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"La nostalgia es curiosa porque puedes tenerla de lo que no has vivido"

Román Gutiérrez presentó ayer su libro en los salones del Casino de Lalín.  | BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Román Gutiérrez presentó ayer su libro en los salones del Casino de Lalín. | BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Lalín

-El título es muy evocador. ¿Qué simboliza esa "botella de lluvia" guardada para los "días de vino"?

-La lluvia siempre es la nostalgia y el libro es una colección de relatos, que no son autobiográficos pero están basados en cosas que viví o soñé y me invento los finales porque eso es lo que tiene tanto la literatura como el cine. La lluvia creo que significa la nostalgia y el vino es la vida. Entonces, hubo muchas épocas en mi vida en las que le di mucho al vino, drogas, sexo y ese tipo de cosas. El título es una frase que un día me dijo mi padre pero al revés porque me dijo hace muchos años: Guarda siempre una botella de vino para los días de lluvia. Me pareció una frase tan absolutamente genial que me quedé con ella. Esto es una colección de relatos publicados en una revista y como título para un recopilatorio –había pensado ponerle "se puede pedir más", que es como acaban todos los relatos– recordé esa frase de mi padre y me dio el pie para el título dándole la vuelta. Y por otro lado también me dio pie para usar las fotos de mis padres para utilizarla como portada.

-Sí, porque esa fotografía tiene su miga, ¿no es cierto?

-Me pareció un poco evocador de mi familia y de un tiempo que se fue. Esa foto tiene bastante coña porque me la dio mi padre en su día y era de esas fotos pequeñitas que se hacían antes y como yo fui fotógrafo muchos años la restauré. Y se la regalé entonces y me dijo que estaba hecha en el puerto de Cambados cuando había empezado a salir con mi madre. Cuando publiqué el libro mucha gente de O Grove me dijo que esa foto era del puerto de O Grove. Me pareció muy simpático porque llevó aquí viviendo más de 25 años por la relación de mis padres con San Vicente, donde mis padres tenían una casa para ir de veraneo. Sin embargo, en la época de la foto que yo sepa mis padres no tenían ninguna relación con O Grove porque me comentaron que San Vicente lo descubrieron por medio de Luis González Taboada y una serie de familiares. Mi padre parece James Dean en la pose de esa fotografía y me gustó mucho como homenaje a mis padres.

-Define el libro como "autoficción". ¿Dónde termina la experiencia vivida y dónde empieza el "sueño" o la invención literaria?

-Son todo cochinas mentiras. Es verdad que sí que escribo relatos basados en cosas que he vivido pero algunas sólo las he soñado. Hay relatos en este libro de la posguerra porque la nostalgia es muy curiosa porque puedes tener nostalgia de cosas que no has vivido. En cuanto a lo de la autoficción, es verdad que hay una serie de relatos basados en los tres sitios donde yo he vivido más tiempo, que son Lalín, O Grove y Santiago de Compostela, donde utilizo ciertos conocimientos de los ambientes en los que yo me movía para inventarme historias. La ficción es todo el final de cualquier cuento que aparece en el libro. Como desenvuelvo cualquier trama y la termino es, como te decía antes, es una cochina mentira.

-En sus cuentos siempre busca un final feliz o esperanzador. ¿Es la literatura su forma particular de corregir la realidad?

-En este caso sí. Yo escribo más cosas pero estos eran una relatos que surgen de la propuesta de colaborar con una revista con la que llevo tres años, y tú como periodista sabes que es complicado trabajar en una publicación como colaborador y que te paguen 200 y pico euros por cada relato más las fotos. Cuando empecé no sabía cuánto tiempo iba a estar colaborando con ellos. Empecé con una línea que le gustó mucho al que entonces llevaba la revista. Fue cuando decidí que por lo menos todos los relatos tuvieran un nexo común y que fuera un final, y que fuera como nos gustan los finales en el cine y en las novelas de culebrones: que acaben bien porque es el único control que tenemos es eso porque la vida siempre acaba mal porque acaba en muerte. La muerte siempre es una tragedia, con lo cual por lo menos la imaginación te deja hacer que las cosas que terminen lo hagan bien.

-¿Cómo influye su faceta de guionista y director en el ritmo de tus microrrelatos?

Estoy bastante fuera de lo audiovisual. Es un sector que requiere mucho tiempo de cosas que nada tienen que ver con el trabajo. Hay que ir a muchos saraos y tal... El último al que fui fue en Ourense a una proyección de unas cosas que había hecho hace muchos años, y me encontré con mucha gente y la verdad es que salí por piernas. Yo ahora procuro levantar un proyecto audiovisual cada dos o tres años de lo que yo llamo cine de guerrilla. En este momento estamos con uno y con una productora pequeñita para intentar rodar una especie de prólogo en la Festa do Marisco de O Grove en octubre. Lo que pasa es que descubrí que para escribir quedo conmigo mismo, no aparezco en el ordenador y no me enfado, no hay problema. Es una gran libertad. También te diré que no es una forma de vida aunque es cierto que yo he escrito siempre.

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