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Ramadán en Lalín

El Kilómetro Cero de la fe islámica

La comunidad musulmana de Lalín celebra el final del Ramadán estrenando mezquita en la Rúa da Ponte y consolidando un crecimiento que ya alcanza las 300 familias con Halim Ihcene ejerciendo de guía espiritual.

Musulmanes, ayer, en la nueva mezquita de Lalín celebrando en familia el Ramadán, que vive sus últimos días. | BERNABÉ/AMANDA CASTRO

Musulmanes, ayer, en la nueva mezquita de Lalín celebrando en familia el Ramadán, que vive sus últimos días. | BERNABÉ/AMANDA CASTRO

Lalín

En la Rúa da Ponte, el latido de la comunidad musulmana de Lalín ha encontrado un nuevo ritmo que refleja una transformación profunda. Al frente de este proceso, Halim Ihcene ejerce como guía espiritual con la entrega de quien se siente responsable de un colectivo que no para de aumentar. «Soy el imán de Lalín pero como un voluntario a la espera de que alguien ocupe este puesto a tiempo completo porque la comunidad musulmana ha crecido mucho en esta zona», explica Halim, que aspira a que el municipio cuente con una atención religiosa permanente similar a la de las grandes ciudades gallegas: «En Vigo o Santiago tienen un imán todo el día pendiente de sus mezquitas y eso es a lo que aspiramos», reconoce.

Este crecimiento exponencial se traduce en una diversidad que ya desborda las previsiones de espacio. «La nueva mezquita es un poquito más grande que donde estábamos antes y creo que más adelante tendremos que buscar otro local aún mayor porque la comunidad crece mucho y rápido», señala el imán. Actualmente, el censo religioso ronda las 300 familias, formando un mosaico de nacionalidades que va mucho más allá de los orígenes argelinos iniciales. «Además de los argelinos, también hay cada vez más marroquíes, africanos de Costa de Marfil, Senegal o incluso de Pakistán. También contamos con familias sirias y palestinas», relata Halim, destacando que se trata de familias asentadas que han cambiado el rostro de la localidad.

Normalización

La evolución respecto a las últimas décadas es abismal, especialmente durante el mes sagrado. Halim recuerda que «la cosa ha cambiado mucho desde el año 2001, en el que sólo había jóvenes sin sus familias y tampoco tenían mezquita porque iban a Santiago para el rezo del fin del Ramadán». Hoy, la realidad es otra; el hecho de tener una sede propia permite que «la gente se empiece a juntar y ahora sintamos mejor el Ramadán porque ya podemos hacer el rezo de la noche». Este cambio hacia la normalización se apoya también en servicios cotidianos, como la apertura de una carnicería árabe, lo que en palabras del líder espiritual supone que «se ha dado un paso grande de cambio».

La integración es el pilar que sostiene esta convivencia en el barrio, donde lo religioso y lo social caminan de la mano. «Los niños participan en competiciones deportivas con el resto de españoles sin olvidarnos del rezo y de las clases de árabe utilizando el Corán con profesores que vienen y van», detalla sobre el día a día de los más jóvenes. Para Halim, el secreto de este equilibrio reside en la espiritualidad compartida y el respeto mutuo, por lo que su mensaje final en este Ramadán es una llamada a la concordia: «Mi consejo es que todo el mundo se adhiera a los valores islámicos para que se pueda lograr la coexistencia».

Esta evolución y consolidación demuestran que Lalín se ha convertido en un verdadero hogar donde la fe musulmana ya no se vive de forma nómada. Al disponer de un punto de encuentro físico y espiritual en la Rúa da Ponte, la comunidad ha pasado de la mera presencia a una participación activa en la vida municipal. Según Halim, este arraigo permite que la identidad cultural y la rutina gallega convivan con naturalidad, convirtiendo a la mezquita en un centro abierto que aporta pluralidad al corazón de Deza. Es, en definitiva, un paso hacia una integración real donde el respeto a las raíces fortalece el tejido social de Lalín.

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