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Problemas de convivencia

Una comunidad de propietarios de la rúa Ponte de Lalín, forzada a denunciar al inmueble vecino por ruidos e insultos de un grupo de jóvenes

Dos agentes de la Guardia Civil acudieron este sábado al edificio | Los afectados se quejan, además, de suciedad en el portal y daños en coches | Temen que empleen algún piso para traficar con droga

Una comunidad de propietarios de la rúa Ponte de Lalín, forzada a denunciar al inmueble vecino por ruidos e insultos

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Salomé Soutelo

Salomé Soutelo

Lalín

«Non lles chamamos a atención porque lles temos medo, e non sabemos cómo van reaccionar». Son las palabras de una mujer que reside en el número 56 de la rúa da Ponte, y con las que coinciden sus vecinos del mismo inmueble en referencia a un grupo de jóvenes que reside en el portal 58, que ayer amanecía con huevos esparcidos en el suelo y un carro de la compra arrastrado, seguramente, desde el centro comercial Pontiñas. Desde el interior de ese inmueble 58 desde hace año y medio generan problemas de convivencia, con ruidos durante la madrugada, «como se estivesen clavando cousas na parede», gritos entre ellos, insultos racistas a una familia extranjera y obscenidades a una mujer septuagenaria.

La entrada del portal, manchada con huevos rotos y ocupada por un carro de la compra.

La entrada del portal, manchada con huevos rotos y ocupada por un carro de la compra. / XP

Meses atrás, relatan los afectados, algunos de estos jóvenes (no saben cuántos viven en el inmueble, pero podrían ser hasta ocho) salieron a la calle con palas y rompieron un retrovisor de uno de los vehículos de la Oficina de Medio Rural. Así que a los residentes no les queda otra que aparcar lejos de sus viviendas, para evitar que a su vehículo le ocurra lo mismo. A veces presencian incluso peleas dentro del grupo con hierros y con navajas, en las que tampoco faltan amenazas entre ellos. Temen, además, que algún piso se use para la venta de drogas y alertan de comportamientos incívicos, como varios intentos de orinar sobre los coches estacionados en la calle. Los vecinos remarcan que los dueños del edificio y los inquilinos que causan estos problemas no son extranjeros.

Maleza en la parte trasera del edificio.

Maleza en la parte trasera del edificio. / Cedida

Los residentes del número 56 han requerido varias veces ya la presencia de las fuerzas de seguridad, pero cuando acuden el inmueble, nadie les abre. Ayer pudieron entrar las dos agentes porque quizá por descuido el carro de la compra estaba sujetando la puerta de entrada. Permanecieron más de una hora en su interior e instaron a los vecinos del 56 a presentar una denuncia para poder actuar.

Y si es frecuente que el portal aparezca con suciedad, la zona de atrás del inmueble tampoco invita a quedarse. Los vecinos ya han pedido en varias ocasiones al Concello que desbroce, y a una estampa que serviría de cama para cualquier jabalí suman también pintadas en las paredes de esta fachada, e incluso alguna que otra vez este grupo de jóvenes ha quemado diversos enseres en el suelo.

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