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Carlos Failde Pereiras Coordinador del operativo de Pedre y responsable de Emerxencias A Estrada

Un rescatador en dos noches trágicas: “En Pedre me impactó el conductor; en Angrois, ver los hierros y la gente pidiendo auxilio dentro”

A este estradense le tocó vivir en primera línea las labores de rescate y auxilio en dos noches señaladas marcadas por la tragedia: la del accidente de autobús ocurrido Cerdedo la pasada Nochebuena y la del tren de Angrois el 24 de julio de 2013

Failde, en el centro, en el momento en que llega al puente una de las víctimas. BERNABÉ/JAVIER LALÍN

El estradense Carlos Failde Pereiras no comprará hoy el periódico. Ni siquiera entrará en el bar a tomarse un café, por si siente la tentación de leer la prensa. Asegura que odia verse en sus páginas. Fue esquivo –que no cortante– con los medios de comunicación durante la intervención en el accidente de autobús de Pedre (Cerdedo-Cotobade) en el que perdieron la vida siete personas esta Nochebuena. Le tocó a él ser la persona de enlace en el operativo, coordinándose con la central de emergencias. Failde lleva 28 años trabajando en el sector de las emergencias. El responsable del servicio Emerxencias A Estrada vivió muy de cerca la tragedia del 24 de diciembre, como lo hizo otro día 24 muy señalado en el calendario gallego: el de los fuegos del Apóstol, de un julio de 2013 en el que un accidente de tren en Angrois segó la vida de 80 personas.

–Le ha tocado vivir dos noches especialmente trágicas, dos días 24 muy señalados. Uno fue el 24 de julio de 2013, víspera del Apóstol, en el que se produce el accidente del Alvia en Angrois. El otro, el 24 de diciembre de este año, una Nochebuena en la que perdieron la vida siete personas en Cerdedo. ¿Cómo se vive algo así?

–Se vive con angustia pero, evidentemente, hay que afrontarlas. Nos coincidió a varios del servicio de A Estrada estar tanto en uno como en otro y es un golpe duro. Quedan marcados y señalados, tanto por las fechas como por la magnitud del siniestro. Sobre todo, por la incertidumbre de no saber realmente la gente que podía haber –ni en un caso ni en el otro– ni tampoco su estado, por la falta de información que puedes tener ante un suceso de esta magnitud.

–¿Qué fue lo primero que pensó ante ambos sucesos?

–Lo primero que te viene a la cabeza en ambos casos es la incertidumbre sobre el número exacto de víctimas. Tienes que trabajar en una situación en la que no sabes a cuántas personas tienes que ayudar. Es una angustia constante, porque nunca puedes saber cuál es el fin de tu trabajo. Hasta que se determina todo, resulta muy complejo. No es tengo una víctima, la rescato o atiendo a esa persona herida y se acabó. Aquí no: acabas y hay que seguir mirando; hay que seguir buscando, pidiendo información para determinar cuándo se puede dar por finalizada la intervención.

–La coordinación del operativo será también una labor complicada...

–Se toman los acuerdos y se coordina entre los distintos responsables de cada servicio. Luego hay una persona que se encarga de transmitir y recibir información del 112 y del resto de servicios que no conforman el servicio de emergencias, que son externos y no participan directamente en la intervención. Me tocó a mí en el caso de Pedre por ser nuestra zona de actuación, pero es un acuerdo al que se llega entre los diferentes responsables de cada uno de los servicios que intervienen. En Angrois se montó un puente de mando avanzado. Aquí estábamos al teléfono constantemente con el director de Emerxencias y el de la Axega. Lo que haces es transmitir lo que se va a hacer para que la sala sea conocedora de lo que se está haciendo y de los medios que se pueden necesitar, como fue el caso de los servicios especiales que se necesitaron al día siguiente para seguir avanzando en la intervención, como fue el PESCA, el helicóptero de la Guardia Civil, etcétera.

–Cuando llegó Emerxencias A Estrada estaban sobre el terreno Protección Civil de Cerdedo-Cotobade y Bomberos de Pontevedra. ¿Qué hicieron?

–Cuando llegamos estaban bomberos de Pontevedra actuando sobre el autobús y decidimos seguir con la intervención como lo tenían planteado. A partir de ahí, se rescató a las personas heridas, se inició la búsqueda y el momento clave fue cuando hubo que tomar, entre todos, la decisión de parar porque ya era un riesgo para nosotros continuar. Llegó un punto en que sabíamos que no podía haber más personas con vida en el interior del autobús y lo demás era una labor que había que iniciar con el día, porque por orografía y climatología, no se podía continuar en ese momento.

–Detener la primera intervención cuando todavía quedan víctimas sin rescatar tiene que ser una decisión muy difícil.

–Sí, pero la intervención llegó a un momento en el que no podíamos continuar porque no podíamos realizar nuestro trabajo y, al final, estar en una situación en la que no puedes hacer nada y hay un riesgo para la gente que está interviniendo, exige sopesar una serie de cosas. Es una decisión que se consensúa porque tiene su calado y se programan tareas para el día siguiente, para hacerlo de manera segura y con muchos más efectivos.

–La del accidente del autobús que cayó al Lérez no podía ser una fecha más señalada. Tampoco la del tren de Angrois, con un Santiago lleno para vivir los fuegos del Apóstol. ¿Cambia en algo esta fatal coincidencia?

–No, pero evidentemente hay siempre un sentimiento por las fechas señaladas, aunque la situación sea la misma. Al final, los que formamos parte de los servicios de emergencia sabemos que en cualquier momento podemos activarnos. En el momento en que hay un aviso, parte de la gente del servicio ese mismo día por la noche están todos ahí con mensajes ofreciendo ayuda. En A Estrada todos se pusieron al momento a disposición, pero era una situación en la que tampoco eran necesarios más medios.

–En Angrois la magnitud del accidente era tremenda, pero en Pedre hasta los elementos jugaban en contra...

–En Pedre la orografía, la climatología, la altura del siniestro, etcétera pusieron unas complicaciones a mayores. En Angrois, fue en una ciudad y los medios llegaron mucho antes y hay más medios. En Cerdedo fue muy complicado trabajar esa noche con esa meteorología.

–Llegó a haber momentos de peligro para los propios equipos de emergencia...

–Sí, sobre todo para la gente que trabajó ese día sobre el autobús y al día siguiente en la búsqueda de personas. Ya las tareas son complicadas de por sí, pero en el momento en el que le pones agentes externos como viento, lluvia, etcétera, es todavía más complejo.

–¿Estaba presente en el momento en el que se rescató a conductor?

–Sí, estaba. El conductor estaba en un estado de shock y, en el momento en que se izó al puente, los compañeros del 061 se hicieron cargo para proporcionarle los primeros auxilios y trasladarlo al Hospital Clínico de Santiago.

–¿Pensaron que conseguirían sacar a más gente con vida?

–Era complicado por la situación en que se encontraba el autobús y la cantidad de agua que bajaba en ese momento por el río. El nivel estaba subiendo constantemente. De hecho, cuando se decidió parar la intervención fue debido a que el autobús estaba completamente cubierto de agua; es decir: ya era imposible volver a entrar en el autobús.

–En ambas tragedias, ¿la realidad superó lo que esperaban encontrar en la zona del accidente?

–Sí, en ambos casos. Aunque los servicios vamos recibiendo información por el camino, sabemos que la magnitud -por ejemplo en Angrois- era grande, pero creo que ni yo ni ninguno de mis compañeros se imaginó lo que iba a ser hasta que llegamos al lugar del siniestro.

–¿Y cómo se va uno a la cama después?

–Bueno (silencio largo). Pues a descansar, por lo menos. No lo sé. Se trata de descansar, sobre todo en el caso de Pedre, porque al día siguiente había que estar de vuelta allí porque éramos necesarios todos para poder continuar con la intervención y poder cerrarla. Por desgracia, con muchas víctimas mortales, que ojalá no fuese así.

–Le pido que comparta el recuerdo, la imagen o la secuencia que más le haya impactado en estos dos trágicos siniestros.

–Complicado... En Pedre fue cuando el conductor llegó arriba del puente. Estaba llorando constantemente y fue la imagen más impactante. En Angrois, fue ver ese amasijo de hierros sabiendo que dentro todavía había gente pidiendo auxilio.

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