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Día de las librerías: nuevos emprendedores en negocios familiares de Lalín

Amadeo González y Anxo Álvarez analizan la actualidad del sector

Interior de la librería Dalvi de Lalín

Interior de la librería Dalvi de Lalín / Bernabé / Javier Lalín

Lalín

Este martes se celebró el Día de las Librerías con el objetivo de reivindicar su papel cultural en nuestra sociedad, promover el hábito de la lectura y apoyar el comercio de cercanía, frente a la competencia de la venta online y los libros digitales.

Anxo Álvarez García y Amadeo González Cuñarro son un buen ejemplo de una segunda generación que ha tomado las riendas en Lalín de las librerías Álvarez y Dalvi, respectivamente. Ambos comparten el gusto por la lectura y una perspectiva comercial con visión de futuro.

Amadeo González. 
|  Bernabé/Javier Lalín

Amadeo González. / Bernabé/Javier Lalín


Amadeo González Cuñarro
Librería Dalvi

«A la gente aún le gusta el olor a libro nuevo»

—¿Se lee mucho o no en Lalín?

Mi percepción es que cada vez se demanda más libros. La verdad es que no te sabría decir las razones, pero es algo que yo lo noto bastante. También noto la demanda del libro en gallego, pero luego las cantidad de novedades que salen –que es imposible tenerlo todo– cada vez hay más gente que demanda más libros.

—¿Qué significa ser librero en un mundo con tantas opciones digitales?

Precisamente estaba acabando de leer un libro que se llama El infinito en un junco, de Irene Vallejo, donde habla bastante sobre las librerías. Es un negocio muy antiguo. Nosotros somos comerciantes, sin duda eso es lo primero, pero también pienso que tiene un punto romántico. A mi personalmente el libro –crecí con eso– es algo que me apasiona. Además de librero soy lector. Quizás antes que librero fui lector. Entonces, te diría que mi vida siempre estuvo vinculada al libro y para mi es algo más que un negocio.

—¿Qué tiene que tener una librería para que a alguien le apetezca volver a ella?

Hoy en día es muy difícil abarcar todo lo que hay en el mercado porque la cifra de novedades es inabarcable. Es importante estar pendiente de lo que demanda el público mayoritariamente porque esa es la parte comercial y es el día a día de una librería. Y luego, creo que también hay que tener en cuenta las particularidades de la zona en la que estás y escuchar mucho a los clientes. Hay una parte que es importante atender que tiene que ver con los clientes de tu zona y con tu visión personal. La gente valora mucho la opinión y el consejo que te pueda dar el librero.

—¿Qué le diría a alguien que asegura no tener tiempo para poder leer?

Es difícil porque cada uno tiene sus circunstancias. Yo procuro sacar siempre un momento para leer. Esto pasa con todo, que si algo te gusta siempre sacas tiempo para hacerlo. Hay gente que no le gusta leer y es respetable. También creo que leer es placentero y que tiene mucho de hábito. Es un hábito que se puede cultivar.

—¿Cómo ve el futuro de las librerías?

A raíz del ensayo que te decía que estaba leyendo, donde habla de que es un negocio antiquísimo y que tiene muchísimos siglos de existencia, yo creo que las librerías tienen que adaptarse. Tienen un valor añadido sobre lo que te puedes encontrar en internet y personalmente estoy convencido de que tienen mucho futuro.

—¿Se lee mucho o no en Lalín?

Yo creo que aquí se dan los puntos opuestos sobre este tema. Por un lado tenemos una clientela muy fiel que lee y lee muchísimo, es muy lectora, pero en general no se lee lo que se debería. Nosotros vendemos muchísimo libro infantil, eso sí, porque lo que es para el pública infantil sí que se está vendiendo mucho libro, pero como te digo en adulto no hay termino medio, los que leen mucho no hay tantos. Al menos, esa es nuestra percepción.

—¿Qué significa ser librero en un mundo con tantas opciones digitales?

Desde luego, todo un quebradero de cabeza porque antes aún podías hacer unas estimaciones de venta. Por ejemplo, en campañas así importantes como Navidad podías barajar algún tipo de estimación. Hoy en día, con los libros electrónicos es todo muy superficial. No puedes mantener ni saber que tipo de campaña vas a poder realizar ni nada porque un año es una buena campaña de libros y otro, sin embargo, es desastrosa.

—¿Qué tiene que tener una librería para que a alguien le apetezca volver a ella?

Aparte de un buen surtido de libros, yo creo que es primordial que haya una persona que sepa vender el libro. Es decir, que tú me vengas y me digas que necesitas un libro más o menos de un estilo, de un género literario y que yo te pueda ofrecer de mejor manera posible un producto de lo que necesitas. Es fundamental especializarse y ser muy profesionales. Normalmente, los clientes vienen a tiro fijo porque son lectores muy fieles al autor. Lo que pasa es que después existe el problema del que busca algo para una persona que le gusta leer pero no sabe de que tipo de lectura se trata. Eso es complicado.

—¿Qué le diría a alguien que asegura no tener tiempo para poder leer?

El tema del tiempo lo relativizamos muy mal porque después pasamos 40 minutos con el dedo en el móvil sin que sea algo productivo. Yo les diría que prueben, que se autoconvezcan de que realmente puedan ponerse una meta de media hora al día para leer. Una vez que lo hagan se van a enganchar. Nos bombardean con demasiados estímulos externos y perdemos lo que es la esencia de lo básico.

—¿Cómo ve el futuro de las librerías?

Una vez superado el paso del eBook la gente volverá al papel porque aún le gusta poder sentir el libro y le gusta el olor a libro nuevo. Nos lo dicen muchas veces.

Anxo Álvarez en su librería de Lalín.

Anxo Álvarez en su librería de Lalín. / Bernabé/Javier Lalín


Anxo Álvarez García
Librería Álvarez

«Ser librero tiene un punto romántico»

—¿Se lee mucho o no en Lalín?

Mi percepción es que cada vez se demanda más libros. La verdad es que no te sabría decir las razones, pero es algo que yo lo noto bastante. También noto la demanda del libro en gallego, pero luego las cantidad de novedades que salen –que es imposible tenerlo todo– cada vez hay más gente que demanda más libros.

—¿Qué significa ser librero en un mundo con tantas opciones digitales?

Precisamente estaba acabando de leer un libro que se llama El infinito en un junco, de Irene Vallejo, donde habla bastante sobre las librerías. Es un negocio muy antiguo. Nosotros somos comerciantes, sin duda eso es lo primero, pero también pienso que tiene un punto romántico. A mi personalmente el libro –crecí con eso– es algo que me apasiona. Además de librero soy lector. Quizás antes que librero fui lector. Entonces, te diría que mi vida siempre estuvo vinculada al libro y para mi es algo más que un negocio.

—¿Qué tiene que tener una librería para que a alguien le apetezca volver a ella?

Hoy en día es muy difícil abarcar todo lo que hay en el mercado porque la cifra de novedades es inabarcable. Es importante estar pendiente de lo que demanda el público mayoritariamente porque esa es la parte comercial y es el día a día de una librería. Y luego, creo que también hay que tener en cuenta las particularidades de la zona en la que estás y escuchar mucho a los clientes. Hay una parte que es importante atender que tiene que ver con los clientes de tu zona y con tu visión personal. La gente valora mucho la opinión y el consejo que te pueda dar el librero.

—¿Qué le diría a alguien que asegura no tener tiempo para poder leer?

Es difícil porque cada uno tiene sus circunstancias. Yo procuro sacar siempre un momento para leer. Esto pasa con todo, que si algo te gusta siempre sacas tiempo para hacerlo. Hay gente que no le gusta leer y es respetable. También creo que leer es placentero y que tiene mucho de hábito. Es un hábito que se puede cultivar.

—¿Cómo ve el futuro de las librerías?

A raíz del ensayo que te decía que estaba leyendo, donde habla de que es un negocio antiquísimo y que tiene muchísimos siglos de existencia, yo creo que las librerías tienen que adaptarse. Tienen un valor añadido sobre lo que te puedes encontrar en internet y personalmente estoy convencido de que tienen mucho futuro.

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