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La Casa Beatnik, un apasionado (y fucsia) derroche de lujo en el corazón del Val do Ulla

Los hermanos estadounidenses de origen gallego Daniel y Juan Carlos Alonso convierten el Pazo de Galegos en una apuesta única en Galicia | Los estradenses Óscar Durán y Andrea Viqueira dirigen el proyecto culinario

Óscar Durán y Andrea Viqueira ejercieron de ‘cicerones’ en nuestro paseo. Bernabé / Javier Lalín

Hay que ser muy valiente para pintar de rosa un pazo gallego. “En realidad no es rosa, es fucsia”, me corrige mi acompañante. “Pues empezamos bien, todavía no hemos entrado y ya estoy metiendo la pata”, pienso desde el aparcamiento mientras observo la llamativa fachada. Tras una entrada poco decorosa por la puerta del servicio, mi suerte empieza a cambiar. El chef estradense Óscar Durán viene a recibirnos y a ejercer de improvisado ‘cicerone’. Es un viejo conocido. El hijo de los propietarios del Bar Andalucía, se formó en restaurantes de prestigio por toda España antes de regresar a casa para convertirse en chef de la Casa do Lagoeiro. Ahora, junto a su pareja, Andrea Viqueira, afronta un reto totalmente diferente.

Ellos son la excusa perfecta para cruzar por una vez al norte del río Ulla y cambiar de provincia. La causa merecía arriesgarse más allá del río Lethes para conocer el lugar del que no para de hablarse en los últimos meses, la Casa Beatnik. “Hay gente que incluso entra solo a hacer fotos. Tenemos que explicarles que es un lugar privado y de descanso de los clientes”, nos cuenta María Blanco, otra estradense con una larga experiencia en el mundo de la hostelería que, cuando tuvo la oportunidad, no dudó en cambiar de aires para enrolarse en esta nueva aventura como recepcionista.

Cuenta con seis yurtas de lujo. Bernabé/Javier Lalín

Siguiendo sus pasos vamos descubriendo una propuesta que se ha labrado por méritos propios la fama que ha ido ganando desde su apertura, allá por el mes de junio. Lo que un día fue un importante pazo del Val do Ulla es hoy algo diferente y no solo a nivel local, sino gallego. En la Casa Beatnik han convergido desde la tradición gallega, a tendencias de decorativas modernas y todo pasando por un mimo meticuloso por cada detalle, para terminar conformando una propuesta lujosa y original.

Esta idea nos asalta a cada paso que damos por sus amplios jardines, aunque realmente el nombre de esta nueva propuesta ya nos debería haber avisado de lo que nos íbamos a encontrar. La Casa Beatnik quiere rendir homenaje a los librepensadores bohemios de los años 1950 y 1960, con una musa en particular, Yves Saint Laurent. Su espíritu lo marca todo la colorida propuesta estética de esta casa, con reminiscencias de Marruecos, Francia e Italia, conjugadas con el carácter gallego del lugar de Galegos, en el vecino concello de Vedra.

La capilla se habilitó como suit. Bernabé/Javier Lalín

Al frente de este proyecto se encuentran Daniel y Juan Carlos Alonso Monteagudo, que son director y socio de Bonhomme Hospitality, un grupo hostelero de Estados Unidos con más de una decena de negocios en Chicago, entre restaurantes, bares y discotecas. Entre sus proyectos estaba el de abrir un establecimiento en Galicia, en donde se criaron a caballo con Estados Unidos. Finalmente, dieron el paso definitivo en el año 2020, adquiriendo el Pazo de Galegos. A partir de ahí llegó una meticulosa transformación plagada de guiños que vamos descubriendo poco a poco en nuestro camino.

La primera parada es su fachada, con un fucsia elegido para mantener durante todo el año el efímero color de las camelias repartidas por todas sus instalaciones. De allí, y rodeando el pazo, llegamos al hogar de Tribu, una de las dos propuestas culinarias que podemos encontrar en la Casa Beatnik, en este caso centrada en la parrilla y con solo unas pocas mesas y una estética asiática. “Todo es elegido al detalle”, nos explica el chef, que nos habla del lugar de origen de los manteles, cada uno de ellos único, las lámparas...

Habitación Tribu. Bernabé/Javier Lalín

A solo unos pasos, y al lado de una espectacular bodega, encontramos una de las cepas más antiguas de Galicia, una variedad de uva roja conocida como Cascón. Con más de 400 años, produce una media de 75 kilos de uvas cada año que transforman en un vino tinto muy especial. Esta cepa nos acerca una de las principales características de la Casa Beatnik, ya que gran parte de sus tres hectáreas están dedicadas a los viñedos de cepas viejas de Albariño. En medio se plantaron más de 4.000 plantas tropicales y autóctonas, que van desde olivos importados de Andalucía e Italia, a los veinte cipreses que flanquean la entrada al recinto.

Restaurante Tribu. Bernabé/Javier Lalín

La siguiente parada es una de las imágenes de la Casa Beatnik que más se puede ver en las redes, la piscina fucsia, rodeada de camas balinesas, tumbonas y una zona de cócteles. “Todo esto está espectacular en verano”, nos explica el chef estradense. A solo un paso nos encontramos seis yurtas individuales de lujo. Estas vienen a completar la oferta hotelera de la Casa Beatnik, que además incluye doce suits de lujo. A ellas hay que sumar una decimotercera especial, la habilitada en la antigua capilla del pazo. Otras comodidades incluyen iglusaunas de Estonia, además de equipos de servicios de wellness y spa, terapeutas especializados en yoga, Tai Chi, fisioterapia y masajes.

Piscina climatizada fucsia y chill out para las tardes de verano. Bernabé/Javier Lalín

Las sorpresas continúan dentro del pazo, en un viaje por el lujo traído de diferentes países, que convergen en un comedor diferente a lo habitual. Allí nos sentamos un rato con Óscar y Andrea sobre su propuesta culinaria “Fue todo muy rápido”, explica los responsables de la cocina recordando estos últimos meses desde su llegada. “Tenemos la parte de carta, con una cocina que toca un montón de países del mundo y luego está Tribu, que se enfoca más hacia el producto gallego”, añade. “Estamos trasladando a aquí el menú que tienen en el restaurante Porto de Chicago, que tiene una estrella Michelín”, explica Andrea. Para ello contaron con la ayuda del chef ejecutivo de la empresa, Marcos Campos, una figura referente en el mundo de la cocina. Ambos reconocen que esta aventura es un reto a nivel personal y una oportunidad, dentro de una apuesta así.

Iglusaunas traídas de Estonia. Bernabé/Javier Lalín

Nuestro paseo termina por las suits de lujo, donde se suceden los detalles, como los que aportan los cuadros, realizados por el actor Jordi Mollá en su visita a la Casa Beatnik, y que se encajaron en unas habitaciones en las que se mezcla el color de lo moderno con toque de clasicismo.

Ya de vuelta nos vamos con la sensación de haber visto algo distinto y que posiblemente no volvamos a encontrar. La Casa Beatnik es una lujosa y meticulosa explosión de colores que rompe barreras para ir un poco más allá. El resultado, como todo lo que se hace con tanto cariño, atrae y cautiva dejándote con ganas de más y, sobre todo, preguntándote cuál es la diferencia entre el rosa y el fucsia.

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