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La peregrina que volvió a casa tras año y medio cabalgando

«Toca volver a trabajar y a la vida sedentaria», sentencia Marie Sonnois al hablar del punto y final a su aventura. Atrás deja año y medio de peregrinaje y 4.742 kilómetros recorridos junto a su yegua Zambomba. «Ya estamos en casa pero sigue cuidando de mí y yo de ella», afirma.

Marie Sonnois posa con su padre, su madrina y su compañera de viaje Zambomba.

Marie Sonnois posa con su padre, su madrina y su compañera de viaje Zambomba.

A Estrada

Año y medio después de su partida, Marie Sonnois y su yegua Zambomba regresaron a casa. En Borgoña se aguardaba una pequeña fiesta de bienvenida organizada por sus familiares. «Fue una aventura muy bonita pero ya tenía ganas de llegar a casa y ver a mi familia», admite la amazona francesa. Atrás deja una historia de superación y dureza pero también incontables amigos que la ayudaron a completar su reto vital. Su peregrinación finalizó con 4.742 kilómetros recorridos con la única compañía de su montura.

La peregrinación de Marie Sonnois comenzó en mayo del 2024. «Fue un momento en el que no estaba muy bien en mi trabajo y quería hacer algo diferente. Me gustaba andar a caballo pero no tenía mucho tiempo, así que surgió la idea de emprender un viaje a caballo». Marie decidió entonces dejar su trabajo como diseñadora de muebles y comprar una yegua de origen español. Juntas partieron desde Auxerre con destino Santiago de Compostela y Fisterra, siguiendo el Camiño Francés. El «fin del mundo» sin embargo no fue su destino final. «Quería seguir hasta Oporto, así que bajé todo por la costa. Una vez allí volví por la Vía Mariana, más por las montañas. Fue también un recorrido muy bonito».

Y siguiendo esa ruta fue como la amazona francesa y Zambomba llegaron a Sabucedo, con el aloitador Vicente Pereiras como anfitrión. Su intención inicial era aprovechar su hospitalidad unos días, pero finalmente su estancia fue mucho más larga de lo que esperaba. Pereiras aprovechó su visita para explicarle todo sobre la Rapa, participando en una ruta a caballo que se celebraba esos días y llevándola a pisar la arena del curro. Tras unos días, Marie Sonnois volvió a subirse a Zambomba, ya descansada, para retomar su camino de vuelta a Francia. Sin embargo, no logró ir muy lejos. Antes de llegar a Chantada, la yegua comenzó a cojear, así que tuvo que pedir ayuda a Pereiras para que fuese a recogerlas. Cuatro días después, lo intentó de nuevo, pero en esta ocasión tuvieron de detenerse en Quiroga y regresar de nuevo a Sabucedo.

Quedó claro entonces que Zambomba necesitaba algo más que unos días para recuperarse, así que Marie Sonnois tuvo que quedarse en casa de Pereiras durante varias semanas. Ese problema sin embargo terminó siendo un feliz capricho del destino. La francesa pudo de esta manera quedarse para vivir en directo la celebración Rapa das Bestas de este año. Pero también conoció a un amigo de Pereiras que vive en Castellón y que cada año acude a la celebración de la milenaria tradición de la Rapa. «Sempre hai un sapo para unha sapa», bromea el aloitador al recordar el flechazo entre ambos.

Marie Sonnois retomaría su camino a Francia poco después de la Rapa, aunque ahora con la intención de realizar una parada por el camino, en Castellón por supuesto. Una vez logró llegar decidió dar a Zambomba un mes de descanso. Finalmente, llegó el momento de emprender el tramo final de su aventura y regresar a casa. Sin embargo, la llegada hasta Auxerre cruzando Francia fue uno de los momentos más duros. El retraso en los plazos que tenía previstos la metió de llenó en el invierno y en su país le aguardaban fuertes lluvias y mucho frío.

La francesa nos atendía ayer desde la casa familiar, analizando todo lo que vivió en el último año y medio. «De esta aventura me quedo con la gente que encontré en el camino y que me ayudaron a poder seguir adelante», afirma, destacando también su paso por A Estrada. «Poder descubrir la Rapa y pasar un mes en un lugar tan bonito fue increíble». Para la amazona francesa este fue uno de los lugares más bellos por los que pasó, junto al norte de España. «El camino de regreso por esa zona, que hicimos con mucha calma, fue muy bonito», resume.

La francesa destaca además la relación que en este año y medio ha establecido con su yegua. «Después de tanto tiempo sola con ella hay algo especial entre nosotras. Es algo difícil de explicar que se va creando poco a poco. Ahora incluso que puede estar libre con otros caballos, se viene a junto mía. Sigue cuidando de mí y yo de ella».

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