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Ángel expósito mora nnficha personal | Periodista

“Como buen gallego, mi suegro habla mucho de su tierra natal en Moneixas”

El jueves fue nombrado nuevo caballero comendador de la Orden de la Amistad

Ángel Expósito posa con la placa de comendador de la Orden de la Amistad. | // LALINPRESS

La Residencia Militar Alcázar de Madrid fue escenario el pasado jueves del último capítulo de la Orden de la Amistad, a la que pertenece entre otros el fotoperiodista lalinense Manuel Seijas. El evento incluyó el nombramiento de nuevos comendadores, entre los que se encontraba el periodista Ángel Expósito, con vinculación dezana.

–¿Conocía la labor que realiza la Orden de la Amistad?

–Sinceramente, no los conocía hasta ahora. Luego resulta que una vez en el acto me encontré con un montón de gente que conocía y con los que fue un placer volver a estar juntos. La verdad es que fue un acto muy agradable y quiero agradecerles la deferencia que tuvieron conmigo.

–¿Cuáles son los vínculos que tiene con el municipio de Lalín?

–Pues, mi suegro es natural de la parroquia de Moneixas, en Lalín. Mi esposa nació en Madrid porque él como tantos gallegos emigró muchos años después y se vino a la capital de España, donde se casó y formó finalmente una familia.

–¿Mantiene propiedades en su parroquia natal lalinense?

–Ya no. Sé que tenía fincas y la típica casa de campo y lo vendieron todo hace muchos años. Él hace mucho que no va por allí porque es muy mayor y moverlo es realmente complicado pero nosotros hemos pasado por allí curiosamente haciendo el Camino de Santiago.

–¿Les habla de Lalín?

–Se llama Luciano y como buen gallego habla mucho de su tierra. Sigue teniendo el acento inconfundible. Estudió Magisterio y siempre cuenta como iba andando hasta que se pudo comprar una bici para ir al colegio de pequeño. Imagínate hace tantos años atrás lo que tenía que ser aquello. Yo no llegué a conocer la casa paterna de mi mujer, pero tanto ella como sus hijos solían ir a menudo porque algunos veranos los pasaban en la casona aquella.

–¿Le sigue gustando ser un todoterreno del periodismo?

–Estoy muy atacado y muy viajado pero contento porque en este oficio nuestro tener trabajo es un privilegio. Sinceramente, estamos como para quejarnos con todo lo que está pasando en el país.

–¿Cómo se ve la actualidad desde un programa como el de La Linterna de la cadena Cope?

–Pues, aparte de complicada. Hombre, en España estamos siempre en elecciones y, por lo tanto, tampoco es nada novedoso lo del año electoral. Pero, claro, la gran diferencia de este año con respecto a otros es la guerra. Más allá de cuestiones internas y domésticas, y de política autonómica, de si Feijóo ganará o no ganará las elecciones cuando le corresponda, aquí el problema que tenemos de fondo es la guerra que hay en Ucrania.

–¿Es importante no perder ese punto de vista para poder analizar la actualidad con ecuanimidad?

–Es que estamos preocupados con las cosas de Batasuna, las de Esquerra, con los pulsos políticos de Feijóo-Sánchez o Sánchez Feijóo, o con las cosas del propio Gobierno, y se nos olvida de tenemos una guerra en Europa. Se nos está olvidando de que tenemos una guerra en la puerta Este. Yo creo que esto debería ser lo fundamental para los periodistas. También es verdad que la actualidad política nos ocupa demasiado.

–¿Pierde interés informativo la guerra en Ucrania conforme están pasando los días y los meses?

–Es posible. También por agotamiento. Lo que pasa es que está siendo una derivada cuando hablamos de los precios o de la economía estamos hablando de una crisis bursátil pero también lo hacemos de una guerra. Todo lo que está pasando en la cesta de la compra procede de la guerra.

–¿En qué centró su discurso de agradecimiento el jueves?

–Les dije que gracias por considerarme un revolucionario. Es que formar parte de un club que lo que intenta es defender la Constitución y defender valores como el honor, la amistad, pues oye no deja de ser una revolución con la que está cayendo. Es fácil irte a lo religioso cuando se trata de valores pero hay otros muchos más que tenían nuestros padres y que se nos olvidan.

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