Entrevista | Ricardo Terceiro Vilas Escritor e historiador estradense

“Esta no es la historia de un pueblo, es la historia de la gente de un pueblo”

En “Historias de adoquín” repasa, a partir de un centenar de relatos y desde una perspectiva personal, el pasado y las vivencias de varias generaciones de estradenses

Ricardo Terceiro, en la zona de la calle Calvo Sotelo que ilustra su libro y en la que se destapó la antigua calzada de adoquín.

Ricardo Terceiro, en la zona de la calle Calvo Sotelo que ilustra su libro y en la que se destapó la antigua calzada de adoquín. / Bernabé/Javier Lalín

“Liquidación por cierre” fue el título de la última de las 73 historias publicadas por Ricardo Terceiro en sus redes sociales, todas ellas bajo el mismo epígrafe “Historias de adoquín”. En realidad aquello no se trataba de un adiós, sino de un hasta luego. Todas esas historias ampliadas y mejoradas quedaron recopiladas en un libro que salió a la venta en los últimos días y que está causando furor en A Estrada. Durante meses las historias este estradense han cautivado a cientos de vecinos, en un viaje al pasado que ahora cambia de formato para convertirse en algo más tangible y eterno. Es un buen momento para sentarse con Terceiro a hablar de este y de otros proyectos en marcha.

–Este no es el primer libro que publica. Hace unos años presentó un trabajo sobre la historia del estadio de A Baiuca. Ahora lo volvemos a ver mirando al pasado, con “Historias de adoquín”. ¿De dónde le viene esta faceta de historiador?

–Aunque parezca mentira, ya estudié geografía e historia en la Universidad de Santiago pero fue una carrera frustrada. Fue el año en el que murió Franco y había mucho movimiento social y universitario en contra de la llegada del Rey. Además, había problemas en Ferrol con el tema de los astilleros. Eso hizo que dejase de ir a Santiago todos los días para ahorrar dinero a mi padre. Como estaba con prórrogas en la mili decidí hacerla y ver si mientras se normalizaba la situación. Cuando llegué de vuelta ya tenía un puesto de trabajo esperando y no tenía nada que ver con la historia. Así fue como renuncié a mi carrera, aunque siempre me siguió gustando la historia.

–¿Y fue ahora cuando regresó esa vena de historiador?

–No creo que tenga mucho que ver. Yo estuve 29 años trabajando en el Concello, de cara al público. El pueblo de A Estrada tenía de aquella 7.000 habitantes y todos venían a pagar sus impuestos al Concello. Eso me permitió conocer a todo tipo de personas y siempre me interesé por todas las historias que tenían que contar. Ya desde adolescente me quedaba a veces en el puesto de conserje de mi padre en el Concello. Allí conocí a los alcaldes de barrio que venían a pedir bombillas y sabía de lo que pasaba en las aldeas. Todo eso generó recuerdos y anécdotas que me fueron quedando. La gente piensa que tengo muy buena memoria pero no es tanto. Son algunas de las historias que sí que recuerdo.

–Y luego llegó el día en el que levantaron el asfaltado de la calle Calvo Sotelo y quedó a la vista el viejo adoquín.

–Ahí afloraron muchos recuerdos. Cuando ves de nuevo ese adoquín que pisaste tantas veces, con sus curvas y sus baches, te vienen imágenes de otra época y surgió la idea de hacer un recuerdo en las redes sociales. Ya sabes, con cuatro o cinco “me gusta” de los amigos. Sin embargo fui añadiendo otras historias y vi que el boca a boca iba tejiendo una tela de araña, aunque no era mi intención inicial. Al final somos una generación en la que todos pasamos por la Cafetería Central, todos le robábamos claudias a María y todos escuchábamos la campana de la iglesia desde su terraza. La primera historia que publiqué es el preámbulo del libro. Luego fui publicando otras, hasta que me di cuenta que aquello era interesante, así que volví para atrás y empecé a ponerle el título a todas con números romanos.

–Este no es sin embargo un trabajo histórico al uso, ya que cuenta con una visión muy subjetiva.

–Subjetiva sí, pero es una historia común con la gente de mi generación. Todos nos robamos el primer morreo en la parte de atrás de los jardines, todos jugamos al brilé allí... esta no es la historia de un pueblo, es la historia de la gente de un pueblo. La primera es una recopilación de datos. La segunda son relatos personales de un gran número de estradenses.

Un libro sobre sus relatos sobre el Estradense que saldrá publicado con motivo de su centenario

–Hay que recordar que, además de “Historias de adoquín”, usted también tiene otra sección en sus redes sociales, en este caso centrada en historias y anécdotas del Club Deportivo Estradense. ¿Esas también las veremos en forma de libro ahora que se cumple el centenario del club?

–Sí, ese libro está hecho, con todas las historias que publiqué en “Históricos del Club Deportivo Estradense”. En ese caso lo que hice fue contar la historia del Estradense temporada a temporada desde que está federado hasta que ficharon Manuti y Javicho. De ahí para atrás la historia del Estradense es una especie de Guadiana, aparece y desaparece. Su fundación fue en el año 1925. Yo fui recopilando todos los partidos amistosos que jugó. En esos años previos solo hay una referencia en prensa de un partido en el que se dice que ambos equipos estaban federados en las ligas locales en el año 1927. En definitiva la historia del Estradense desde que nació y, desde su federación, con un capítulo por año. Ahí se detalla presupuesto, directiva, entrenador, jugadores... y lo completo con notas del autor, en las que comento curiosidades de esa temporada. Se hace también mención a determinadas figuras, como el caso de Cándido Tafalla, quien jugó en el Fortuna y el Vigo. Fue uno de los grandes jugadores de la época y el primer entrenador del Estradense. Fue fusilado junto al alcalde y a otros concejales en la Guerra Civil.

–Ya hay planes de cuándo saldrá a la venta ese libro.

–El libro se va a publicar. Si lo hace la Diputación y el Concello, bien, aunque en si ellos corren con los gastos serían gratuitos. Si lo quiere publicar el Club Deportivo Estradense para ganar algo de dinero con los derechos, citándome como autor, encantado. No querría autoeditarlo como este porque no quiero meterme en terreno del club. Todavía hay tiempo para tomar una decisión.

“Lo que más que costó contar fue lo de Igrovi”

–De ese centenar de historias que recopila en su libro, ¿cuál fue la que más le gustó contar?

–Sinceramente, todas. Yo cuento historias que me gustan. Las que no me gustan, nos las conté. La historia que más me costó contar fue la de Igrovi, no por lo qué pasó sino por cómo pasó. La pude acortar un poco y centrarme solo en el auge pero preferí dejarla como salió publicada inicialmente.

–Esas historias que compartía también se fueron enriqueciendo con las aportaciones de sus lectores.

–Sí, claro. Yo compartía mis recuerdos pero luego aparecía gente que vivió eso en primera persona y se acordaba de más cosas. Las aportaciones sirvieron para corregir algunos detalles en un par de casos y en otros para ampliar.

–Ya hablamos de su faceta como historiador pero creo que también tiene una como escritor que pocos conocen.

–La vena de escritor, entre comillas, me viene desde muy atrás. Nueve meses antes de nacer mi segundo hijo Román se me dio por pintar y nueve meses antes de nacer mi hijo Lucas se me dio por escribir. Ahí comencé una novela en gallego. Era la segunda edición del premio García Barros y quería presentarla. De aquella no había ordenadores, así que la hice manuscrita. Es una novela que se adelanta al futuro. Cuando algún día la termine y la publique, lo veréis. Se llama “Castreliño”, el nombre de una aldea. Era el año 98 y escribía en mis ratos libres. Cuando iba por la página 58 me mudé de casa y en el traslado perdí el manuscrito, hasta hace unos años que lo encontré haciendo limpieza. Sin embargo, por el camino decidí empezar otra, esta en castellano. El título va a ser “Ya te diremos a quién” y cuenta una historia del “Winston de batea”. Ya llevo 78 páginas. Ese lo quiero acabar pronto pero se cruzaron las historias de adoquín por el medio.