En el trastero de A Estrada
El recinto ferial ubicado en Guimarei se ha ido convirtiendo en el lugar donde se acumulan durante años y sin ningún tipo de control elementos del mobiliario urbano descartado o maquinaria y vehículos estropeados

Una fuente en la que bebieron muchas generaciones de estradenses. / Bernabé/Javier Lalín
Se conoce como trastorno de acumulación compulsiva a la «dificultad continua para tirar o deshacerse de pertenencias porque la persona cree que necesita guardarlas». Algo parecido debieron pensar los centenares de personas que a lo largo del fin de semana visitaron el recinto ferial de Guimarei para celebrar la Feira Cabalar de Pascua. Caballos, pulpeiros y público pudieron disfrutar de un viaje al pasado patrocinado por el Concello de A Estrada y gracias esa tendencia por guardar y olvidar sin fecha de caducidad aquello que ya no se necesita.

La estaua de los caballos de Villaverde / Bernabé/Javier Lalín
De hecho, el trastero de Guimarei fue para muchos de los presentes uno de los centros de atención. En realidad, merece la pena. Allí uno puede encontrarse desde elementos de la historia y el patrimonio estradense tirados sin ningún cuidado a maquinaria que se utilizó unas cuantas veces antes de dejarla aparcada y olvidada. Para aquellos que se lo perdieron, los invitamos a acompañarnos en este viaje bajo la alfombra.

Una cabina de teléfonos y contenedores subterráneos | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
Lo primero que llama la atención nada más entrar en el recinto ferial es la extraña convivencia que genera todo este mobiliario con la feria caballar, dos mundos opuestos –uno vivo y otro muerto– que parecen convivir ignorando la presencia del otro. A solo unos metros de columpios, coches y panchas llenas de óxido, la vida sigue de fiesta.

Una barredora que pocas veces habrán visto en la calle. | BERNABÉ/JAVIER LALÍN
Metido en faena destacan rápidamente varios elementos fácilmente reconocibles. Uno es la estatua de los caballos creada por Villaverde. Este símbolo de A Estrada lleva décadas instalado en la plaza de la Farola, aunque tuvo que ser retirado hace unos meses por las obras de peatonalización de esta céntrica zona de la villa. Los caballos aguardan ahora pacientes para recuperar su lugar de privilegio.

Vehículos y maquinaria municipal para el desguace. | BERNABÉ/JAVIER LALÍN
Esta suerte no la tuvieron otros elementos con historia, como la fuente en la que bebieron muchas generaciones de estradenses a lo largo de las últimas décadas. Hablamos de la fuente que estuvo instalada en los jardines municipales, primero en una posición céntrica y destacada y luego un poco más arrinconada. La reforma realizada en los jardines municipales llevó a su retirada. Para aquellos que se pregunten cuál fue su destino, se lo desvelamos, descansa sobre dos neumáticos viejos y rodeada de otros elementos retirados de las calles estradenses.

Los columpios que durante años estuvieron en la Praza do Mercado | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
Hablamos por ejemplo de las jardineras que hasta hace poco había dispersas por las calles más céntricas y que se retiraron con la peatonalización, o de papeleras que fueron sustituidas por otras más nuevas o modernas, además de barandillas, estructuras de columpios , piedras o depósitos de metal oxidado.

Bancos de madera en muy mal estado. | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
No muy lejos de allí nos encontramos más mobiliario descartado. Con un punto de nostalgia vemos, medio cubierta por las silvas, una de las viejas cabinas de teléfono –importante guardarla por si algún día se vuelven a poner de moda– o los contenedores subterráneos que se retiraron en las calles centrales con la peatonalización –también vitales en un posible escenario postapocalíptico futuro–. En el mismo saco podemos incluir la caseta de los taxis que desde hace años lucía en la plaza de la Farola, con su característica pegatina de «La Caixa» y los teléfonos de los taxistas luciendo en su cristalera. Ahora descansa cómodamente a la espera de que un hipotético regreso.

Señales de calles y contenedores viejos llenan una amplia zona. | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
Maquinaria olvidada
Un capítulo aparte merece la maquinaria municipal que encontramos olvidada dentro del recinto ferial. Hablamos de vehículos que en la mayor parte de los casos podrían y quizás deberían estar en el cercano desguace de Meilán. Hay por ejemplo un coche que andará cerca de lograr la catalogación de histórico o una apisonadora totalmente oxidada. Otros vehículos sin embargo no son tan viejos. La joya de la corona en este caso en la barredora de A Estrada. Si no han visto limpiando las calles del casco urbano, no se extrañen. Parece que tardó poco tiempo en encontrar su destino final en el trastero de Guimarei.

Parada de bus / Bernabé/Javier Lalín
Columpios
En otro apartado podemos incluir los numerosos columpios que descansan en este recinto ferial sin que parece que puedan encontrar otro destino. Muchos de ellos vienen de los parques del casco urbano estradense que se reformaron, por lo que fueron sustituidos por otros más modernos y nuevos. En otros casos fue su desgaste el que terminó provocando su retirada y jubilación forzosa. En este aparte hay que incluir otro elemento con solera, el kiosco que durante muchos años estuvo en los jardines municipales y que fue retirado también con la reforma.

La antigua parada de taxis, vista desde una perspectiva diferente. | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
Señales y contenedores
Una parte importante del trastero de A Estrada está tomada por señales y contenedores de diferentes colores. Esta acumulación viene de dos mejoras recientes. La primera, la renovación de todas las señales del casco urbano. Las viejas, ya se sabe dónde están. Por otro, la renovación de contenedores por otros más modernos, los viejos, también al trastero.
A todos estos elementos hay que sumar otros muchos. Desde paradas de autobús –de las vintage, de las azules con publicidad de un banco desaparecido hace tiempo– a porterías totalmente oxidadas –ideales para partidos de base–. También tenemos planchas –con mucho, mucho óxido– y piedra –mucha, mucha piedra de todo tipo que se retiró en ocasiones para poner otra–. Además, hay bancos –de madera y destrozados; algún día fueron verdes; muy vintage–.

Porterías, bancos y hasta el kiosko de los jardines cubiertos de óxido. | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
Esta lista podría seguir pero no queremos desvelar todos los secretos de un lugar que bien podría servir como punto de atracción turística; un viaje al pasado del casco urbano para algunos, turismo de caos para otros. Si quieren disfrutarlo no se pierdan la Feira Cabalar de Pascua del año que viene.

Columpios. / Bernabé/Javier Lalín
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