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Cultura y sociedad

El escenario en el que ahora ‘Viven’ recuerdos

En A Estrada siempre ha habido talento. Sin embargo, hubo una época en la que el poder asociativo generó toda una revolución en la forma de entender la música. Así nació el Festival Viven, que reunía en un mismo escenario a toda la nómina de músicos locales.

Asistentes a la edición de 2017. | BERNABÉ

Asistentes a la edición de 2017. | BERNABÉ

A Estrada

Imaginemos un escenario en el que poder ver a todos los grupos y músicos estradenses colaborando en directo. Independientemente de la edad, el estilo musical... todos juntos, con la única finalidad de disfrutar de esta forma de arte. Pues aunque ahora parezca poco probable, hubo un tiempo en el que un evento de estas características existía en la villa. Se trata del Festival Viven.

Músicos tocando en una de las primeras citas del evento.  | BERNABÉ

Músicos tocando en una de las primeras citas del evento. | BERNABÉ

Para entender su nacimiento hay que retroceder a finales de los años noventa y comienzos de los dos mil, cuando A Estrada vivía uno de los momentos más intensos de su vida nocturna y musical. La llamada «movida estradense» estaba en pleno auge. Los pubs y salas de la villa –con nombres tan reconocibles como Bugui, Sucursal o Sur– se convertían cada fin de semana en puntos de encuentro para una generación de jóvenes que vivía la música con pasión. Muchos tocaban en grupos locales; otros simplemente compartían esa cultura de conciertos y noches interminables.

En ese contexto nació el Viven, una iniciativa que pronto se convirtió en algo más que un concierto. Su idea era sencilla y, a la vez, extraordinaria: reunir sobre un mismo escenario a músicos de distintas bandas para interpretar juntos canciones que habían marcado a toda una generación. Pop, rock o punk español de los años ochenta y noventa sonaban reinterpretados por artistas locales que, durante unas horas, dejaban a un lado sus proyectos para mezclarse con otros intérpretes.

El resultado era un espectáculo irrepetible. En una de sus ediciones, el Pub Bugui se quedó pequeño para acoger al público que acudía dispuesto a revivir los clásicos del pop-rock español. Sobre el escenario se reunían decenas de músicos de A Estrada que interpretaban temas de grupos como Radio Futura, Los Piratas, Héroes del Silencio o Duncan Dhu, en un ambiente marcado por la nostalgia y la participación constante del público.

La fórmula funcionó. El festival fue creciendo edición tras edición y llegó a reunir a cerca de una treintena de músicos locales en una sola noche. Aquellas actuaciones se convertían en auténticas maratones musicales que se prolongaban durante horas y en las que el público coreaba canciones que habían marcado su juventud. En algunos casos, los intérpretes combinaban perfiles muy distintos: desde rockeros de banda hasta estudiantes de conservatorio o aficionados que se animaban a subir al escenario para compartir su pasión por la música.

Esa mezcla de estilos y trayectorias era, precisamente, la esencia del Viven. No se trataba de demostrar virtuosismo ni de competir, sino de compartir escenario y celebrar la música. El festival permitía poner en contacto a músicos que, de otro modo, quizá nunca habrían tocado juntos, favoreciendo incluso el nacimiento de nuevas formaciones y proyectos musicales.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la vida fue marcando otros ritmos. Muchos de los participantes estaban terminando sus estudios o comenzando sus carreras profesionales, y coordinar ensayos entre tantas personas empezó a resultar complicado. Así, la celebración se fue apagando hasta desaparecer en 2004. Aunque su historia no acababa ahí.

En 2016 algunos de los protagonistas de aquella aventura decidieron recuperarla. Doce años después de su última cita, la idea volvió a tomar forma con un gran concierto celebrado en la discoteca Nicol’s. En aquella ocasión participaron cerca de medio centenar de intérpretes y el repertorio recorrió más de tres décadas de pop, rock y punk en castellano. El primer acorde fue «Bienvenidos», de Miguel Ríos, un guiño perfecto para simbolizar el regreso de una propuesta que llevaba demasiado tiempo en silencio.

La recuperación trajo además un elemento nuevo: el relevo generacional. Junto a quienes habían participado en los años noventa aparecieron también voces e instrumentistas más jóvenes. El escenario volvió a convertirse en un lugar de encuentro donde podían coincidir distintas generaciones compartiendo canciones y experiencias. Al año siguiente la convocatoria volvió a repetirse, reuniendo a más de sesenta participantes y confirmando que aquella chispa seguía viva. Aunque esta vez sí sería la última, al menos de momento.

Hoy, unas tres décadas más tarde del nacimiento de esta iniciativa, A Estrada sigue mostrando un panorama musical especialmente fértil. Desde A Banda da Loba a Noxo, pasando por proyectoscomo el de TottixElopp, Saso Legalmente o Darlle Bolo. De manera que si bien no hay aún un escenario común, lo que no falta es talento para llenarlo.

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