Leontina, un siglo a pulso
Leontina Rodríguez Gómez, nacida en 1926 en Sante (A Xesta), celebró su centenario arropada por los suyos en una comida en Casa Sánchez, en Rodeiro. Hija de José ‘Lourenzo’ y Pura, su vida resume la dureza y la valentía de toda una generación: trabajo en el campo, en las Minas da Brea, hornadas de pan en Botos y emigración a Alemania junto a su marido, Elías, con quien sacó adelante a sus tres hijos.

La mujer celebró su centésimo cumpleaños arropada por cuatro generaciones de su familia. / Cedida

El 30 de enero ya es una fecha marcada en rojo para los suyos. Ese día, Leontina Rodríguez Gómez, vecina de Lalín, celebró un cumpleaños excepcional: 100 años de vida rodeada del cariño de su familia.
Para conmemorar el centenario, los suyos organizaron este domingo una comida en el restaurante Casa Sánchez, de Rodeiro. La mesa fue el punto de encuentro de hijos, nietos, bisnietos, hermanos y sobrinos: cuatro generaciones reunidas en una jornada cargada de emoción y recuerdos compartidos.
Detrás de la celebración hay una biografía que atraviesa buena parte del siglo XX, tal como refiere Yanet, la mayor de sus nietas. Leontina nació en 1926 en la aldea de Sante, en la parroquia lalinense de A Xesta, hija de José ‘Lourenzo’ y Pura, en una época marcada por la dureza de los tiempos. Con los años, junto a su esposo Elías, fue levantando una vida construida a base de esfuerzo, como tantas familias del rural gallego.
Minas da Brea y Alemania
Su trayectoria habla de trabajo y constancia: faenas en el campo, labores en las Minas da Brea, hornadas de pan en Botos y también la decisión –tan común en su generación– de emigrar a Alemania en busca de un futuro mejor. Con ese empeño, el matrimonio sacó adelante a sus tres hijos, Elías, José Luis y Manolo ‘Cavanillas’, un orgullo que hoy se resume en los apellidos, las miradas y la continuidad de la familia que la arropa.
El evento quedó inmortalizado en una fotografía familiar que refleja el vínculo entre edades y ramas, una imagen que, más allá del recuerdo, representa la fuerza de lo cotidiano: estar, acompañar, volver a reunirse. La familia ha querido compartir este momento con la vecindad de Deza, agradeciendo las muestras de cariño recibidas y celebrando, en comunidad, «una vida larga e intensa».
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