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Alojamientos

Los pisos de uso turístico triplican su oferta y comen terreno a las casas rurales en Deza y Tabeirós

En los útimos veinte años cerraron una docena de casas rurales

Las viviendas particulares emergen, con más de un millar de plazas en sus 151 establecimientos

Un inmueble rehabilitado como vivienda de uso turístico en Vila de Cruces.

Un inmueble rehabilitado como vivienda de uso turístico en Vila de Cruces. / BERNABE / JAVIER LALIN

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Alfonso Loño

Alfonso Loño

Lalín

El mapa del alojamiento turístico en las comarcas ha cambiado de forma profunda en las dos últimas décadas. Las casas rurales pierden peso frente al empuje de las viviendas de uso turístico, una modalidad que ya supera con claridad a la oferta rural tradicional tanto en número de establecimientos como en habitaciones y plazas disponibles. En Galicia, por normativa, las viviendas de uso turístico son inmuebles amueblados y equipados que se ceden a terceras personas, de forma reiterada y a cambio de una contraprestación económica, para estancias de corta duración. La normativa autonómica establece que debe alquilarse la totalidad de la vivienda, sin permitir la cesión por habitaciones, y fija como referencia estancias inferiores a 30 días consecutivos por parte de un mismo usuario. Es decir, se trata de pisos, casas o inmuebles completos incorporados al mercado turístico, generalmente sin los servicios propios de un hotel o de una casa rural.

Los datos reflejan una doble evolución. Por un lado, el turismo rural reglado pasó de 52 establecimientos a 40 en los ocho municipios. La caída es de 12 casas, un 23,1 % menos. También se redujo la capacidad: las habitaciones bajaron de 286 a 240 y las plazas disponibles descendieron de 561 a 469. Es decir, el territorio cuenta ahora con 92 plazas menos en casas rurales que hace veinte años.

Frente a ese retroceso, las viviendas de uso turístico irrumpen como la oferta dominante. Los hogares particulares en régimen de alquiler alcanzan ya los 151 establecimientos, con 525 habitaciones y 1.054 plazas. La comparación con las casas rurales actuales es contundente: hay casi cuatro viviendas turísticas por cada casa rural, más del doble de habitaciones y 585 plazas más. En el conjunto de la oferta formada por estos dos modelos, las viviendas de uso turístico representan el 79 % de los establecimientos y algo más del 69 % de las plazas.

A Estrada concentra el mayor volumen de alojamientos en ambos segmentos. En casas rurales sigue siendo el municipio con más peso, aunque ha pasado de 23 establecimientosa 17, con una pérdida de 36 plazas. Al mismo tiempo, lidera con amplitud la oferta de viviendas turísticas, con 49 inmuebles, 195 habitaciones y 400 plazas. La capacidad de los pisos turísticos casi duplica ya a la de las casas rurales del municipio, que suman 205 plazas.

Lalín muestra uno de los contrastes más significativos. Su oferta rural apenas varió en términos absolutos, al pasar de cuatro casas a tres en, con 36 plazas en la actualidad. Sin embargo, las viviendas de uso turístico han crecido hasta 36 establecimientos y 208 plazas. La consecuencia es un cambio de escala: por cada casa rural hay doce viviendas turísticas y el 85 % de las plazas corresponde ya a este nuevo formato.

Silleda reproduce también esa tendencia. El municipio contaba con ocho casas rurales en 2005 y ahora suma seis, con 74 plazas. Las viviendas de uso turístico ascienden a 33, con 172 plazas, más del doble de la capacidad rural. En Vila de Cruces, el retroceso del turismo rural es más acusado en capacidad. Las casas rurales bajan de nueve a seis y las plazas caen de 105 a 65, mientras que las viviendas turísticas suman 12 establecimientos y 117 plazas. También aquí los pisos turísticos superan ya con claridad a la red tradicional.

Forcarei constituye la principal excepción positiva en la evolución de las casas rurales. Es el único municipio que mejora respecto a 2005: pasa de cuatro a seis establecimientos y de 34 a 58 plazas. Aun así, la nueva oferta también lo rebasa, con 11 viviendas turísticas y 87 plazas. Agolada, por su parte, mantiene intacta su estructura rural, con dos casas y 31 plazas, a las que se suman cuatro viviendas turísticas con la misma capacidad. En Rodeiro, en cambio, las dos casas rurales existentes hace una década desaparecen del registro actual de Turismo de Galicia, pero figuran seis viviendas turísticas con 39 plazas. Dozón no contabiliza oferta en ninguno de los dos modelos.

La lectura global apunta a una transformación del alojamiento de interior. Las casas rurales no desaparecen, pero sí pierden peso relativo y capacidad en la mayoría de los concellos. Su evolución es desigual: A Estrada conserva el liderazgo, Forcarei mejora y Agolada resiste, mientras Lalín, Silleda, Vila de Cruces y Rodeiro reducen su presencia en este período de tiempo. En paralelo, las viviendas de uso turístico se expanden en todos los municipios con actividad alojativa, con especial fuerza en A Estrada, Lalín y Silleda, que reúnen 118 de los 151 establecimientos y 780 de las 1.054 plazas de este segmento.

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