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Tradición religiosa

La fe se viste de flores en Deza y Tabeirós para la tradicional celebración del Corpus Christi

Las celebraciones del Corpus Christi volvieron a reunir este domingo liturgia, devoción popular y trabajo vecinal en las iglesias de las comarcas, con procesiones solemnes, custodias bajo palio y alfombras florales que transformaron templos y calles en espacios de belleza efímera

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Xan Salgueiro

Xan Salgueiro

Lalín

Deza y Tabeirós-Terra de Montes celebraron este domingo el Corpus Christi con una mezcla de solemnidad religiosa, tradición compartida y cuidado trabajo ornamental. En distintos templos y parroquias, la jornada estuvo marcada por las procesiones, el paso del Santísimo bajo palio y la elaboración de alfombras florales, uno de los símbolos más reconocibles de esta festividad.

Lalín fue uno de los puntos en los que la celebración dejó algunas de las estampas más significativas. El párroco José Criado Sánchez, también rector del santuario de O Corpiño, presidió los actos, ayudado por el también presbítero José Antonio Adrio, de Lalín. La Custodia avanzó bajo palio acompañada por fieles y vecinos, en una procesión que mantuvo el tono recogido y solemne propio de la fecha.

La ornamentación floral volvió a ocupar un papel destacado. En el interior del templo lalinense de Nuestra Señora de los Dolores, el pasillo central apareció cubierto por un tapiz vegetal elaborado con verde, pétalos blancos y tonos fucsias, formando motivos geométricos y símbolos eucarísticos como el cáliz y la Sagrada Forma. Una composición cuidada y efímera que resumió el espíritu del Corpus: belleza al servicio de la fe y de la comunidad.

Más allá de Lalín, la festividad volvió a poner de relieve la vigencia de una tradición que se mantiene viva gracias a la implicación de parroquias, vecinos y colaboradores. Cada alfombra, cada ramo y cada detalle ornamental son fruto de horas de preparación y de una transmisión colectiva que une generaciones alrededor de una misma celebración.

El Corpus volvió así a salir a la calle en las comarcas, convirtiendo iglesias, atrios y recorridos procesionales en escenarios de devoción y memoria compartida. Una jornada en la que la fe se expresó entre flores, silencio y acompañamiento vecinal, dejando imágenes de profundo arraigo popular.

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