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Medio Ambiente

Cuando el verde triunfa sobre el negro: el alumnado del CEIP de Agolada reforesta una parcela en el monte arrasado por el fuego el pasado verano en O Sexo

Junto a estudiantes del CEIP de O Foxo, el centro analizó la erosión del suelo y el impacto de la ceniza sobre el agua, además de valorar qué animales quedaron exterminados por las llamas

Un grupo de alumnos planta robles junto a Marcos Sánchez Fuciños, dueño de la parcela.

Bernabé/ Javier Lalín

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Salomé Soutelo

Salomé Soutelo

Agolada

Acaban de cumplirse nueve meses del incendio que, en pleno puente de agosto, quemó el año pasado más de 500 hectáreas en O Sexo, Agolada. Visitar ahora el monte y pararse a medio camino para contemplar la aldea que estuvo confinada por las llamas puede servirnos de metáfora para encarar la vida: los esqueletos de pinos quedan a nuestra espalda, pero el pueblo y las fincas de pasto inmediatas a las casas y que podemos ver de frente están rodeadas de verde, de vida, de esperanza. «O Sexo sempre mira para adiante», asevera el director del CEIP de Agolada, Yago Gómez, durante nuestra visita. Varios docentes del centro decidieron comenzar la semana culminando un proyecto que lleva varios meses gestándose para aportar ese grano de futuro a una parroquia que estuvo en jaque por el fuego, igual que había ocurrido días atrás en O Castro, de Dozón.

Esta iniciativa, bautizada como 'Reforestación do Sexo', está enmarcada tanto en un comité ambiental que coordina Teresa Castiñeira, docente de Educación Física, como en el proyecto documental del centro 'Vai de parroquias', con el que el colegio quiere poner en valor el patrimonio arquitectónico, natural e inmaterial de las 24 feligresías del municipio. La idea de reforestar O Sexo ya surgió a comienzos de curso, con una salida al monte para recoger bellotas que germinaron en botes y macetas. Durante todas estas semanas, los niños y niñas pudieron ver cómo germinaban, muchas de ellas en botellas de plástico recortadas y coloreadas. Desde este lunes y durante los próximos 500 años (si otro fuego no lo impide) crecerán en una finca cedida por Marcos Sánchez Fuciños, vecino de la parroquia y que previamente retiró la madera muerta y preparó el terreno para la plantación. Los 90 niños y niñas del colegio de Agolada, así como otro grupo de alumnos del CEIP O Foxo (que donaron parte de la recaudación de su caminata solidaria por el Día de la Paz), participaron en esta actividad que requiere a partes iguales amor y paciencia: cada árbol quedó plantado a 2,5 metros, y en un futuro tendrán nuevas visitas de sus cuidadores para que vean cómo crecen.

Pero la reforestación no fue el único taller de la mañana. Organizados en equipos de distintas edades, los niños y niñas disfrutaron también de un recorrido por la Fervenza da Baíña, un taller de dibujo en medio de la naturaleza para reflejar cómo el verde intenta abrirse paso entre la madera que aún permanece quemada en el monte (coordinado por el auxiliar de conversación oriundo de Minnesota August André) y una observación con microscopio de la flora y fauna del entorno, complementada con una charla sobre los animales y la vegetación que pudieron sobrevivir a las llamas. Teresa Castiñeira cuenta que "especies como as bolboretas, ou vermes, non puideron sobrevivir, polo que a súa falta vaise notar na cadea trófica. Outros animais de caza maior, como o xabaril ou o corzo, si puideron escapar".

Cuatro niños de corta edad, Hugo, Antón, Teté y Sergio, nos relatan por qué los pinos son de las escasísimas especies que logran brotar después de un incendio. «Ainda que o seu pai morra, as piñas co calor abren e os froitos que levan dentro, que son como froitos secos, son capaces de desplazarse varios metros pola sustancia que os cubre e poden nacer noutro lado». Y los alcornoques, ese árbol tan característico de otros enclaves del municipio como el Sobreiral do Arnego, también intentan resurgir, en un ejemplo milenario que ahora llamamos "resiliencia". El director del centro recuerda que las sobreiras usan su capa de corcho como un escudo térmico, que impide que las altas temperaturas maten la capa por donde circula la savia y los brotes. Sus raíces, varios metros bajo tierra, han logrado mantener con vida estos árboles.

¿Estaría el monte ya sin madera quemada si hubiese parcelarias?

«Pero non vai pasar o mismo coas xestas, nin coas uces. O chan soportou tal nivel de temperatura que agora só está saíndo unha capa moi fina de musgo», apunta Juan Carlos Sánchez Fuciños, uno de los vecinos de O Sexo que aquel 15 de agosto intentó entrar en la aldea para estar con su madre y sus hermanos y echar una mano para que el fuego no quemase las viviendas. Poco le faltó a la suya: el fuego quemó olivos plantados días atrás y también la parra de una viña. Hoy no queda rastro de esto, pero el miedo aún permanece en su recuerdo. En estos meses, Juan y su hermano Marcos están intentando localizar a los dueño de fincas vecinas para poder retirar la madera ardida y poder replantar. Lo único bueno que trajo consigo el fuego es que fincas cubiertas de maleza permiten ahora ver los marcos. Son, en la mayoría de casos, parcelas de poco más de tres metros de ancho, que imposibilitan la entrada de maquinaria de grandes dimensiones. «Xa puidemos cambiar algunhas parcelas cos donos» para así poder disponer de terrenos más grandes y facilitar esas labores de retirada, de cara a nuevas plantaciones como las que realizaron ayer los niños de los dos colegios.

No hay monte comunal en O Sexo. Si lo hubiese, sería más fácil negociar la retirada de la madera quemada y acceder a las ayudas que convocó la Xunta para montes mancomunados y agrupaciones forestales que deseasen reforestar. Fuciños, que además es presidente de la asociación Queremos Parcelarias, indica que hay otra piedra en el camino: la dificultad para localizar a los actuales dueños de muchas de esas pequeñas parcelas quemadas. Y se pregunta (es imposible no preguntárnoslo) si la situación no sería diferente si O Sexo dispusiese de una reordenación de parcelas. El colectivo que preside Fuciños comenzó a funcionar en 2018 como una plataforma desde la que reivindicar tres procesos parcelarios que hoy en día ya han cumplido dos décadas de trámites: el de Basadre-Eidián-Ramil, el de A Baíña-Berredo-Órrea y el de Agra-O Sexo-Val de Sangorza. Llevan tanto tiempo en trámites que si no fuese por una excepción aprobada por el Parlamento, sus levantamientos topográficos y las mediciones habrían caducado ya en 2020.

Entre las nueve parroquias suman casi 4.000 hectáreas y lo más reciente que sabemos de ellas es que en 2024 se publicó en el DOG del 5 noviembre la exposición pública del estudio previo de inicio. Queremos Parcelarias ha conseguido que estos tres procesos quedasen desatascados, pero no pudo incorporar a un proceso que de por sí es lento (Rodeiro también precisó 20 años para su parcelaria Val de Camba) la reordenación de fincas en las parroquias vecinas de Brocos o Sesto, también ribereñas del Ulla.

Muerte de truchas por la ceniza

Los vecinos y vecinas urgen una reordenación de fincas que permita a O Sexo, así como a sus feligresías cercanas, mantener en pie las explotaciones ganaderas que le quedan. La ganadería es una de las formas más efectivas de prevenir el fuego. Pero una vez que este llega y arrasa con todo, hay que echar mano no solo de reforestaciones que eviten la erosión del suelo, sino también de siembra de cereal o de colocación de paja, que sirven de alimento a aves y otra caza menor y frenan el arrastre de ceniza. Fue, por ejemplo, una de las actividades que puso en marcha el colectivo Eira da Xoana el pasado mes de diciembre, ya con vistas a esta sesión del CEIP de Agolada pero también para evitar que a esa pérdida casi irreparable de biodiversidad en el monte se sumase la contaminación del agua. Días atrás, el presidente del Tecor de Caza de Dozón, José Rodríguez, a raíz de la recuperación del Monte de San Martiño, quemado también en agosto, me contaba cómo décadas atrás la llegada masiva de ceniza al cauce de los ríos provocaba la mortandad en truchas, hasta el punto de que había quien acudía a esos cauces con cubos para retirar los ejemplares muertos y llevárselos a casa para comer. Esta agua contaminada mata fauna y flora de los ríos, pero puede además afectar a la salud humana, en vista de que buena parte de las captaciones de agua beben del Ulla y de sus afluentes.

Son cuestiones que los alumnos de Agolada han vivido casi de cerca. Un grupo de vecinos les explicó este lunes a los jóvenes como se organizaron para ayudar a contener el avance de las llamas, y cómo los más mayores se confinaron en una única vivienda, con el corazón en vilo al saber que el viento había cambiado de dirección y que amenazaba con acercarse de forma muy peligrosa a la aldea.

Podríamos pensar, como cuando al principio de esta información les hablaba de la madera quemada a mis espaldas y del verde que tenía enfrente bordeando la aldea, que este incendio forma parte del pasado. No. Este fuego tiene que servir de lección a los dueños de montes, pero también a las administraciones para invertir más en prevención, y sobre todo, para enseñar a las nuevas generaciones que el mejor legado que podemos dejar es dar vida a la naturaleza, con árboles como los que contemplarán O Sexo durante los siguientes siglos. Para los que queremos ver ya los resultados de esta reforestación, el colegio presentará las conclusiones del proyecto en el festival de fin de curso del 19 de junio.

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