Proyecto del Consello da Cultura Galega
La historia colectiva reconoce el lugar que ocupa Deza
Las minas de wolframio y estaño de Fontao, el Couto de San Sebastián y el papel de Antón Alonso Ríos en la puesta en marcha de la Federación de Sociedades Galegas de Buenos Aires figuran en el catálogo virtual «Lugares de memoria de Galicia»

Trabajadores en una de las dependencias de las minas de Fontao. / Museo da Minería.

Un lugar de memoria puede ser un espacio físico, pero también un concepto o una expresión que con el paso del tiempo son símbolos para una comunidad. Así definía la memoria el historiador Pierre Nora, de quien toma las palabras el catedrático de Historia Contemporánea Xosé Manuel Núñez Seixas en su presentación del proyecto Lugares de memoria de Galicia. Esta iniciativa del Consello da Cultura Galega nos permite consultar 75 enclaves y entidades entre las que aparecen referencias dezanas.
El propio Núñez Seixas es autor de Federación de Sociedades Galegas de Bos Aires. Relata que a comienzos del siglo XX se produjo un tremendo auge de las asociaciones de emigrantes en Río de la Plata bautizadas con el nombre de su municipio, parroquia o comarca de origen. Estos colectivos eran «un correlato das asociacións agrarias» que se estaban creando a este lado del Atlántico y cuya lucha principal era la abolición de los foros, un sistema de propiedad de la tierra establecido desde la Edad Media. Los emigrados en Buenos Aires enviaban además dinero para construir escuelas laicas o para impulsar cooperativas agrarias. Abundaban, sobre todo, «emigrantes da Galicia Central e meridional», que en 1921 crean la Federación de Sociedades Gallegas, Agrarias y Culturales de la República Argentina.

Exposición en A Coruña sobre Antón Alonso Ríos, en 2009. / EDUARDO VICENTE
Núñez Seixas menciona el activismo de emigrantes como Ángel Martínez Castro, de O Baixo Miño, y de Antón Alonso Ríos, nacido en Cortegada (Silleda) en 1887. Alonso Ríos emigró a Argentina en 1908, y en 1909 formó parte del colectivo que puso en marcha la Sociedad Hijos de Silleda. Sus viajes entre Galicia y Argentina serían frecuentes hasta que en 1936, al estallar la Guerra Civil, logró huir de tierras gallegas inventándose otra identidad que siempre permanecerá en la memoria colectiva: el Siñor Afranio. Ya en el exilio, fundó en Montevideo en 1944 el Consejo de Galicia, junto a Castelao, Elpidio Villaverde y Ramón Suárez Picallo.

Procesión en la romería del Couto de San Sebastián. / BERNABE / JAVIER LALIN
Sigamos en la Silleda natal del Siñor Afranio, pero en el Couto de San Sebastián. Este paraje natural, incluido en la Zona de Especial Conservación Brañas de Xestoso, aparece mencionado por Xurxo Ayán Vila en su análisis sobre el Castro de Santa Trega, en A Guarda. Ambos son zonas con restos de culturas prerromanas que acabarían siendo cristianizadas. En el caso de San Sebastián, a 749 metros de altitud, la capilla para la ceremonia del 24 de agosto se complementa con un mirador de todo el valle de Escuadro y del Ulla. Cerca está otro lugar la Lagoa Sacra de Olives. Su nombre, según la tradición, se debe a que en una batalla fallecieron tantos soldados que sus cadáveres se depositaron en la laguna y, para que no fuesen profanados, se construyó una muralla. Aún hoy quedan restos, muy deteriorados, de ese murallón.
Bajo el monte, aunque seguramente anegadas, permanecen las minas de wolframio de Fontao. Ana Cabana Iglesia las menciona junto a las de Valborraz (Casaio, Carballeda de Valdeorras) o las de San Fins de Lousame, en el concello coruñés del mismo nombre. En Fontao la extracción de wolframio y estaño comenzó de manos de una empresa belga en el siglo XIX. Pero sería durante la II Guerra Mundial y durante el conflicto de Corea (1950-1953) cuando se disparó la demanda, hasta el punto de que el ejército nazi pagaba hasta cuatro veces más por el tungsteno.
La demanda de este mineral aumentó también la oferta de mano de obra, hasta el punto de que en 1943 había en todas las minas «7.699 traballadores legais, e os que estaban sen contrato serían tantos, ou máis». Pero la memoria colectiva también recuerda que Fontao y Casaio fueron destacamentos penales y que, por tanto, en ellas también trabajaron personas presas.
Por último otro catedrático, Ramón Villares, aborda la breve historia y el tremendo legado del Seminario de Estudos Galegos. Funcionó desde octubre de 1923 hasta julio de 1936 y organizó «exploraciones» de investigación a Melide, Deza o Fisterra. Sus miembros bebieron, a su vez, de la herencia de Ramón Aller Ulloa, Isidro Parga Pondal o Luis Iglesias. El SEG, que ayudó a modernizar la enseñanza de principios del siglo XX, volvió a vivir desde finales de los 70 gracias a Isaac Díaz Pardo.
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