Los sucesivos temporales ponen en jaque al comercio y hostelería local
Las lluvias y el frío disuaden a la clientela de salir a la calle, lo que repercute en una bajada en el volumen de ventas, incluso en plena campaña de rebajas

Gente de compras en la calle Antonia Ferrín Moreiras de Lalín. | BERNABÉ/JAVIER LALÍN
Si la cuesta de enero ya es un mes difícil para el sector del comercio y la hostelería, la sucesión de tormentas y borrascas que asedia Galicia desde el arranque del año ha puesto en jaque a muchos de los negocios locales de Deza y Tabeirós, que luchan por capear el temporal con la esperanza puesta en el parte meteorológico.

Terrazas recogidas en un bar de la Praza da Igrexa de Lalín. | BERNABÉ/JAVIER LALÍN
En el comercio las consecuencias están siendo especialmente duras, ya que las lluvias y el viento disuaden a la clientela, que prefiere quedarse en casa a menos que sea estrictamente necesario salir. Así, incluso los saldos más suculentos no son capaces de arrancar a los vecinos de sus viviendas y acercarse a los establecimientos. Por si esto fuese poco, el incesante golpeo de lluvias en la zona empieza a hacer mella en los propios inmuebles, que ahora tienen que asumir además problemas de goteras e inundaciones.
Así lo explica el presidente de la Asociación de Comerciantes de A Estrada, Alfredo González, que comparte: «Lo estamos notando muchísimo. Ya es un mes complicado de por sí, pero la lluvia nos lo está poniendo mucho más difícil y algunos incluso tienen que afrontar goteras e inundaciones en los locales».
«Al final, con este tiempo casi te sale mejor cerrar o coger vacaciones. La carga salarial, seguridad social, impuestos e incluso suministros como la luz, que también han subido, hacen muy difícil mantener el margen de beneficio con el volumen de ventas actual», dice el empresario estradense, que además señala a un nuevo reto para el pequeño comercio: «Las bajas están siendo un quebradero de cabeza, no podemos permitirnos tener a un empleado de baja y contratar a otro, porque son dos salarios, así que o abres menos tiempo o es muy difícil navegar esta situación». En este sentido, González traza una línea paralela a la realidad de la hostelería local durante este mes, que asume desafíos muy similares.
En otro orden, la vista de los socios de ACOE está puesta en el parte meteorológico, aunque de momento no hay motivos para ser demasiado optimistas. «Si nos dicen que la primavera va a venir buena, podemos recuperar algo de lo perdido ahora, aunque todo es imposible. Pero lo que nos dicen es que tendremos al menos otras tres semanas pasadas por agua», declara el presidente de la asociación de comerciantes estradenses.
De este modo, la campaña de rebajas la localidad parece que finalizará con unas cifras muy por debajo de las esperadas a su comienzo. «Teníamos previsiones muy buenas, pero esto del tiempo es impredecible y parece que al final van a ser más flojas de lo esperado, excepto para esos negocios que vendan artículos relacionados con la lluvia y el frío, que serán los que se salven», remata González.
Por su parte, en Silleda la lectura es prácticamente la misma. Beatriz Busto, presidenta de la asociación Ecos Silleda, concuerda con lo aportado por su homólogo en A Estrada y afirma: «Con este tiempo la gente se queda en casa, es normal». «La campaña de rebajas está siendo floja, no hay movimiento y no apetece comprar», dice la silledense, que añade: «En el caso de mi negocio, estoy notando la cuesta de enero más que nunca. Entre la subida de precios, los temporales y demás, es muy difícil».
En Lalín también se nota el efecto del tren de borrascas de enero, pero la perspectiva del comercio local es más optimista. Así lo transmite Meritxel Silva, integrante de la Asociación de Empresarios de Deza (AED), que expone: «Por supuesto que se nota, pero en general lo vamos llevando. La gente sale igual, porque si no no haces nada, y al fin y al cabo el gallego está acostumbrado a la lluvia». Aun así, matiza: «Es cierto que el día de la alerta roja nos hubiese sido mejor no abrir, porque no había nadie, pero lo demás se va gestionando».
El otro gran afectado por las inclemencias del tiempo es la hostelería. En A Estrada, el grupo Invictus afirma que está siendo «un invierno demasiado largo», con lluvias que no dan descanso «prácticamente desde septiembre» y que amenazan con frustrar también las esperanzas de Entroido. Mientras que en Lalín la situación se capea mejor gracias al Mes do Cocido. Con todo, Carlota Iglesias, de Cabanas Restaurante, confiesa que han recibido alguna cancelación de reservas y en O Asubío sobreviven gracias a los habituales. En general, los empresarios de este sector detectan más movimiento por la mañana y en días laborales, y pierden afluencia durante la tarde y fines de semana. n
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