Domingo de Ramos
Olivos, laureles y palmas al sol abren la Semana Santa
El buen tiempo, con sol y temperaturas agradables aunque todavía frescas, acompañó en las parroquias de Deza y Tabeirós-Montes una jornada de bendición de ramos, procesiones y profunda tradición popular

Como cada año, la borriquita despertó gran interés entre los feligreses de A Estrada / Bernabé / Javier Lalín
Con el sol iluminando plazas y atrios y con ese fresco suave que todavía se resiste a abandonar marzo, el Domingo de Ramos abrió ayer la Semana Santa en Deza y Tabeirós-Terra de Montes entre olivos, palmas y gestos repetidos de generación en generación. La conmemoración de la entrada de Jesús en Jerusalén volvió a reunir a los fieles en una jornada de profundo valor simbólico, en la que la liturgia y la tradición popular caminaron de la mano.
A Estrada vivió ayer una de esas celebraciones que, año tras año, conservan intacta su capacidad para reunir a los fieles en torno a una tradición muy arraigada. La procesión con la borriquita volvió a avanzar hasta la plaza de A Farola, donde el párroco José Antonio Ortigueira ofició la bendición solemne de los ramos en un ambiente de devoción y recogimiento. El sol acompañó la mañana y suavizó el fresco de primeras horas, propiciando una jornada agradable para seguir un acto que, una vez más, reunió a decenas de personas.
La celebración estuvo marcada en esta ocasión por las obras en la céntrica plaza estradense. La falta de espacio obligó a los asistentes a agruparse junto a las vallas de construcción, en la parte alta de la calle Calvo Sotelo, lo que dio al acto un carácter más breve y recogido de lo habitual. Aun así, la ceremonia mantuvo toda su carga simbólica antes de que la comitiva emprendiese el regreso al templo. Entre los presentes predominaron los ramos de olivo, aunque también se dejaron ver palmas o laureles.

Ortigueira imparte la bendición rodeado de fieles. | BERNABÉ/JAVIER LALÍN
En Lalín, el Domingo de Ramos dejó también una estampa luminosa y serena, favorecida por un tiempo amable, con sol y temperaturas suaves aunque todavía frescas, propias de finales de marzo. La parroquia de Santa María das Dores celebró la procesión de la Borriquita, uno de los momentos más entrañables y representativos de la jornada, especialmente por su capacidad para reunir a familias enteras en torno a una escena profundamente incorporada al imaginario de estas fechas. La bendición de los ramos acompañó las eucaristías previstas de mañana, mediodía y tarde.
Entre olivos, laureles y palmas, con la borriquita abriendo paso y los fieles arropando una tradición que se renueva cada año, las comarcas dieron la bienvenida a una Semana Santa vivida entre la solemnidad y la cercanía. El Domingo de Ramos volvió así a enlazar liturgia y costumbre popular en una jornada de fe compartida y de estampas que forman ya parte de la memoria colectiva.
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