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Julio Taboada: el alma del polideportivo de Lalín

Cada rincón del pabellón de Lalín tiene una historia, y la mayoría las conoce Julio Taboada Vázquez. Durante una década, ha sido testigo silencioso de victorias, derrotas, entrenamientos y estancias de numerosos peregrinos del Camino de Santiago. Él es el corazón que late bajo la pista de goma de la instalación.

Julio Taboada junto a muestras de agradecimiento de distintos peregrinos. |  Bernabé/Javier Lalín

Julio Taboada junto a muestras de agradecimiento de distintos peregrinos. | Bernabé/Javier Lalín

Lalín

Más allá de las colchonetas, las porterías de balonmano y las canastas, el corazón del pabellón de Lalín late al ritmo de Julio Taboada Vázquez. Siempre dispuesto a ayudar con todo el que se lo demanda, desde hace diez años este conserje se ha convertido en el pilar fundamental que sostiene algo más que las instalaciones del recinto municipal: la comunidad de deportistas, padres y vecinos y, sobre todo, los grupos de peregrinos que recalan en Lalín, que le consideran uno más de su familia.

Natural de Goiás, Taboada está a punto de cumplir 66 años. Tenía que estar jubilado pero «por el cariño que le tengo a los niños y a los peregrinos sigo en el pabellón, si no me hubiera jubilado porque podría cobrar el cien por cien del retiro», explica para justificar la cantidad de horas que pasa en la instalación deportiva municipal ejerciendo de conserje y de hombre para todo. «Aún hace poco tiempo me dijo mi mujer que me preparase una litera y me quedara a dormir en el pabellón porque paso más tiempo en él que en casa. La verdad es que paso muchas horas pero siempre a gusto porque si no fuera así, nadie echaba tantas horas cada día», asegura para justificar su dedicación incondicional.

Los más jóvenes y los peregrinos son el eje sobre el que pivota la entrega de este conserje en los días de entrenamiento o partidos y, sobre todo, durante las paradas que en Lalín realizan los grupos que caminan hacia el Obradoiro. «Tú sabes lo que es que vengan los niños a hacer una actividad como gimnasia rítmica o fútbol sala, por poner dos ejemplos, y que tenga que venir un monitor o entrenador a buscarlos porque les preguntan si vienen a entrenar o a estar conmigo. Todos los días así. Te hablo de un montón de niños y antes de entrar a hacer las actividades. No hay satisfacción más grande, de verdad», explica emocionado.

Por lo que respecta a la relación que mantiene con los caminantes jacobeos, Julio Taboada reconoce que es una de las tareas más gratificantes para alguien que se desvive en ayudarles cuando buscan refugio, comida y pernocta. En este sentido, reconoce que «en estos diez años tengo algún contacto más directo con algunos peregrinos a Santiago que con otros, por supuesto. Nos hablamos durante el año tres o cuatro veces, nos felicitamos por Navidad e incluso los hay de Madrid que te dicen que cuando quieras ir allá te van a recoger al aeropuerto o a la estación de tren, con cama y comida pagadas. Es algo muy reconfortante». Desde luego, si tuviera que elegir a alguno de los muchos grupos que pasan por el pabellón de Lalín, lo tiene claro: «Hay grupo de escolapios que llevan una década viniendo cuyos responsables lo primero que hacen es preguntarme por mi familia, porque mi madre tiene 97 años, y siempre se acuerdan de ella y me dicen que celebran misas a su salud porque soy creyente. No sé si lo hacen o no, pero para mí es suficiente con que me lo digan».

A Taboada no le duelen prendas en afirmar que «a los peregrinos los trato muchas veces mejor que a mi propia familia. Hasta me cuesta dinero y todo porque yo les voy al supermercado, a la farmacia o a la panadería. Recuerdo que una vez una pareja de ellos salieron del ambulatorio después de dormir en el pabellón, y ella se encontraba mal. Los llevé hasta A Bandeira en mi coche para ayudarles». Julio Taboada también subraya que «cuando faltan unos diez días para que lleguen a Lalín, contacto con los peregrinos por si necesitan algo, como buscar restaurantes para comer o cenar. Para mí los peregrinos deberían tener un trato mucho mejor del que tienen. Dejan un montón de dinero en Lalín. Hace dos años por mediación de un restaurante de un amigo repartió comida a 185 personas».

Remodelación

La reciente remodelación del pabellón lalinense tampoco ha pasado desapercibida para su conserje. «Lo del pabellón parece que fue visto y no visto. Con poca cosa hicieron un muy buen trabajo en las instalaciones. Es más confortable. Seguramente necesite más cosas que creo yo que se van a hacer un poco más adelante. El Concello es una casa grande, pero es como la mía, donde muchas veces no puedes hacer lo que quieres. Le dieron un buen lavado de cara», manifiesta Julio Taboada.

Por último, y en cuanto a su futura jubilación, vuelve a emocionarse pensando en ese día: «Lo echaré de menos porque vuelvo a decir que es mi segunda casa. Seguramente volveré de vez en cuando, pero para estar con los chavales. Es una felicidad que por mucho que lo expliques no lo das entendido. Empecé a trabajar con 12 años y, de verdad, soy una persona carismática en Lalín y creo que un buen tertuliano. También pienso que soy una persona polifacética. De verdad. Por eso quiero darle las gracias en primer lugar al Concello por permitirme estar ahí. Estuve 21 años en otro puesto de trabajo donde lo pasaba bien, pero era distinto a esto. Mi madre siempre me dijo que había que respetar a las personas mayores. Junto a los niños y a los peregrinos son tres cosas fundamentales». Eso sí, si entonces vuelve por el polideportivo, seguirá recibiendo cariño.

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