Un artista de altura

El trasdezano Picho ha creado, desde 2016, murales, con cada uno de los homenajeados por el Día das Letras Galegas para el colegio Ramón Valenzuela de A Bandeira

Picho, junto al mural por las Letras Galegas, en el Ramón Valenzuela de A Bandeira.

Picho, junto al mural por las Letras Galegas, en el Ramón Valenzuela de A Bandeira. / | // BERNABÉ/ JAVIER LALÍN

Iria Otero

Francisco Alén Pena, conocido por todos como Picho, es un gran aficionado a la pintura. Tanto le apasiona estar rodeado de pinturas y pinceles, que los murales del colegio Ramón Valenzuela de A Bandeira están hechos por él. Su relación con el centro educativo se remonta a hace más de quince años, casi nada. “Primero hice los murales de Mickey Mouse y otros personajes, que me los pidieron, y como era para niños, me inspiré en las historias de Disney”, reconoce Picho. Fue a raíz de esos diseños, con los que el centro quedó encantado, cuando le encargaron que diseñera y pintara un pequeño mural por cada autor al que se le dedica el Día das Letras Galegas.

Ya son nueve los autores que este artista por afición ha dibujado en el frontispicio del colegio. “Empecé haciendo el de Manuel María, en el 2016, y a partir de entonces cada año se suma uno”, dice el silledense. Esta propuesta surgió después de que uno de los profesores del centro, un conocido del pintor, le planteara la idea. Picho no dudó en responder que para él era “un reto, porque nunca había hecho una cosa similar, y tenía un poco de miedo de que quedara mal”. Además, tampoco le era nada sencillo negarse a esta petición porque reconoce que el colegio siempre lo trató muy bien, y que eso le hizo aceptar colaborar.

Por parte del Ramón Valenzuela, desde el minuto uno, le transmitieron una total confianza y libertad para que hiciera el diseño que al artista más le convenciera o le gustara. “Me dijeron que hiciera lo que me apeteciera, y eso me animó un poco para empezar a crear”.

En cuanto supo lo que tenía que hacer, homenajear al elegido en las Letras Galegas, a su mente le llegó la idea de lo que podía dibujar. “Tomé la decisión de poner el nombre, un retrato del personaje y ponerle la firma por debajo. De esta manera se podía identificar bien al autor”, cuenta Picho. Tras tener clara la idea, se fue al colegio para ver si se la aceptaban, o si por el contrario debía presentar una nueva propuesta. “A todo el mundo le gustó. La única modificación que tuve que hacer fue cambiarle el color a las letras”.

El centro se encargó de pagarle el material, y de pedirle al Ayuntamiento un andamio, porque claro, el encargo era en las alturas. Una vez tuvo todo lo necesario para comenzar, lo primero que hizo fue pintar la pared de blanco, y una vez hecho “empecé a hacer los diseños. Aunque mi colaboración en realidad ha sido muy pequeña. Solamente me subí al andamio, dibujé el personaje y nada más”, dice Picho humildemente.

Uno de los murales pintados por Picho.  | // BERNABÉ/ JAVIER LALÍN

Uno de los murales pintados por Picho. / | // BERNABÉ/ JAVIER LALÍN

Pero el pintor silledense no llegó a la parte superior de la fachada sin tener nada preparado. En su casa, hizo el retrato del homenajeado, después lo amplió, realizó una plantilla en un papel de croquis, y, por último, lo pasó a la pared. Una vez hecho esto ya solo tuvo que ponerse a pintar. Picho reconoce que todo este proceso es “un poco laborioso, pero bueno, merece la pena porque queda mucho más natural de esta manera”.

Ahora que ya se conoce cómo hace sus obras y diseños, la gran pregunta es, ¿cuánto tiempo tarda en terminar este encargo? Pues Picho revela que no se pasaba ocho horas, lo que duraría una jornada laboral, en el centro pintando. “A lo mejor un día iba dos horas, otro tres… Como me daban tiempo suficiente y nunca me metieron prisa, pues iba haciendo poco a poco. A lo mejor tardaba sobre cuatro o cinco días. Eso sí, si el tiempo era bueno. Pero podía pasar que por algún motivo no pudiera ir un día y se atrasaba un poco más”, afirma el artista. Los plazos nunca fueron un problema porque al colegio no le cobraba nada, ni el tiempo que dedicaba a cada proyecto ni nada, solo el material, porque el resto, como él reconoce lo hizo por una “colaboración con el centro que siempre le trató a las mil maravillas”.

A Picho, como ya se mencionó anteriormente, siempre le gustó la pintura, pero nunca se dedicó a ella profesionalmente, una pena tal vez. Dio varios cursos en la Casa da Cultura de A Bandeira, que le ayudaron a mejorar su técnica. También hizo algunas exposiciones, aunque muy esporádicas, porque es algo que le gusta y es algo que siempre tuvo dentro. “Ya de niño, en el colegio, me gustaba dibujar. Siempre me gustó. De hecho, como anécdota, tengo que decir que la mejor nota que sacaba siempre era la de dibujo. En las otras asignaturas iba un poco más flojo”.

Leyendo esto es fácil pensar, si siempre le apasionó la pintura, y encima se le daba y se le sigue dando bien, ¿por qué no hizo de ello su profesión? La respuesta nos la da el propio pintor: “No me pude dedicar a esto porque era costoso y resultaba muy difícil mantenerse en este mundo”. Aunque se quedó en una afición hubo quien veía futuro en él. “Tuve relación con Paco Lareo. Él me empujaba a que lo intentara, pero no me animé”. Aunque finalmente no se atrevió a probar suerte, la realidad es que su arte y diseños perdurarán durante muchos años por todo el colegio Ramón Valenzuela de esta localidad.

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