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La nueva tradición de los elfos desata la locura mañanera

Esta tradición importada de otros países, donde los pequeños ayudantes de Papá Noel hacen gamberradas del 1 al 24 de diciembre, llega hasta numerosas casas de A Estrada o Forcarei. A pesar del «pequeño trabajo diario» que supone, compensa con creces «la ilusión con la que despiertan los más pequeños».

Yincana en la televisión.

Yincana en la televisión.

A Estrada

Desde hace ya tres o cuatro años, cada vez más casas de A Estrada y Forcarei participan en la última tradición navideña que llegó a través de las redes sociales para quedarse. Esta está transformando las mañanas de todo el mes de diciembre hasta el día 25 en una auténtica locura para los más pequeños de la casa. Los elfos traviesos de Papá Noel, que también son sus ayudantes, decidieron desde hace tiempo aparecer por las casas de muchos niños y niñas antes de tiempo, preparando cada día una nueva sorpresa.

Desde el 1 de diciembre hasta la noche del 24, los pequeños muñecos se convierten por la noche en los más traviesos de la casa, tomando todo lo que pillan para convertir la espera de Papá Noel en una sucesión de sorpresas. La costumbre, traída y amplificada por las redes sociales, funciona ya como un ritual doméstico que obliga a las familias a pensar todo tipo de artimañas nocturnas para, a la mañana siguiente, disfrutar de la reacción de los niños y niñas.

Atrapado en la nevera.

Atrapado en la nevera. / Cedida.

A pesar del trabajo que supone pensar y preparar cada noche una nueva travesura, las madres confiesan que «vale totalmente la pena por ver sus caras de ilusión y las ganas con las que se levantan por la mañana para ver qué hicieron los elfos», indica Sheila, una madre de A Estrada con dos niños de 8 y 3 años. Ella, que empezó la tradición en 2021, repite ya su cuarto año, en el que su elfo trajo consigo un nuevo amigo para ayudarle con las diferentes aventuras nocturnas.

Tras un primer encuentro inesperado, la experiencia poco a poco fue mejorando: «El primer año el mayor le tenía un poco de miedo porque no lo entendía muy bien al principio, pero ahora ya no. Ahora se levantan antes para ver qué hizo el muñeco, y les encanta verlo con sus juguetes y por la casa».

Un compañero congelado.

Un compañero congelado. / Cedida.

Rocío, otra madre estradense con dos niñas de las mismas edades, asegura que en su casa ya llevan tres años con la tradición, y coincide en el origen digital de la moda: «Empezamos a buscar nas redes sociais e aparecían moitísimos vídeos, pero aquí non había nada disto antes», explica. Ahora, en su casa las mañanas se convertieron en pequeñas búsquedas del tesoro: «Levántanse tódolos días con moitas máis ganas que normalmente só para ver que foi o que fixo o elfo», señala.

Rocío detalla que las diabluras más celebradas por sus hijas son aquellas que implican objetos cotidianos: «Fíxolles moita gracia cando quedou colgando dunha braga da neveira a modo de columpio ou cando apareceu xogando con seus xoguetes da Patrulla Canina. E a gamberrada que máis lle gustou á pequena foi ver ao elfo desparramando a miña maquillaxe», asegura entre risas. Otras ideas que también son un éxito y los pequeños encuentran muy divertidas es cuando aparecen congelados o dentro de la nevera, pues las bajas temperaturas les recuerdan a su hogar, el Polo Norte.

Un elfo con sentido del humor.

Un elfo con sentido del humor. / Cedida.

Tania, otra estradense que reside en Forcarei , subraya que a pesar del pequeño trabajo de organizar esta reciente tradición, tiene una enorme recompensa: «Hoy mi marido marchó antes y yo estaba en la cama, y escuché al niño a lo lejos, y se estaba riendo tanto, que me hizo mucha ilusión, y eso que a mí no me encanta la Navidad». A pesar de ello, nos explica que incluso el pequeño de 8 años cambió sus hábitos. «Él se suele despertar a las ocho y media siempre, pero ayer eran las siete y media y ya estaba con la ansiedad de saber qué había liado el elfo en nuestra casa». Escuchar esas carcajadas matutinas fue algo que, para ella, «no tiene precio», añade.

Esta tradición, que las tres entrevistadas creen que se quedará en el futuro como una más de la Navidad, no habría tenido la misma fuerza sin el claro impulso de las redes sociales. Las madres reconocen que fue el ver las ideas de otros lugares lo que les inspiró a adoptarla, convirtiéndola así en un fenómeno cada vez más globlal y fuerte en la zona. Ahora, la gran mayoría de niños de la zona llegan cada mañana al colegio comentando con emoción las gamberradas nocturnas de sus elfos.

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