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Carmen Carballude Galego | Terapeuta

“Todavía recibo el típico comentario de ‘curandera’, pero no me ofende nada”

“El centro nació solo, después de que la gente me empezara a pedir que la tratara”

Carmen Carballude en la 'Operación Cesta' tras un incendio forestal en Siador, Silleda.

Carmen Carballude en la 'Operación Cesta' tras un incendio forestal en Siador, Silleda. / | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

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Iria Otero

Lalín

Carmen Carballude Galego (Lalín,1968) siempre ha tenido curiosidad por las terapias alternativas, sobre todo a raíz de enfermar, momento en el que se puso a buscar otras opciones que pudieran ayudarla a tratarse. A partir de ahí empezó a hacer diferentes cursos que la llevaron a pasar bastante tiempo entre Madrid y Barcelona. Ya en Galicia se dio cuenta de que la gente le empezaba a pedir cita para que los tratara y se decantó por montar su propio centro, en el que hay una muy amplia oferta de tratamientos. Al aumentar su cartera de clientes dejó su trabajo en su tienda de arreglos de ropa y empezó a dedicar todo su tiempo a una pasión que ha terminado por convertirse en su profesión.

–¿De dónde nace su interés por las terapias alternativas?

–Todo comenzó hace 30 años, cuando un compañero de trabajo que se dedicaba a la medicina tradicional, también tenía sus habilidades en la terapia alternativa. Aunque en ese momento no le dediqué más que mi curiosidad, luego comenzó todo cuando me enfermé. Ahí busqué alternativas y opciones de sanarme y empecé a compaginar la medicina tradicional y alternativa y a formarme. No tenía ninguna intención de dedicarme a ello en aquel momento.

–¿Cómo fue esa formación?

–Hace casi 30 años, aquí en Galicia no había mucha terapia alternativa, así que lo que hice fue irme a Barcelona y a Madrid para hacer formación en constelaciones familiares, en acupuntura, medicina tradicional china, osteopatía e hice también, a través de la Universidad de México, pedagogía sistémica. Hice muchísimos cursos, estuve media vida estudiando, pero como me gustaba, para mí fue un placer. Lo que intentaba era sanarme yo.

–¿Siempre tuvo claro que cursos quería hacer o a medida que iba aprendiendo se iba interesando por más cosas?

–A medida que iba descubriendo cosas, quería saber un poco más. Buscaba qué terapia me podía dar ese poquito más. Me iba anotando a otras cosas, y como yo trabajaba y tenía una niña de la que ocuparme, que en ese momento era menor, ir a Barcelona y a Madrid suponía un gasto y un tiempo y tenía que compaginar mucho, pero siempre todo era fuera de Galicia, porque aquí no había mucho conocimiento del tema.

–¿En qué momento toma la decisión de abrir su propio centro de terapias?

–Todo nació en Barcelona, en el 2008, cuando yo estaba haciendo la formación en terapia regresiva. Allí conocí a un montón de gente que hacía terapias diversas y conocí a un osteópata. Yo ya había empezado a hacer osteopatía aquí, en Pontevedra, y le propusimos que nos diera unas clases porque vimos que sabía muchísimo, que era muy maestro de su técnica y le propusimos que nos diera unas clases de lo que él hacía en el País Vasco. Nos dijo que no, que se venía a Galicia una vez al mes para enseñarnos cosas de acupuntura, para perfeccionar lo que nos enseñaban en las escuelas y vino. Cuando la gente lo conoció quiso que la trataran, pero al poco tiempo estaban pidiendo cita para mí. No daba crédito, pensaba: “¿Cómo voy yo a atender a nadie si estoy ocupándome de mí?”. Y así empezó, con la gente pidiendo que yo la tratara. Fue cuando pensé que tenía que hacer algo y fue como nació el centro, surgió solo.

–¿Cuál fue la acogida del centro?

–Hay que tener en cuenta que vivimos en una zona rural, y nuestra Galicia hereda un poco los conceptos de la brujería, como se suele decir y se confunde un poco la osteopatía, la acupuntura con ese tipo de prácticas, pero es por nuestra cultura simplemente. Hay mucho desconocimiento aún. No tanto como cuando empecé, realmente tengo que estar agradecida porque la gente de aquí me respondió muy bien, aunque todavía hay el típico comentario de la curandera o ese tipo de cosas, pero a mí no me ofende para nada, porque forma parte de lo que se ha vivido aquí. Aunque al principio era difícil entrar y hablar del tema, poco a poco la gente se fue abriendo y tengo que estar muy agradecida a toda la gente de aquí y también a todos los que vienen de fuera, que por suerte son muchísimos.

–¿Ahora se dedica exclusivamente al centro?

–Al principio, los cursos eran muy costoso porque desplazarme a Barcelona y a Madrid suponía dejar de trabajar aquí, tenía que irme varios días y pagar tanto aquí como allí la estancia, las dietas y el curso. En los comienzos iba combinando el trabajar y el estudiar y dedicaba a esto mucho menos tiempo, lo que pasó es que esto se fue modificando solo. Llega un momento en el que a mí esto me lleva el 100% del tiempo. Yo trabajo de mañana y tarde, y casi siempre hasta las once de la noche. Los fines de semana tengo los talleres grupales y doy cursos. Ya no es compatible con nada más.

–¿Qué tipo de terapias podemos encontrar en su centro?

–De todo lo que he hecho, porque a mí la curiosidad siempre me llevó a hacer cosas, pero de todo, siempre hay algo por lo que tienes más debilidad, por así decirlo. Esta es la genética emocional. Son los patrones que heredamos de un árbol familiar. Eso es lo que más me atrae, pero de todas formas hay una variedad muy amplia de clientes, desde rehabilitación hasta psicoterapia, autoayuda, gestión de conflictos personales. Hay mucha demanda para la gestión de conflictos emocionales. Eso es muy típico, muy habitual. También hay acupuntura, soy técnico en biorresonancia, tengo una máquina, que hay muy pocas en Galicia, así que hay mucha demanda de ello. Hay una oferta muy amplia.

–Hay gente que ve esto como algo que va en contra de la medicina tradicional. ¿Qué les responde a estas personas?

–Yo siempre digo que cuando me he enfermado no me he negado a nada. Cuantas más opciones tenga, más puertas se me pueden abrir. Esto es un complemento con la medicina convencional. Yo en ningún momento le digo a la gente lo que tiene que hacer, para nada. Vivimos en una era donde hay muchas opciones y no hay que cerrar las puertas a nada porque cabe todo. Esto no va en contra de nada, al contrario, es un complemento. Yo del gremio sanitario tengo muchos clientes, así que por suerte hacemos un buen equipo. Es magnífico poder tener muchas opciones para resolver el mismo problema.

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