Desde Vigo con valor

La política trajo a la concejala viguesa de Igualdad y exdiputada de Turismo, Ana Laura Iglesias, hasta Sabucedo: se enamoró por completo de la Rapa das Bestas y se hizo “aloitadora”

Iglesias debutó como “aloitadora” en 2023. En la imagen, tras saltar sobre el caballo.

Iglesias debutó como “aloitadora” en 2023. En la imagen, tras saltar sobre el caballo. / BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Ana Cela

Ana Cela

La política la subió en un coche con destino Sabucedo. Ana Laura Iglesias González llegó a esta parroquia de A Estrada en julio de 2021 y como diputada provincial de Turismo. Lo que sintió entonces la ahora edil de Igualdad en el Concello de Vigo fue un auténtico flechazo. Su papel institucional le permitió conocer la que habría de convertirse en una vibrante pasión, uno de esos amores que no atienden a razones ni circunstancias, que simplemente se sienten y se viven. Absolutamente nada ataba a esta viguesa a Sabucedo; la Rapa das Bestas no tenía por qué galopar por sus venas. Sin embargo, se convirtió en ejemplo de que una aloitadora nace... o se hace.

“Caí allí. Conocía la Rapa de oídas y de leer en prensa sobre ella, pero nunca me había coincidido ir”, explica Ana Laura Iglesias, mientras rememora su llegada a Sabucedo durante la Rapa –todavía muy marcada por la crisis sanitaria del coronavirus– de 2021. “Quedé totalmente impresionada”, confiesa, asumiendo que es este un sentimiento que se convierte en denominador común para muchos de los que se entregan sin prejuicios al descubrimiento de esta tradición.

Cautivada por la Rapa, la política de Vigo descubrió Sabucedo: sus vecinos, su vínculo ancestral con los caballos que viven libres en los montes que rodean esta pequeña aldea y otras tradiciones tan propias de este enclave de A Estrada como el MUSA, esa muiñada y magosto con la que se celebra el Samaín en esta parroquia. Fue invitada a sumarse a la jornada y a asistir al preestreno de la película de Rodrigo Sorogoyen, 'As Bestas'. “Me invitaron a pasar con ellos el fin de semana y a vivir el MUSA en todo su esplendor. Conocí a la gente del pueblo, sus costumbres. Michel Touriño que acogió en su casa esos días y, desde ahí, muchos fines de semana más”, recuerda.

Iglesias González se quedó enganchada a Sabucedo y comenzó a viajar hasta esta parroquia estradense todos los fines de semana, sumándose como una más al trabajo que exige mantener viva esta tradición secular, reconocida desde 2007 como Fiesta de Interés Turístico Internacional. “Intento venir todos los fines de semana, festivos y demás. Hay que conocer cómo son los animales; no puedes entrar en el curro sin un entrenamiento y conocimiento previos”, admite.

La edil viguesa de Igualdad, Ana Laura Iglesias, en uno de los dos curros de Sabucedo en los que “aloitó” este año.   | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

La edil viguesa de Igualdad, Ana Laura Iglesias, en uno de los dos curros de Sabucedo en los que “aloitó” este año. / BERNABÉ/JAVIER LALÍN

“Me enamoré de ese cariño que le tienen a las bestas, de ese respeto profundo hacia los animales”, confiesa la edil de Vigo. Su faceta institucional la trajo a Sabucedo, pero se convirtió en una más en el ejército que defiende –sin más armas que las manos y el corazón– este legado. “No lo hacía con la idea de llegar a ser aloitadora, ni mucho menos”, reconoce. Pero es lo que es. Ana Laura Iglesias pisó la arena del curro del Campo do Medio en la Rapa de 2023, después de muchos meses de trabajo en el monte y de la instrucción previa que le ofrecieron sus ahora compañeros en esta noble lucha.

"Adrenalina en estado puro"

El debut de esta viguesa se produjo en el tercer curro –el del lunes– del año pasado. Sin embargo, entró ya el sábado y el domingo en el recinto para ir tomando contacto. Portaba la estera que se usa para recoger las crines que se cortan a los caballos; llevaba las tijeras allí donde hiciesen falta o desparasitaba a los animales. Y llegó el día. Dos a la cabeza y uno al rabo, así lo dicta el código del aloitador. A ella le tocaba saltar sobre la besta e ir a la cabeza. Sus padrinos en este particular bautizo, Carlos Castrelo –también a la cabeza– y Míchel Touriño, al rabo.

Sencillamente, dio el salto. “No hay palabras para describirlo. Es adrenalina en estado puro. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Fue tremendamente emocionante”, rememora, saboreando todavía esa maravillosa sensación. “Solo estas tú y la besta que vas a aloitar. El resto desaparece. De hecho, no escuchas nada, ni los aplausos ni los comentarios. Solo le haces caso a los dos compañeros con los que vas”, relata.

El público pudo ver a Ana Laura este año, aloitando en el curro del pasado domingo y en el del lunes. “Los nervios están ahí siempre. La tensión es máxima. Son animales muy poderosos y muy pesados; no se puede bajar la guardia en ningún momento”, explica.

¿Cómo llega una concejala de Vigo a ser aloitadora de Sabucedo? Pues su relato lo describe: por amor. El vínculo de Iglesias con la Rapa es puramente emotivo. La Rapa la ha hecho suya. Además, está muy agradecida con la acogida que Sabucedo brinda siempre a quienes estén dispuestos a trabajar por este legado. “Sabucedo es mi segunda casa. Son mi familia para todo. Me siento muy querida y gradecida por su acogida porque me tienen como una más, no solo de los aloitadores, sino de los vecinos de Sabucedo”, comenta. “Ellos saben que toda la ayuda es necesaria”, aporta también la concejala viguesa de Igualdad, muy consciente de que es bien cierto que la Rapa das Bestas dura los 365 días del año, sin limitarse al primer fin de semana de julio. “La semana que viene estaremos ya en el monte otra vez. La Rapa es el culmen, pero si no fuese por todo el trabajo que se hace durante el año, no habría Rapa”, asume.

Con la responsabilidad que le es propia en el gobierno de la ciudad olívica, la pregunta es obligada, tanto como esperada la respuesta. “Es verdad que la mayoría son hombres, pero desde el minuto uno fueron ellos los que me animaron a aloitar; son ellos los que desean que haya más aloitadoras”, dice. Ana Laura ha respondido a la llamada de la tradición. No tuvo que arrullarla en su cuna; le salió al encuentro cundo tuvo la ocasión porque sabía que ella estaba dispuesta a escuchar y –todavía más importante– a sentir.

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