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«Lo que valía 100 euros ahora cuesta 400»

Las joyerías de A Estrada confirman que la escalada del oro redujo drásticamente las ventas de las piezas de 18 quilates, impulsando la demanda de plata, acero y chapados. El metal precioso creció más del 40% desde comienzos del 2025, y la gente empieza a comprarlo como valor de inversión.

Juan Simal, de la Joyería Azabache. |  S. P.

Juan Simal, de la Joyería Azabache. | S. P.

A Estrada

La escalada progresiva del precio del oro a lo largo de todo este 2025 está dejando una huella evidente en dos de las joyerías más icónicas de A Estrada, especialmente en plena campaña de Navidad, época que tradicionalmente era uno de los momentos fuertes para el sector. El metal precioso, considerado desde siempre un valor refugio que en raras ocasiones bajaba su valor, alcanza en estas fechas máximos históricos que se traducen en un encarecimiento directo de las joyas y en un cambio claro en los hábitos de compra para clientes e inversores.

Juan Simal, propietario de la Joyería Azabache, que lleva cerca de 50 años con su negocio en A Estrada, resume la situación con cifras contundentes: «Del año pasado a este subió más de un 40 %». Una subida que, en su opinión, «está desorbitada» y que tiene un efecto inmediato en el comercio local. «Se vende muchísimo menos, porque algunos clientes ven el precio del oro y se asustan», afirma. A pesar de todo, considera que «de cada diez personas que entran en la tienda a preguntar, tan solo una o dos siguen comprando oro».

Al parecer, los clientes son plenamente conscientes de este incremento. «Tan pronto llegan dicen: ‘Dios mío, esto antes no estaba tan caro’», relata Simal. Esa percepción empuja a muchos compradores a buscar alternativas diferentes: «Ahora buscan piezas más finas, oro de 9 quilates en vez de 18, u otros materiales. La juventud y mucha otra gente en general se va a la plata, a la plata dorada, a los chapados o al acero. Siguen con los metales, pero ya no quieren oro a este precio», explica Juan.

Este desplazamiento del consumo beneficia a marcas y colecciones basadas en acero o materiales alternativos. «Ahora vendemos más acero y más metal que oro», reconoce el joyero, que pone un ejemplo claro del impacto del encarecimiento: «Hace un año o dos una persona joven podía comprar una sortija de oro por unos cien euros, pero hoy esa misma sortija puede valer ya cerca de cuatrocientos euros».

La responsable de la Joyería y Relojería Benito Puente, Pilar Rey. |  S. P.

La responsable de la Joyería y Relojería Benito Puente, Pilar Rey. | S. P.

Desde la Joyería y Relojería Benito Puente, empresa familiar fundada en 1959, su responsable, Pilar Rey, coincide, aunque matiza el alcance. «Vender siempre se va vendiendo algo de oro», asegura, aunque con un patrón distinto al de años anteriores. «Es verdad que la gente compra piezas más ligeritas. Hoy por el mismo precio, la joya es más sencilla que antes», añade ella.

El efecto se nota incluso en artículos clásicos como las alianzas de boda. «Unas alianzas que el año pasado costaban mil euros, ahora pueden irse tranquilamente a los mil trescientos», señala Pilar, aclarando que depende mucho del peso y del diseño. Como en Azabache, también aquí los clientes la consultan con más frecuencia por oro de 9 quilates o por alternativas más asequibles.

Más allá del consumo, ambas joyerías coinciden en otro fenómeno paralelo, que consiste en la propia revalorización del oro como capital de inversión. «Se puede invertir con él, lo compras, lo luces y, a la larga, tienes un dinero ahí», apunta Pilar Rey. Clientes que adquirieron joyas hace años comprueban ahora que «les pueden doblar o triplicar el precio si deciden venderlas», lo que refuerza la idea del oro como valor seguro. Juan Simal, por su parte, recuerda: «Cuando vine a A Estrada en 1977, el gramo de oro se vendía a 100 pesetas. Hoy está a unos 200 euros. Además, dicen que seguirá subiendo. El oro nunca baja».

Con la campaña navideña llegando a su momento álgido, los comerciantes del sector asumen que el oro seguirá brillando, pero con menos protagonismo en beneficio de otros productos.

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