Nuevos vecinos
Las cigüeñas se empadronan en A Estrada
Dos ejemplares se instalan desde hace tres años en la finca de una vivienda del caso urbano de A Estrada, en esta ocasión con tres crías
«Cada día comemos con vistas a su nido», afirman los vecinos

Bernabé / Javier Lalín
Llegaron hace tres años y fueron toda una atracción en el pueblo. Las dos cigüeñas (Ciconia ciconia) escogieron una palmera seca de una finca de A Estrada para instalar su nido con vistas a la zona de Figueiroa. Durante los siguientes meses fueron muchos lo que se acercaron al lugar a verlas desde la calle San Paio, ya que es poco habitual aniden en el municipio y menos en el casco urbano. El pueblo pareció gustarles, ya que al año siguiente regresaron puntualmente al mismo lugar.
Con estos precedentes, la familia del conocido e histórico fabricante de muebles estradense Enrique García Lorenzo, propietarios de la finca, ya esperaba su llegada en este 2026. Lo que no esperaban es que no lo harían solos, ya que con ellos vino otra pareja que se instaló en una casa cercana de Figueiroa, ni tampoco que acabarían teniendo tres crías. «Cada día comemos con vistas a su nido», explica su hija Manuela sobre sus dos inquilinos a los que nunca han puesto nombre. «Suponemos que son las mismas que vuelven cada año pero como no estamos seguros, no tienen nombre».
Ambos admiten sentirse contentos por la visita anual de las cigüeñas y más teniendo en cuenta que no dan ningún trabajo. «Mi mujer quería que les diese de comer algo de pan pero lo que comen son ratas y bichos así», explica Enrique García. Otros vecinos de fincas cercanas coinciden en lo buenas vecinas que son las cigüeñas, a las que incluso han visto en ocasiones cazar toupas, un servicio a la comunidad que siempre se agradece. Este año, los «caseros» están especialmente encantados por los tres cigoñinos que han visto nacer y crecer a gran velocidad en solo unas semanas. «Suelen llegar siempre sobre el mes de febrero y aún les queda para marchar. Ahora tienen que esperar a que las crías aprendan a volar y les cuesta. Al final se suelen quedar hasta el mes de junio», afirma Manuela García. Más allá de la belleza de los animales y sus elegantes vuelos, la familia admite que no se enteran mucho de su presencia, salvo cuando realizan su característico sonido llamado crotoreo, que consiste en un castañeteo seco y rápido al entrechocar sus mandíbulas. «Si estamos en la finca no los vemos pero el nido queda a la altura de las ventanas y siempre estamos mirando para ellos», explican. «Hasta los vimos copular alguna vez», bromea Enrique.
Una de las pocas interacciones que tienen con las dos cigüeñas se produce cuando cortar la hierba. «Ese ruido les molesta y la madre o el padre, el que esté en ese momento arriba, se marcha. Un día sin embargo decidí parar de cortar la hierba. La madre se había ido por el ruido que hacía, dejando los huevos solos. Entonces vino un pájaro enorme, algo parecido a un águila y comenzó a rondar el nido. En ese momento la madre volvió y los dos se pusieron a dar vueltas sobre el nido. Era bonito verlo pero impresionaba un poco y decidí irme», nos cuenta Manuela.
La familia García Lorenzo sabe que pronto tocará despedirse de sus visitantes, aunque anuncian que la palmera, a pesar de estar seca, se quedará ahí por si el año que viene deciden regresar.
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