Su trabajo termina, su recuerdo queda
El Concello de Lalín ofrece una comida en reconocimiento a seis funcionaros jubilados

Los jubilados con Crespo y Pérez. | Bernabé/Javier Lalín
El tiempo es un testigo silencioso de las historias que construimos día a día. En el corazón del Concello de Lalín, ese tiempo se mide en décadas de dedicación, servicio público y, sobre todo, de vidas compartidas. El comedor del restaurante Pablo, en A Goleta, acogió este jueves la comida homenaje organizada por el consistorio de la capital dezana a seis funcionarios municipales que este año se jubilan. Durante años, estos seis empleados municipales fueron los engranajes esenciales que han permitido que la comunidad funcione desde su trabajo en los distintos departamentos del Concello de Lalín.
Más de medio centenar de personas compartieron mesa y mantel en torno a unos extrabajadores que en algún momento se mostraron abrumados por el cariño mostrado. Damián Payo, Paío, Cangado (34 años en la concejalía de Cultura), María Josefa Otero González (22 años en limpieza), Cecilia Doporto Regueira (33 años en el Museo Municipal), Amando Fernández García (33 años en el departamento de Deportes), Rosa Taboada Lamela (34 años en Intervención) y Julio López Pedre (36 años en Servizos Sociais) completan la lista de trabajadores del Concello reconocidos ayer tanto por el alcalde José Crespo, y la teniente de alcalde Paz Pérez, como por los miembros de la corporación presentes, sus compañeros y amigos presentes en el ágape.
La cita sirvió no sólo para celebrar el merecido retiro que inician todos los funcionarios lalinenses, sino también para rendir tributo al legado humano que dejan atrás, tal y como señalaron algunos de los presentes. A través de anécdotas, recuerdos y la gratitud sincera de sus compañeros, la comida sirvió además para realizar un paseo por una trayectoria vital que, ahora, abre un nuevo capítulo.
Como no podía ser de otra forma, en los postres los máximos representantes del Concello de Lalín quisieron agasajar a todos los homenajeados. Y lo hicieron entregando a cada uno de los jubilados una insignia de plata del Concello y una metopa con el escudo del municipio, en agradecimiento por los servicios prestados a todos ellos durante tantos años de trabajo. De hecho, el de ayer fue un momento agridulce en el que la familia municipal lalinense se reunió para decir «hasta luego» y, sobre todo, «gracias» a seis de sus miembros más reconocidos, incluida la inseparable nariz de payaso con la que acudió Paío al convite y que no pasó desapercibida.
Salpicón de marisco, vieiras al horno, jarrete con guarnición, helado, tarta de milhojas y chupitos variados completaron el menú de una comida para recordar.
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