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El resurgir de O Sisto: veinte vecinos reviven una aldea que llegó a estar casi deshabitada

Esta aldea de Forcarei experimenta un gran crecimiento desde la pandemia, con la llegada de vecinos de distintos puntos de España | La reforma de varias casas provoca un efecto llamada y todos los inmuebles están vendidos

Varios de los actuales residentes en la casa que usan para comidas y reuniones sociales |  Bernabé/Ángel Abeledo | |

Varios de los actuales residentes en la casa que usan para comidas y reuniones sociales | Bernabé/Ángel Abeledo | |

Forcarei

Hace apenas seis años, O Sisto era uno de esos lugares del interior gallego que parecía condenado a desparecer. Casas de piedra en distintos grados de abandono y una vida social de un par de vecinos muy limitada parecían sentenciar su destino. Sin embargo, este pequeño núcleo de Pardesoa, en Forcarei, resultó un ejemplo inesperado y espontáneo de cómo poco a poco puede renacer una aldea, cuando sus propios vecinos deciden que puede tener mucha vida.

Una calle con tres casas
restauradas.  | BERNABÉ/Á. ABELEDO

Una calle con tres casas restauradas. | BERNABÉ/Á. ABELEDO

Gran parte de ese cambio lleva el nombre de Marina Hernández, antigua presidenta de la asociación vecinal, quien fue la primera en apostar por quedarse, restaurar y contagiar la idea de que O Sisto tenía todavía futuro. «Hasta entonces, la gente venía a ver cómo estaba la casa y se marchaba. Aquí no quedaba nadie. Pero después de la pandemia se notó ese brote de gente que quiso aprovechar la aldea y disfrutarla», recuerda ella.

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La antigua casa escuela de O Sisto. | / Bernabé/Ángel Abeledo

Con la llegada del confinamiento, las actividades se limitaron, y poco a poco O Sisto empezó a llenarse de vida. Ese regreso impulsó un efecto dominó, que provocó que se vendieron casas, se rehabilitaron otras y se generase una dinámica vecinal que cambió por completo el rumbo de la aldea. «Prácticamente todas las casas están vendidas a día de hoy», confirma Marina. Quien busque ahora vivienda en O Sisto «tendrá que negociar mucho, porque ahora valen mucho más de lo que valían antes», advierte ella.

La asociación de vecinos actual es hoy uno de los pilares de este resurgimiento. Suma ya cerca de 60 socios, la mitad de los cuales son residentes en otros lugares pero con vínculos familiares o sentimentales con esta tierra. «Muchos no viven aquí, pero sí crecieron o tienen raíces, y quieren forman parte de esto», explica Marina.

Alfredo, de Canarias, en su 
cocina.

Imagen de los hórreos de cada una de las casas. | / Bernabé/Ángel Abeledo

Actualmente, en este lugar residen un total de 18 vecinos, que se reparten en 9 casas, pese que son ya 13 las que están rehabilitadas. Aparte de la reforma de otras, estos forcaricenses están volcados con la renovación de la plaza, emblema del pueblo, que avanza gracias a aportaciones económicas, en mayor parte. de socios emigrantes y a la gestión de la propia directiva.

El impulso más inesperado llegó a partir de este verano, donde los dos antiguos cedros de la Praza da Oliva se transformaron en un par de peregrinos. Gracias al escultor Xesús Padín, la aldea rinde así homenaje a la Ruta dos Arrieiros que la atraviesa. «Algún día viene gente aquí solo a ver las esculturas, dan una vuelta por el pueblo y poco más, pero para los peregrinos se está convirtiendo en uno de los puntos más fotografiados de la ruta», añade una de las vecinas.

Antigua escuela de la aldea. 
|  Bernabé/Ángel Abeledo | BERNABÉ/ÁNGEL ABELEDO

Alfredo, vecino que llegó desde Canarias. | / Bernabé/Ángel Abeledo

Otro aspecto destacado de este nuevo O Sisto es, sobre todo, su diversidad, donde ya acogen a vecinos de Canarias, Palencia, Mallorca e incluso Irlanda, lo que hace que ellos mismos bromeen: «Somos internacionales», aseguran entre risas. Alfredo, que es canario, era amigo de Marina y se interesó por el lugar. «Le dije que si se vendía una casa no me importaría vivir aquí, y al final un día me avisaron y me lancé, y estoy encantado», comenta mientras nos muestra su hogar, al que le queda poco para estar completamente restaurado.

Otro que llegó de fuera, aunque de momento está de alquiler, es Daniel, que llegó desde Castilla. «Me gusta mucho el campo, y vine porque mi madre es gallega. Si nos surge la opción de comprar, no lo dudaremos», afirma convencido.

Aunque no saben cómo estará O Sisto dentro de 10 años, todos esperan que con mucho ambiente por las calles y con la gran mayoría de sus casas reformadas y ocupadas, como cuando acogen el San Benito, donde cientos de personas llenan de vida su hogar.

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