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Apicultura ecológica

Investigan la genética de abejas ibéricas para defenderlas de la varroa en Deza

Xosé Manuel Durán, presidente de MENA, participa desde Lalín en una investigación presentada ante COLOSS en Alemania. El estudio busca reducir el uso de acaricidas frente a la varroa mediante selección, manejo y adaptación local

Alvariza de Zobra en un estudio contra la varroa

Cedido

Xan Salgueiro

Xan Salgueiro

Lalín

La búsqueda de abejas capaces de defenderse mejor de la varroa, el ácaro que sigue siendo una de las grandes amenazas para la apicultura, tiene un gran punto de apoyo en Deza. Xosé Manuel Durán Orús, apicultor compostelano con colmenas en una alvariza cedida en Zobra, en Lalín, además de apiarios en Monte Faro y Aríns, participa en una línea de investigación centrada en la selección y caracterización de abejas ibéricas más resistentes. El proyecto fue presentado hace unas semanas en un encuentro científico de COLOSS en Alemania, una red internacional de investigadores vinculada a la salud de las abejas.

Durán es presidente de MENA, Manexo Ecolóxico e Natural das Abellas, una asociación gallega que lleva años trabajando con colmenas orientadas a reducir la dependencia de tratamientos contra la varroa. «Isto empezou dende a asociación cun grupiño pequeno», explica. «Queríamos ver como poderíamos conseguir que as abellas se valeran por si solas, ou evitar tanto tratamento».

Ese planteamiento acabó conectando con equipos de investigación de la Universidad del País Vasco y con el proyecto ECOAPI, financiado por el Ministerio de Agricultura, cuyo objetivo es avanzar hacia una apicultura más sostenible mediante la selección de abejas melíferas más resilientes y menos dependientes de zoosanitarios. El informe final del proyecto recoge ensayos con 150 colmenas entre 2023 y 2025 en Galicia y el País Vasco, con líneas genéticas MENA, ERBEL y comerciales, y con distintos tipos de manejo.

La nueva fase presentada en Alemania se centra en comparar líneas de abeja ibérica con distintos orígenes. Según Durán, el investigador Pablo Revillas recibirá 24 reinas madres de la línea MENA, otras 24 de la línea ERBEL y añadirá una tercera línea de referencia. En paralelo, los apicultores participantes recibirán también paquetes de esas tres procedencias para comprobar su comportamiento en diferentes entornos.

Genética, manejo, entorno o la suma de los tres

Una de esas líneas procede del trabajo realizado desde MENA con colmenas gallegas, entre ellas las que Durán maneja en la alvariza de Zobra. «Nós viamos que as abellas son capaces de valerse por si solas, son capaces de sobrevivir, ser produtivas e reprodutivas», señala. Lo que la investigación trata ahora de aclarar es por qué ocurre: si pesa más la genética, el manejo, el entorno o la suma de todos esos factores.

El proyecto no busca prescindir de golpe de los tratamientos, sino reducirlos cuando sea posible y evitar una dependencia creciente de los acaricidas. Durán resume el problema con una imagen clara: «É unha especie de carreira cara ao precipicio». A su juicio, cuantos más tratamientos se aplican de forma sistemática, mayor es el riesgo de generar resistencias en los parásitos y debilitar a las propias abejas. «Canto máis tratas, máis problemas tes e canto máis problemas tes, máis tratas», advierte.

Las líneas procedentes del programa MENA mostraron en los ensayos menor carga de varroa, mejor comportamiento higiénico y mayor supervivencia invernal, aunque los investigadores subrayan que esos resultados no dependen de un único factor. La adaptación local aparece como una pieza clave: una abeja que funciona bien en un lugar puede no responder igual al trasladarse a otro ambiente.

Ahí entra también el papel del territorio. Durán explica que la elección de los apiarios buscó huir de zonas de agricultura intensiva o demasiado humanizadas para reducir interferencias ambientales. En su experiencia, incluso con las mismas abejas y el mismo manejo, el entorno marca diferencias. «En Aríns, as abellas non están moi felices, non están tan vigorosas aínda tratándose da mesma liña xenética», indica.

Ensayo con feromonas

Uno de los ensayos que más sorprendió al equipo fue el realizado con una feromona que simula la presencia de varroa en la cría. El objetivo era observar si las abejas detectaban el problema y limpiaban las celdillas afectadas. «Quedamos impresionados do resultado das abellas de aquí», afirma Durán. En algunas colmenas de la línea MENA, la reacción fue muy alta, «case o 100% nalgún caso».

El informe ECOAPI destaca además la utilidad de métodos sencillos para evaluar ese comportamiento higiénico, como el pin-test y el UBeeO, frente a otras pruebas más complejas o variables. También apunta a la importancia de medir de forma continua la caída natural de varroa, con un umbral práctico: las colonias que superaron aproximadamente tres varroas caídas al día en agosto presentaron una probabilidad muy baja de sobrevivir al invierno.

La investigación sigue abierta, pero ya deja una conclusión práctica para el sector: la resistencia a la varroa no parece depender solo de tener una abeja «mejor», sino de combinar genética local, manejo adecuado y un entorno favorable. Desde la alvariza cedida que maneja en Zobra, Durán participa en esa búsqueda con una idea de fondo: recuperar margen para que las colonias vuelvan a hacer parte del trabajo por sí mismas.

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