Medio siglo en la cabina

El estradense Elisardo Bodaño se jubila después de toda una vida trabajando como chófer en la empresa de autobuses Exprés de Vea

Elisardo Bodaño posa entre dos de los autobuses del Exprés de Vea   | // BERNABÉ/DARIAN

Elisardo Bodaño posa entre dos de los autobuses del Exprés de Vea | // BERNABÉ/DARIAN / Lois Docampo

“Yo estuve en el colegio José Antonio en A Estrada pero eso de estudiar no se me daba muy bien, así que con catorce años lo dejé y me fui a trabajar en el Exprés Vea. Eran otros tiempos”. Así comienza el relato de Elisardo Bodaño Laceiras al recordar su larga trayectoria laboral como chófer de autobuses. A los 65 años a este vecino de San Xorxe de Vea le ha llegado el momento de la jubilación. Lo hace tras 47 años “reconocidos” y unos cuantos más escondidos al ser menor de edad. “Estamos hablando del año 1972 o 73. De aquella casi no había coches por unas carreteras que eran malísimas. La mayor parte de la gente se movía en autobús. Pensándolo ahora, ha sido una vida dedicada a esto, una vida larga pero también bonita”, admite.

Elisardo comenzó muy joven a trabajar en una empresa fundada en 1952 por Salvador Barcala Cerviño y Manuel Barcala Loureiro, que daba servicio de transporte de viajeros desde la comarca del Val de Vea a las ferias y mercados de A Estrada, Moraña, Padrón, Cuntis, Lestedo, Santiago y Rodeiro. “Aquellos años eran una película. No parábamos. El día de feria en A Estrada se empezaba a las siete y media de la mañana y el último viaje era a las ocho y cuarto de la tarde. Lo mismo pasaba con la de Cuntis o la de Padrón los domingos. Ahí llevábamos dos autobuses por esa carretera que era un desastre. Salías de un bache y te metías en tres”, bromea.

El estradense recuerda que en aquellos años Exprés de Vea también contaba con varios camiones. Estos se usaban para transportar los animales y la comida que los vecinos llevaban a vender a las ferias, especialmente los capachos de manzanas de la zona. “Había gente que iba a comprar pero mucha iba a vender. Los buses iban siempre llenos. Fue una época en la que trabajábamos mucho pero también en la que lo pasamos muy bien”, explica.

Al margen de la mejoría de las carreteras una de las cosas que más ha evolucionado en este tiempo son los autobuses. “Todo cambió mucho, pero para mejor, especialmente a nivel de maquinaria y desde hace unos treinta años para aquí. Y lo digo porque me conozco los autobuses de arriba a abajo”, explica el chófer. “En los primeros que había tenías que comerte dos bistecs para dar movido la dirección. Teníamos alguno que incluso tenía el volante a la derecha. Luego llegaron dos que los habían hecho en Igrovi, aquí en A Estrada. Esos eran los mejores. El resto estaban hechos con amaños. Esos tenían 43 y 60 plazas y no fallaban como los otros”.

Estos primeros autobuses terminaban generando continuos problemas, con averías constantes. Uno de los problemas más temidos tenía que ver sin embargo con los frenos. “No podías pisar mucho el pedal, porque si abusabas de él, se calentaban y te quedabas sin frenos”, recuerda.

Mejores vehículos pero menos pasajeros

Con el paso de los años, el sector de los autobuses fue cambiando. Elisardo recuerda que fueron apareciendo las grandes rutas por España, cada vez mejores de hacer por la mejoría de las carreteras y los buses más equipados y fiables “Si vas por autovía, ya casi se conducen solos”, explica. Por contra, las ferias fueron dejando de tener el mismo tirón, ganando importancia las rutas escolares. En este caso sin embargo también se fue notando el aumento de coches particulares y la bajada de vecinos en el rural. “Hace 43 años empezabas a dar vueltas y recogías a 65 niños para el colegio de Figueiroa. Hoy llevas a 15. Lo mismo en el colegio de Souto. Antes llevábamos 67 niños y ahora nueve”, afirma. Por contra, la empresa realiza ahora más excursiones. Elisardo reconoce que asume con naturalidad su retirada, aunque después de tantos años es difícil dejarlo. “A veces todavía sueño por las noches que voy en el autobús”.

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