese polo seu patrimonio», explica el presidente de la entidad, Cristóbal Fernández. El medio centenar de comuneros del monte de Bermés desbroza con frecuencia las rutas de senderismo que atraviesan O Carrio, y cada año costea los salarios de dos personas que, durante cuatro meses, ponen a punto las riberas del río. Estas nóminas se llevan casi los 30.000 euros anuales que ingresan por la presencia del parque eólico. «Nalgún momento a Xunta sacou axudas, pero non chegaban a nada», recuerda Fernández, a la cabeza de los los comuneros desde 2017.

Cartel en el Monte do Carrio en el que se indica la titularidad de los comuneros.

Cartel en el Monte do Carrio en el que se indica la titularidad de los comuneros. / Bernabé / Javier Lalín

Es muy frecuente ver a turistas en los montes de Bermés y O Carrio. Días atrás, un grupo de 20 personas se acercó a la zona, y los comuneros se encargaron de demostrarles cómo funcionaba uno de los cuatro molinos que restauraron años atrás. Esa reforma salió en 110.000 euros, de los que el 75% fue cubierto con una subvención de la UE, mientras que el 25% salió de los ahorros de esta comunidad de montes. «Non nos plantexamos cobrar unha entrada por visitar o monte, pero a xente ten que entender que este mantemento ten un custo» y que afecta también a desbroces en el entorno de los petroglifos y de la capilla, e incluso a una excavación que también pagaron los comuneros.

Un expediente perdido durante 20 años

Las mancomunidades de montes tienen que reinvertir el 40% de sus ingresos en el monte, ya sea en plantaciones, en la preparación de pastizales o en recuperación de patrimonio. El 60% restante puede repartirse entre los socios, pero ¿y si surge un gasto como el desbroce de una pista para evitar la propagación de incendios? ¿Qué hacen, establecer una cuota? Pueden echar mano de otra fuente de ingresos, como los derechos cinegéticos. Bermés formalizó su segregación del Tecor de Lalín, y una empresa privada gestionará su caza menor. En Dozón, los comuneros de O Eirelo acaban de iniciar un trámite idéntico. Fernández, en este sentido, recalca que «o monte estaba en mans do Tecor de Lalín sen un acordo previo e sen percibir nada a cambio. Ademais, a clasificación do monte de Bermés iniciouse en 1983, perdeuse o expediente e non apareceu ata 20 anos despois, e o expediente de clasificación de Zobra tamén desapareceu en tres ocasións».

Un comunero de montes es aquel que reside en una "casa abierta y con humo", es decir, habitable y en la que se enciende la cocina de forma habitual para cocinar o para calentarse. En resumen, en la que se vive a diario. Y si fallece un comunero, tienen que darse de alta sus descendientes, porque esa condición no se hereda. El abandono de la actividad agraria y forestal así como la pérdida de población en el rural pueden poner en jaque la actividad y la titularidad de los montes comunales. Sin salir de la de Bermés, Fernández recuerda que en su momento el Concello de Lalín regaló a tres empresas de telefonía y comunicación otras tantas parcelas que eran comunales para que colocasen antenas. Durante el gobierno de coalición pudo saberse que el ejecutivo popular anterior no llegó a cerrar un expediente de expropiación previa de estos terrenos. Tras años de batalla, los comuneros acordaron con las tres empresas en 2019 un alquiler por el uso de estas parcelas.

Más fluida es la relación de dos comunidades de montes de Dozón con la administración. Pero también es verdad que su explotación lúdica es muy inferior a la de Bermés. En el de Sanguiñedo, "teñen vido motos ou cabalos, e non fan ningún destrozo", explica el presidente en funciones, Juan Varela. Tras 24 años en el cargo, le sucederá Manuel González Regalade. En las 240 hectáreas de este monte (tras la segregación de unas 30 de As Bouzas) crecen plantaciones de pino y de roble americano. Los 15 comuneros son también titulares de la playa fluvial, de cuyo acondicionamiento se encarga el Concello y una vecina, en una finca anexa de su propiedad, montaba hasta el año pasado un chiringuito durante el verano. Varela descarta cobrar por la entrada al monte, «porque total nós temos que facer o mantemento igual», y recuerda cómo hace más de 30 años vecinos de Lalín y de Dozón viajaban a los municipios ourensanos de Beariz y de Cenlle para recoger gratis setas en sus bosques y venderlas después a una empresa de Lalín. «Algunhas familias quitaban, nos anos 90, uns 150 euros», calcula. En Sanguiñedo, en los próximos años los dos eólicos que compartirá con O Irixo generarán unos ingresos de 20.000 euros anuales.

Vista de la playa fluvial de Sanguiñedo

Vista de la playa fluvial de Sanguiñedo / Cedida

El Concello de Dozón asume el acondicionamiento de la playa fluvial de Sanguiñedo y desde 2022 también la de un área recreativa en terrenos de los comuneros de Pena de Francia. En su momento, los comuneros cedieron por cinco años 15 hectáreas para un taller de empleo, y en la actualidad el gobierno local sigue encargándose de los desbroces de esas plantaciones de roble americano. Hay otro convenio que también alivia las cargas económicas de estos comuneros. «A Xunta desbroza os camiños e as plantacións, ademais de facer podas. Cando vendemos madeira, os comuneiros quedamos co 75% e a Xunta leva o outro 25%» como pago por esos trabajos de mantenimiento, explica el presidente, Jesús Remeseiro. Presidente de los 45 comuneros desde 2002, Remeseiro tampoco se plantea un cobro por acceder al monte. La principal preocupación es la plaga de banda marrón que afecta a las plantaciones de pino del país. La Xunta permitirá facilitar su relevo por eucalipto, pero Remeseiro propondrá reconvertir esos terrenos en pastizales.

"A colaboración das comunidades de montes é excelente"

La asociación Roteiros de Lalín se puso en amrcha hace 10 años y gracias a su labor desinteresada están señalizadas en Lalín 30 rutas de senderismo. Este domingo cubrirá el Camiño do Corpiño, un trayecto que cuenta ya con 40 personas inscritas. Y en esta ruta, como en todas las anteriores, Roteiros de Lalín presenta ante la Consellería de Medio Rural una declaración responsable en la que se indica que tiene el consentimiento de los titulares de los terrenos (sean comuneros o personas a título individual) para pasar por ellos. «Se vas pasar por sitios que non sexan camiños públicos, tés que falar antes coas comunidades de montes afectadas, e se atravesas por zonas de Rede Natura, hai que solicitar autorización a Medio Ambiente», explica el coordinador de este colectivo, José Luis Rodríguez Jácome.

Roteiros de Lalín cubrió en febrero la Ruta das alvarizas de Moa a Zobra

Roteiros de Lalín cubrió en febrero la Ruta das alvarizas de Moa a Zobra / Roteiros de Lalín

En esta década de existencia, Roteiros de Lalín-Viarum Dezae destaca la "excelente colaboración da maioría das comunidades de montes" a la hora de permitir estas rutas y también su señalización. Jácome destaca la aporración de los comuneros de Bermés y de particulares como los dueños de los terrenos donde se asientan las mámoas de Camposancos, «pois segaron a zona que lles tocaba» de forma previa a la caminata.

A día de hoy, este colectivo cuenta con el compromiso del Concello de Lalín para colocar mojones similares a los que se emplean en el Camino de Santiago. La repetición de una misma ruta le permite, además, comprobar si precisa una puesta a punto tanto de estos elementos como actuaciones de desbroce, por ejemplo.

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