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Hábitos de consumo

La comida preparada del súper desafía al menú del restaurante

Dos supermercados de A Estrada ofrecen comida cocinada para llevar y uno de ellos incluso dispone de comedor propio. Mientras este modelo gana adeptos por su precio y comodidad, la hostelería local alerta del impacto sobre los restaurantes tradicionales

Belén Gorís, del restaurante Río Liñares, con los primeros clientes del día.

Belén Gorís, del restaurante Río Liñares, con los primeros clientes del día. / Bernabé / Javier Lalín / FDV

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A Estrada

La escena se repite cada día en A Estrada. A la hora de comer, personas que salen de sus empleos se acercan un supermercado, eligen una tortilla, una ración de paella, una ensaladilla o un pollo asado y se sientan a comer en un espacio habilitado en las propias instalaciones de la cadena de alimentación. Al caer la tarde, grupos de jóvenes convierten ese mismo rincón en punto de encuentro para una merienda tardía o una cena temprana. Lo que parecía una rareza se ha convertido en un hábito cada vez más frecuente que empieza a notarse en los restaurantes tradicionales. En A Estrada existen dos supermercados que ofrecen comida cocinada y lista para consumir. Uno de ellos ha ido un paso más allá y dispone de un comedor dotado con microondas para que los clientes puedan comer en las propias instalaciones. La previsión es incorporar próximamente cafeteras, siguiendo un modelo ya implantado en otras ciudades.

Las opciones no varían: tortillas, paellas, ensaladillas, pollos asados, hamburguesas y otros platos preparados que pueden llevarse a casa o consumirse allí mismo. La afluencia crece día tras día. A mediodía es habitual encontrar trabajadores que aprovechan su pausa para comer en este espacio, mientras que al final de la tarde se reúnen estudiantes y jóvenes. Esta redacción ha llegado a contabilizar hasta 60 personas en esa franja horaria, entre ellas grupos numerosos de alumnos de la Academia Galega de Seguridade Pública que cenan antes de regresar a las instalaciones del centro formativo.

El fenómeno no es exclusivo de A Estrada. Una de las principales cadenas del país ha convertido la comida preparada en una línea estratégica de negocio que ya factura cerca de 700 millones de euros anuales y concentra aproximadamente la mitad del mercado español de platos cocinados vendidos en supermercados. En los últimos años, este línea ha crecido alrededor de un 55 %, impulsado por nuevos hábitos de consumo, dicen. La falta de tiempo para cocinar es una de las razones más repetidas. También influye el precio, inferior al de muchos bares y restaurantes, y la comodidad. Muchos clientes valoran positivamente estas ventajas y destacan la rapidez del servicio. Otros, sin embargo, expresan dudas sobre la calidad nutricional de algunos productos preparados y cuestionan el uso de ingredientes ultraprocesados o conservantes.

Esta redacción se puso en contacto con los dos supermercados para conocer la dimensión del servicio. Solo uno respondió a los correos enviados, aunque declinó facilitar datos sobre el número de clientes que utilizan este formato o la cantidad de raciones que comercializa en sus establecimientos.

Más de 60 personas diarias usan el comedor para cenar en las instalaciones de la cadena de supermercados

La hostelería

Mientras tanto, los restaurantes observan con preocupación cómo cambian los hábitos de consumo. No todos perciben el impacto con la misma intensidad. En el restaurante Gran Vía, Adela Bustelo asegura que, por el momento, la incidencia es limitada. El establecimiento, abierto de lunes a sábado, sirve una media diaria de cien clientes y alrededor de veinte pedidos para llevar. Su menú del día cuesta 13 euros y el medio menú, 10. Incluso hay jornadas en las que deben rechazar clientes por falta de mesas.

La percepción es muy distinta en O Xulia. Andrea Villar reconoce que la competencia de los supermercados ya se deja notar, especialmente por las noches. "Non me parece nada ben que os supermercados se metan no terreo da restauración", afirma. "O cliente ten que entender que aquí ten a mesa posta, persoal que o atende e un produto de calidade e cociñado con coidado". Añade además que "rapidez si, calidade non", al considerar que gran parte de esa oferta responde a procesos industriales y alimentos ultraprocesados. También se pregunta: "Que controis de sanidade, rexistro e demais pasan estes espazos habilitados para comer?". O Xulia ofrece menú de lunes a viernes por 15 euros y los fines de semana por 22, con una media de entre 50 y 60 clientes diarios que alcanza los 140 en fin de semana.

En Río Liñares comparten esa inquietud. Belén Gorís habla abiertamente de "competencia desleal" y cuestiona igualmente las condiciones sanitarias y los permisos exigidos para habilitar zonas de consumo. El restaurante atiende a unos 90 clientes diarios y llega a preparar alrededor de 120 raciones para llevar durante los fines de semana. Su menú cuesta 14 euros entre semana y dispone también de medio menú por 12.

Desde el Orly coinciden en que cada vez más personas optan por la comida preparada del supermercado. "É competencia desleal", sostienen. Superan los cuarenta comensales diarios y mantienen un menú de 14 euros de lunes a viernes, aunque los encargos para llevar aumentan especialmente durante el fin de semana.

Entrega a domicilio

Frente a esta transformación del mercado, la comida rápida parece haberse adaptado mejor. En Donner Kebab, Malik Salman cifra en unos 50 los clientes diarios y en alrededor de 30 los pedidos para recoger o repartir a domicilio, con un notable incremento las noches de viernes, sábado y domingo. Wild Burguer y Mr. Pizza también combinan el servicio en local con un elevado volumen de entregas. Los tres coinciden en que son precisamente los fines de semana cuando sus motos de reparto apenas descansan.

La comida preparada del supermercado ha dejado de ser una solución puntual para convertirse en una alternativa consolidada. El consumidor gana en rapidez y comodidad, mientras la hostelería local teme que esa evolución acabe difuminando las fronteras entre comercio y restauración. Nos cuentan que la oferta se adapta a la demanda del cliente pero también podríamos pensar si es la demanda del cliente la que se adapta a la oferta que marcan las grandes marcas. Entre microondas y mesas compartidas, el debate está servido.

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