«La mayoría de los niños de ahora conviven poco con los abuelos y los padres»

Manuel Vázquez Donsión posa en un parque de Lalín tras jubilarse como médico pediatra en el Sergas. | BERNABÉ/AMANDA CASTRO
-Enhorabuena por la jubilación.
-Muchas gracias. De momento, no siento pena ni júbilo, la verdad.
-Tengo entendido que fue un maestro en su último año de escuela el que le abrió perspectivas para matricularse en la Facultad de Medicina. Si no se hubiera cruzado con él, ¿dónde cree que estaría hoy Manuel Vázquez Donsión?
-Pues, no lo sé. A lo mejor, acabaría la enseñanza primaria y nada más. Es difícil saber si uno llegaría a Roma o no. Está claro que los maestros que tengas influyen mucho en el devenir de tu vida. Sobre todo en ciertas épocas como las del desarrollo cognitivo y cuando empiezas a tener curiosidades. El tener un maestro o no, sobre todo en la infancia, puede determinar hacia donde te diriges en la vida.
-Se formó con el profesor Peña-Guitián, conocido como el «patriarca» de la especialidad. ¿Qué fue lo más valioso que aprendió de esa generación de médicos?
-Cuando yo llegué al hospital aún dirigía el servicio y de hecho aún conviví con él cuatro años mientras estuvo de jefe. De aquella generación quizás lo que más me marcó fue un compromiso especial con el paciente, que no quiero decir que los médicos jóvenes no lo tengan. Era una época diferente. No me gusta hablar mucho del tema porque da la impresión de que los jóvenes son peores y no es cierto. Simplemente, son distintos. También es distinta es la sociedad, por supuesto.
-Usted señala que hemos pasado de las enfermedades infecciosas a una «epidemia de salud mental». ¿Qué es lo que más le preocupa de la soledad y la frustración que ve hoy en día en los niños y adolescentes que le ha tocado tratar en casi cuatro décadas de profesión?
-Eso también forma parte del cambio social y de que el apoyo del entorno es más individual y que también hay menos convivencia con generaciones anteriores. La mayoría de los niños de ahora conviven poco con los abuelos e incluso con los padres la necesidad de trabajo a veces impide a estos dedicarles todo el tiempo que desearían. Para mi una de las cosas importantes es que hay menos integración entre niños en el tiempo libre. Pueden que interactúen en el colegio pero es mientras están con la actividad académica. Sin embargo, en los momentos de juego, eso de pasarse tres horas entre iguales e ir desarrollando una personalidad independiente pues yo creo que se está perdiendo. Con lo cual, los humanos maduramos más tarde y sin apoyos que parecen importantes en la vida de una persona.
-También defiende que un TAC no sirve de nada si no sabes qué buscas. ¿Siente que las nuevas generaciones de médicos están perdiendo el «arte» de la exploración física y la escucha?
-Antes, realmente la exploración clínica, física y el interrogatorio eran muy importantes porque tampoco teníamos los medios diagnósticos. El incremento de la tecnología y la mejoría de los métodos diagnósticos han hecho quizás menos importante la visión clásica. De todas formas, creo que en cierto modo es un error porque sigue dando mucha información la entrevista con el paciente y la exploración física. Las pruebas diagnósticas tienen que ser un método complementario y no el principal en cualquier caso.
-Ha llegado a ver a 100 pacientes en guardias de 24 horas. ¿Cómo se mantiene la lucidez para no cometer errores bajo ese nivel de estrés y demanda en un servicio?
-La puerta de urgencias pues a veces es así. Llegan pacientes y hay que tratar de sacarlos adelante porque ese es nuestro trabajo. El estrés de la situación y la juventud te mantienen en pie. La pediatría, aunque se estudia como una especialidad es un poco como lo que le está pasando a la medicina interna. Hace 60 años había médicos especialistas en medicina interna, eso se ha ido segregando y ahora hay uno que es especialista en endocrino, otro en cardiología y otro en neumología. En pediatría como no hay manera de abarcar todo el conocimiento, unos pediatras se dedican a la oncología y otros a la gastroenterología del niño. Eso es bueno en el sentido de que puedes profundizar más en un campo, pero es peligroso perder el concepto de que el niño es un todo. No puedes ver el pulmón y olvidarte de lo demás, por poner un ejemplo. En ese caso, en los hospitales de hoy en día está parcelada la atención. Evidentemente, unos dedicamos a un área y otros a otra. En mi caso, yo me dediqué básicamente a las urgencias pediátricas durante muchos años. Estuve bastantes años en oncología pediátrica y en los últimos estuve sobre todo en alergia pediátrica.
-Ha atendido a más de 5.000 niños en su consulta privada en todo este tiempo, muchos de ellos desde el nacimiento hasta la mayoría de edad. ¿Qué se siente cuando ese niño al que vacunó hace 20 años aparece hoy en la consulta trayendo su propio hijo?
-Por un lado, satisfacción porque es una muestra de que siguen confiando en ti después de tanto tiempo, y por otro la constatación de que te haces viejo. Llegado a este punto tengo que decir que aunque yo me he dedicado más tiempo a la atención hospitalaria que a la atención primaria, quisiera resaltar la importancia de los actuales pediatras de atención primaria, que junto con los educadores y los padres contribuyen a favorecer un futuro brillante de los niños y adolescentes.
-Al cerrar la puerta de la consulta esta semana en el hospital santiagués, ¿cuál es el recuerdo o la frase de un paciente que se llevará guardada con más cariño?
-Lo que es la consulta privada hace casi dos años que dejé de ir porque tuve un problema de salud. En cuanto a anécdotas en una vida larga de atención como ha sido la mía pues hay muchos. Supongo que como en cualquier otro trabajo. Ahora que toca jubilarse me gustaría comentar que aunque hay un pediatra de Lalín que se va del hospital, quedan otros dos brillantes pediatras de la capital dezana en el CHUS. Me refiero a la doctora Trabazo, experta en cuidados intensivos, y el doctor Fernández Sanmartín, que es el referente actual de la oncología pediátrica gallega. Creo que es justo destacarlo porque son un ejemplo para toda la profesión.
-La esperanza de vida ha crecido de una manera espectacular, ¿Es como para lanzar las campanas al vuelo o no hay que confiarse?
-Ahora debemos centrarnos en aumentar también la esperanza de salud. Me refiero a que sabemos que en algunos casos «la genética carga el arma», pero también que «el estilo de vida es el que dispara el arma», según algunos. Creo que en la promoción de la salud deben implicarse fundamentalmente los obstetras, los pediatras y los médicos de atención primaria para cubrir toda la trayectoria vital del individuo. Socialmente somos un pueblo del siglo XXI, pero genéticamente seguimos en el paleolítico.
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