«¿El secreto para llegar a las bodas de platino? La paciencia»
Los estradenses Basilio Rosende y Ester Martínez celebran los 65 años de casados

Celebración de sus 65 años de casados el pasado miércoles. / Cedida
«Parece fácil pero no lo es», bromea Basilio cuando se le pregunta por los 65 años de casado que acaba de cumplir Ester. «A los 70 ya no llego, antes me divorcio, que ahora está de moda», continúa entre los reproches de su mujer y de su hija Pili. En lo que ambos sí están de acuerdo sin embargo es en el secreto para alcanzar las llamadas bodas de platino: «tener paciencia y aguantar», setencia Basilio, «tanto por una parte como por la otra», apuntilla Ester.
Lo que está claro es que los 65 años de casados no han mermado ni el buen humor ni el entendimiento de una pareja que, al contrario de lo que podría imaginarse, no se casó especialmente joven. Fue el 5 de noviembre de 1960 cuando Manuel Basilio Rosende Louzao y María Ester Martínez Caramés contrajeron matrimonio en una fiesta organizada en Figueroa, en la casa familiar de la familia de Ester. Tenían 26 y 25 años.

Foto de la boda de Basilio y Ester en 1960 / Cedida
Era el punto final a un largo noviazgo que se inició cuando ambos tenían unos 17 años. «Los dos teníamos familiares comunes. Era ella de los Martínez de Figueroa y yo de los Rosende de Matalobos. Sin embargo, ella tenía familiares en Santa Baia, así que siempre venía a la fiesta al lado de mi casa», recuerda Basilio. Fue en una de estas fiestas donde dio comienzo su historia en común. No todo fue sin embargo un camino de rosas en sus primeros años. «Íbamos y veníamos», recuerda un Basilio que se defiende de su fama de ligón ante las risas de su mujer. «Me ligaban ellas a mí», sentencia.
A pesar de esas idas y venidas, lo suyo acabó en boda. Ella vistió de negro, como marcada la moda en la época, en una celebración sencilla a la que acudieron una veintena de personas. Su luna de miel no fue muy lejos. La familia alquiló una casa en Vea y allí se fueron a pasar su primera noche como marido y mujer. Allí nacieron sus tres primeros hijos, antes de mudarse a una nueva casa en la zona del Cruceiro, donde nació su cuarta hija. Finalmente, hicieron su propia casa en la Tercera Travesía de América, donde tuvieron tres hijos más.

Celebrando los 25 años de casados. / Cedida
Todos estos años sirvieron a Basilio para confeccionar una larga lista de trabajos, mientras que Ester se dedicaba a cuidar de la casa y la familia, además de una etapa en la que tejía prendas en casa que él vendía después. Tras perder a su padre con cinco años Basilio se hizo cantero y, cuando el trabajo escaseó, carpintero. Su vida sin embargo cambió en la mili, cuando se hizo amigo de un cabo que le enseñó a ser fotógrafo. Tras eso, compró una cámara Kodak y los productos necesarios «Iba por las fiestas y las misas sacando fotos a la gente», recuerda. Años después fue viajante de Muebles Valcárcel y fue vendedor de los chocolates La Perfección, «qué ricos son», apostilla recordando los anuncios de la marca. Por su trabajo le terminaron dando el mote de «Basilio o dos muebles», mientras que su mujer es conocida como «Ester do Pallal».

El día de la celebración de sus bodas de oro. / Cedida
Ahora, Basilio ya cuenta 91 años, mientras que Ester tiene 90. Su familia ha ido creciendo para abarcar una docena de nietos y dos bisnietos, quienes tienen previsto juntarse el domingo para realizar una comida de celebración con motivo de sus 65 años de casados.
Basilio reconoce que en todo este tiempo han vivido momentos duros y otros muy felices. «Hoy nos cabreamos y mañana ya estamos bien. Es normal. No todo es un camino de rosas. Hubo cientos de problemas. Pero lo importante es estar juntos y quedarse con los buenos momentos que vivimos», argumenta.
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