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Calor perpetuo para Marcos Torres

Cerca de 400 personas acuden a la comida de homenaje al sacerdote lalinense

Feligreses al fnal de la misa en la escalinata de la iglesia.

Feligreses al fnal de la misa en la escalinata de la iglesia. / | Bernabé

Alfonso Loño

Alfonso Loño

Lalín

El sacerdote Marcos Torres Gómez recibió ayer el calor de sus fieles. Las muestras de cariño, afecto y respeto se sucedieron en su último día como párroco de Lalín, tanto en la eucaristía de mediodía que presidió como en el posterior ágape celebrado en el pabellón municipal. El templo de As Dores se abarrotó en una singular misa en la que representantes de la mayor parte de las parroquias de las que Torres era su responsable religioso intervinieron para agradecerle no solo su labor pastoral sino la calidad humana con la que trató a sus convecinos. También tomó la palabra el alcalde de Lalín, José Crespo, quien aseguró que el sacerdote «continuará su misión con vocación y sabiduría» en su nuevo destino, en el municipio coruñés de Melide. «Por supuesto, en Lalín seguirá teniendo su casa. Gracias por todo y por tanto», proclamó. Las lágrimas de algunos monaguillos dejaron los instantes más emotivos del oficio, que remató con las Pandereteiras Ponte da Prata de Botos tocando en la puerta de la iglesia.

Una monaguilla 
llora en la 
misa.  |  Bernabé

Marcos Torres con sus padres, hermanos y familiares. / | Bernabé

Intervención del sacerdote en la comida celebrada en el pabellón.

Intervención del sacerdote en la comida celebrada en el pabellón. / Bernabé

Unos 400 comensales se citaron en el pabellón al que Torres entró ovacionado y con los presentes en pie. El homenajeado, en la bendición de la mesa, pidió «por los que pasan dificultades en este pueblo». Entre los asistentes estaban, además del alcalde, el conselleiro de Educación Román Rodríguez, y ediles de la corporación municipal. La organización entregó un presente a la madre de Marcos Torres, Sara Gómez, en un ágape con presencia de ocho sacerdotes, la mayoría de fuera de Lalín.

Intervención de Marcos Torres en la comida celebrada en el pabellón municipal.   |  Bernabé

Una monaguilla llora durante la misa. / Bernabé

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