¿Son sexistas los carnavales?
Ellos policías, pilotos de avión, bomberos, médicos o curas. Ellas, azafatas, enfermeras, monjas o sirvientas, pero con una falda de medida standard que no se acerca a la rodilla y, a ser posible, con escote generoso. Es la propuesta cada Carnaval, una tradición donde sexismo se oculta tras la careta.

El reivindicativo escaparate del centro Anacos no pasa desapercibido en A Estrada. | L.D.
A pocos días de que arranque el Carnaval toca de nuevo buscar disfraz. Tarde –como siempre–, sin esperanzas de llevarse el premio al mejor de la clase y con el único deseo de sobrevivir con decoro deambulamos por una tienda de disfraces sin muchas ganas. ¿La propuesta? La de siempre. Para ellos piloto, para ellas azafatas; para ellos de cura, para ellas de monja con un vestido que ni se acerca a la rodilla; para ellos de médico, para ellas de enfermera, con el mismo corte de falda que la monja pero acompañado de un pronunciado escote. Y así una larga lista de opuestos. No nos pilla por sorpresa. En realidad es la oferta de siempre si exceptuamos las K-Pop de moda –por supuesto, para chica–.
Salimos de la tienda sin disfraz –habrá que disfrazarse de mimo o de ladrón y adornarlo con un poco de simpatía– y nos acercamos hasta Anacos Educativos de A Estrada, un centro de formación «especializado en igualdad de género y gestión emocional», según reza su página web, donde hace unos días montaron un escaparate que desde luego no pasa desapercibido. «Así non» es el lema de un montaje cuya presentación ya deja claro por dónde van los tiros, con un disfraz de policía formal para hombre y un disfraz de policía corto con falda –la medida se ve que es standard– uno junto al otro. «Fora disfraces sexistas», reclama el cartel a sus pies.
No es el único. Por todo el escaparate encontramos lemas como «Elas guapas, eles valentes. Nelas cosificación e dozura, neles forza e acción. Dende a infancia apréndese o rol. O Entroido tamén constrúe identidade» o «O mesmo disfraz, dúas mensaxes. Para os homes realismo e funcionalidade. Para as mulleres, sexualización. Non é casualidade». Desde Anacos se preguntar por qué se genera esa distinción a la hora de disfrazarse si en la vida real las mujeres y hombres policías visten igual. «O problema non é o Entroido, senón o sexismo co que o vestimos».
En su presentación, lamentan los roles sexistas que parecen intrínsecos al Carnaval y que, en el caso de las mujeres siempre lleva implícito mostrar el cuerpo, como si fuesen el complemento para la figura de acción que es el hombre.
Esa asignación característica o rol a individuos por el hecho de ser hombres o mujeres es la definición misma del sexismo. Existe sin embargo otro problema en estas fechas a la hora de ponerse la careta y ese afecta de lleno a lo más pequeños. Tradicionalmente se lo califica como micromachismo y apunta a los roles a la hora de disfrazar a los niños.
En este caso volvemos al ejemplo de las K-pop, un disfraz pensado y presentado para las niñas. Pero hay más opciones. Ellas pueden soñar con disfrazarse y quizás algún día llegar a ser enfermera, azafata, sirvienta, princesa o cocineras. Por supuesto hay que vestir con faldas y estar guapas. Para ellos se reservan causas más épicas. Triunfan los superhéroes pero también pueden ser pilotos de avión, vaqueros, bomberos o incluso jugadores de fútbol americano con protecciones y casco, el pack completo.
Por supuesto, cada uno puede disfrazarse de lo que quiera. Ese suele ser el argumento contrario más recurrido en estos casos junto al hecho de que muchos disfraces de mujeres «sexys» terminan siendo utilizados por hombres como parten del juego carnavalesco. Ambos son defendibles pero, y si por un día nos disfrazamos de personas y rompemos barreras. Si los Xenerais do Ulla lo hicieron, todos podemos.
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