De la emigración en Alemania a pionera del autobús en Cerdedo
María Teresa Prado Sueiro recibió este sábado el homenaje de Cerdedo-Cotobade por el 8-M por ser una de las primeras del municipio en ocupar un espacio tradicionalmente reservado a los hombres: el del asiento de piloto de un autocar escolar

La homenajeada, Marité Prado, posando con su condecoración. | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
Ser pionera nunca fue su intención. María Teresa Prado Sueiro se adentró en un mundo tradicionalmente reservado a los hombres por dos motivos: pasión y la necesidad de buscar una fuente de ingresos. Regresó a su Cerdedo natal en el 87, tras trece años emigrada junto a su marido, con el que hizo las maletas en busca de un futuro mejor a los 22. Allí descubrió un tipo de sociedad diferente, que le abrió los ojos a una verdad que aquí, en casa, quizás tardaría más en llegar: las mujeres pueden hacer lo mismo que los hombres. Por ello, cuando tuvo que decidir una ocupación en su retorno, no titubeó y se ofreció a cubrir una de las líneas de autobús escolar del concello. Quién le iba a decir a ella que esa decisión la convertiría, 36 años más tarde, en una de las homenajeadas de Cerdedo-Cotobade por el Día Internacional de la Mujer.
María Teresa, o Marité, como la conocen amigos y familia, no considera haber hecho nada extraordinario. Para ella, la automoción es simplemente algo que le gusta, y de lo que disfruta, por eso tenía todo el sentido del mundo trabajar en un oficio relacionado, incluso cuando eso significaba ocupar un espacio que hasta el momento había estado asignado mayoritariamente al sector masculino. «Empecei no autobús porque precisaba un traballo cando voltei de Alemaña coa miña filla. Eu xa tiña o carné de conducir, fun a primeira muller en sacalo aquí en Cerdedo, antes de emigrar, así que comecei cun autocar de 19 prazas e despois xa saquei o permiso para autobús, camión e trailer», dice.
Al preguntarle por las dificultades que se encontró para hacerse hueco en el gremio, es humilde con sus propias batallas: «Tiven moita sorte, non me atopei discriminación, pero é certo que daquela a xente non estaba acostumada a ver a unha muller conducindo un autobús. Por exemplo, cando ía ás romerías os homes estranábanse e pedíanme que aparcara, que eu non sabía manexar o autocar». «Outra cousa que lembro foi cando quixen deixar a empresa na que estaba –Autocares Rodríguez– e noutras compañías non me querían por ser muller. Son algunhas que aínda están activas, e teñen a mulleres conducindo, pero daquela non daban a oportunidade», añade.
Finalmente, Prado decidió quedarse donde estaba. Tuvo suerte y la situación que la había llevado a querer irse se solucionó, por lo que continuó en el trabajo en el que sí habían confiado en ella. Más allá de momentos anecdóticos, su vida al volante solo le dio alegrías, y echando la vista atrás, reconoce sentirse afortunada. «Tanto cos compañeiros como co xefe e cos pasaxeiros, nunca tiven problema. A min podían chamarme ás tres da mañá para ir recoller un grupo de xente dunha voda, e non había un mal comentario, nin bromas nin momentos incómodos. Tiven moita sorte nese sentido», comparte la premiada.
Para la protagonista de este reportaje, el hecho de haber emigrado fue fundamental en su trayectoria vital. Cambió su forma de ver el mundo y le hizo sentirse con la potestad y el derecho de hacer aquello que le complaciese. «Alí vías que as mulleres facían de todo, estaban máis adiantados do que estabamos en Galicia, e iso fixo que tanto eu como o meu home vísemos as cousas doutra forma», cuenta. A este respecto, cabe destacar que Marité siempre tuvo el respaldo de su cónyuge en este tipo de decisiones: «Tanto el como a miña filla sempre me apoiaron en todo. Especialmente co tema da condución, saben que para min é unha paixón e aínda hoxe, se o meu marido e eu imos a algún sitio, son eu a que conduce».
Encontrar aquello que te gusta y te hace feliz a una edad temprana, y poder dedicarte laboralmente a ello, es una auténtica fortuna. Para la cerdedense llevar el autobús no era un trabajo, era su momento de desconexión. «Eu sentábame ao volante e convertíame noutra persona. Era como se todos os meus problemas desaparecesen, e só puidese concentrarme no que estaba facendo», señala, y añade: «Nunca tiven medo á carretera, e gracias a Dios nunca tiven accidentes. Levei algún que outro susto en días de xiada, pero nada máis. De feito preocupábame máis o que puidesen facer os outros, diso sempre tiña coidado».
Cuando retornó a Cerdedo a los 35 años con su hija fue para escolarizarla en Galicia. Su marido se quedó en Alemania, trabajando hasta la edad de jubilación, hace siete años. Cada verano lo visitaban y, en algunas ocasiones, Marité decidía viajar en coche. «É o meu medio de transporte favorito, para min carretera aberta é o mellor», afirma.
Ahora, a sus 71 años y ya retirada, todavía coge el volante cada vez que puede y tira millas. Un reconocimiento como el otorgado este sábado es para ella un orgullo y una sorpresa, aunque asegura que no le gusta sentirse protagonista. «Cando mo dixeron alegreime, pero púxenme moi nerviosa, e sentín que seguro había outra xente que o merecese máis», confiesa.
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