Sostenibilidad
Paula Fernández Pena, alcaldesa de Silleda, cambia el coche por la ebike: «Necesitaba disfrutar más del aire que respiramos»
La regidora de Trasdeza apuesta por la bicicleta eléctrica para sus desplazamientos diarios, buscando bienestar y conciencia ambiental

Bernabé/Javier Lalín
La alcaldesa de Silleda, Paula Fernández Pena, ha transformado su rutina diaria al sustituir el coche por una bicicleta eléctrica para cubrir el trayecto entre su domicilio en A Bandeira y la casa consistorial. Esta iniciativa, que comenzó a fraguarse tras la pandemia responde a una conciencia ambiental y a una necesidad personal de salud y bienestar. «Llego al Concello con las pilas cargadas», afirma la regidora, que ahora invierte unos 25 minutos para llegar a Silleda y apenas 20 minutos para el regreso a A Bandeira, optimizando un tiempo que antes consideraba perdido frente al volante.
El origen de este cambio de hábito se remonta al verano pasado, cuando la alcaldesa observó el ejemplo de dos trabajadores municipales: el arquitecto y la técnica de Cultura, que empezaron a desplazarse al Concello desde la zona de Fontao, en Vila de Cruces. Aquella imagen caló hondo en su perspectiva diaria. «Se me quedó el cuerpo inquieto porque sería una forma obligada de hacer deporte todos los días y al mismo tiempo disfrutar de la naturaleza y tener un ratito para ti», explica Fernández Pena. Pese a la determinación inicial, el clima gallego puso a prueba su paciencia: «La verdad que pensé que no iba a tener mucho éxito porque compramos las bicis y no paraba de llover». Finalmente, tan pronto como remitió el temporal, sobre el 16 o 17 de febrero, comenzó a rodar de forma constante, convirtiéndose en la principal exponente de esta práctica en el municipio.
La disciplina requerida para mantener esta rutina es notable, especialmente por las condiciones meteorológicas de las primeras horas del día. La alcaldesa sale de su casa habitualmente sobre las 7.45 horas, enfrentándose al rigor del invierno tras dezano. «Es cierto que por las mañanas tengo que ir muy abrigada y los primeros días mis manos eran como tempanitos. Suelo ir con doble abrigo y badana en la cara», relata sobre el equipamiento necesario para protegerse del frío cortante.
En cuanto a la seguridad y la experiencia del viaje, Fernández Pena ha diseñado rutas que priorizan la tranquilidad sobre la rapidez. «Yo empecé a circular sobre todo por pistas municipales, no voy por la carretera nacional por un tema de seguridad y porque es mucho más agradable el camino», señala. Actualmente alterna dos recorridos: uno que atraviesa las parroquias de Medelo, Martixe, Ansemil y Breixa, y otro que transcurre íntegramente por el Camino de Santiago, en la zona de Chapa. Para ello utiliza una ebike adquirida en el establecimiento local RG Bikes, un modelo que combina peso y potencia de forma equilibrada. «Tiene un apoyo de motor, pero si no pedaleas, no anda. Tú vas circulando como con una bici normal cambiando los piñones o le puedes ir subiendo un poco de velocidad», detalla la regidora. La bicicleta cuenta con cinco velocidades y una posición «eco» que le permite desplazarse con cierta facilidad sin llegar fatigada a su puesto: «Piensa que yo vengo vestida de mi casa con la ropa que voy a usar el resto del día y no puedo llegar al Concello sudada».
Este cambio supone también un ejercicio de conciliación con su entorno más cercano. Sus hijos, acostumbrados a su tenacidad, no se sorprendieron con la noticia. «Como saben que cuando se me mete algo en la cabeza lo termino haciendo, pues no les sorprendió mucho», comenta con humor. Para ella, el beneficio físico es innegable, asegurando que se está «obligando» a sí misma a ponerse en forma, completando una hora de ejercicio físico diario. «La verdad es que me está sentando súper bien y animo a la gente a que lo intente porque yo tampoco fui una mujer súper deportista», confiesa, añadiendo que disfruta enormemente de ver cómo cambian los árboles con las estaciones y de sentir el sol en la cara. «Cualquier día me paran y me llaman loca porque voy cantando encima de la bici», bromea.
La transición hacia la bicicleta eléctrica es el culmen de un proceso de reflexión que comenzó tras dejar su puesto en la Diputación de Pontevedra, cuando pasaba dos horas diarias encerrada en un vehículo. «Después de la pandemia le di vueltas a la cabeza pensando que perdía mucho tiempo de vida sin disfrutar simplemente del aire que respiramos», explica. Aquella necesidad de libertad la llevó primero a comprar un coche descapotable de segunda mano, disfrutando del placer de viajar con la capota bajada y «comiendo las cerezas que me encontraba en la carretera». Sin embargo, sentía que necesitaba un paso más, y ese «algo más» ha sido la bicicleta.
Fernández Pena concluye recordando que actualmente existen ayudas institucionales para la adquisición de bicicletas eléctricas urbanas, invitando a los vecinos de Silleda a redescubrir su entorno y su salud de la misma forma que ella lo ha hecho: desde el sillín de una bicicleta.
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