Las plagas de insectos y hongos afectan a bosques de A Estrada, Agolada y Cruces
Su impacto en la defoliación prematura de coníferas y frondosas es mayor que la sequía, el fuego o la actividad humana | La zona se mantiene ajena a los descortezados que causan los corzos en plantaciones de eucaliptos

Robles en las Fragas de Catasós, con hiedras en algunos ejemplares. | Marta G. Brea

Para conocer el buen estado de las masas de árboles los técnicos examinan su defoliación, que es la pérdida prematura de las hojas o una reducción de su talla. Esa afección en la copa fue evaluada por el Ministerio de Transición Ecológica en 620 parcelas, de las que 52 se ubican en Galicia, y los resultados de 2024 pueden consultarse en el informe Trabajos de adquisición de información sobre el estado de los bosques españoles en base a la red integrada de seguimiento.
Por entonces, en ese año la masa forestal de O Sexo, en Agolada, y de O Castro, en Dozón, aún no habían vivido los voraces incendios del verano de 2025. Pero más que a los incendios, las coníferas y frondosas de la zona se enfrentan desde hace años a las plagas de insectos de y hongos. Hay castaños de Agolada y Vila de Cruces dañados por el Dryocosmus kuriphilus. Este insecto procedente de China entró en la UE en 2002 por Italia, y 10 años más tarde llegó a los soutos españoles. La conocida como «avispilla del castaño» está presente en Galicia, Cantabria y Cataluña y reduce la producción del árbol, llegando incluso a matarlo. En un ejemplar afectado es fácil detectarla: en primavera, en los brotes nuevos podemos ver agallas de color verde o rosáceo y de entre uno y tres centímetros. Por el momento, solo se frena con el parasitoide Torymus sinensis, que se aplicó ya en 2019 en varias plantaciones de Lalín. También ayuda a combatir su expansión el rareo de ejemplares (para evitar el contagio) y el abonado del suelo. En el caso de Agolada y Cruces, el informe menciona «agallas viejas y leves daños», muy inferiores a los del concello ourensano de Río, por ejemplo.
A Estrada no registró en 2024 castaños afectados por este insecto, pero sí robles que padecían los efectos de otro, el Coraebus florentinus, que también se extiende por Moraña, O Porriño y Ponteareas. Este escarabajo, al que también se le denomina «culebrilla de la encina» , excava galerías bajo la corteza de las ramas y acaba secándolas. Al debilitar el árbol, este puede morir por la entrada de otros microorganismos.
Hiedras
Los robles estradenses, al igual que los de Agolada y Vila de Cruces, también tienen que enfrentarse en los últimos años a otro enemigo: el hongo Microsphaera alphitoides. Al hibernar cerca de las yemas se activa muy pronto en primavera y además de abortar los brotes del árboles, causa enanismo en las hojas, a la que suele cubrir de una capa blanquecina. El informe del ministerio recomienda que, como este hongo afecta a las plantas nuevas, los productores opten por cambiar la especie Quercus robur por la de Quercus petraea.
El rareo que mencionábamos permite eliminar árboles enfermos y que los sanos crezcan más y mantengan un equilibrio entre su altura y su diámetro. El documento menciona la competencia de otros ejemplares demasiado cercanos como un problema en plantaciones forestales, al igual que las hiedras que colonizan ejemplares de Quercus pyrenaica (el roble marojo) de A Estrada o, fuera de la zona, los pinos de Noia y O Rosal.
Destrozos con vehículos y un mal uso de químicos
A la hora de abordar el impacto de los agentes meteorológicos, el informe de Transición Ecológica indica que los incendios de 2024 afectaron a masas de eucalipto de Dumbría, A Cañiza y Baiona, así como a plantaciones de pino resinero en Monterroso y Ponteareas. Hace un par de años el viento, al igual que los incendios, tampoco dejó consecuencias palpables en las masas forestales de las comarcas, pues se detectaron derribos de robles blancos por viento pero en Monfero o Ponteareas. En cuanto a la nieve, sus efectos se dejaron notar en los concellos lucenses de Portomarín y Castroverde. También en Lugo, en Xove los corzos realizan descortezados en ejemplares de eucalipto.
La actividad humana sí tiene impacto en el área nororiental de la provincia, sobre todo en el límite de A Estrada con tierras coruñesas. Esta cuestión afecta ya a la mayoría de la provincia de Ourense, al interior de la de A Coruña y al sur de Pontevedra. En estos daños antrópicos se incluyen tanto cortas y descorches realizados de forma inadecuada como destrozos por el tráfico de vehículos, el uso inadecuado de productos químicos y hasta objetos empotrados.
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