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El estradense que soñaba con el mar

Pablo Escariz se forma para convertirse en buzo de profundidad, una profesión vocacional para un joven de tierra adentro

Pablo Escariz posa con su traje completo de buzo.

Pablo Escariz siempre tuvo muy claro desde pequeño que su futuro iba a estar en el mar. Lo único que no tenía decidido era en qué manera lo iba a hacer. Tras un paso infructuoso por la Facultad de Ciencias del Mar, el estradense terminó encontrando su vocación en un mundo poco habitual para alguien criado a tantos kilómetros del mar. Escariz, más conocido por sus amigos como Kawa, afronta sus últimos meses de formación como buzo profesional de profundidad, una profesión que lo ha atrapado desde el inicio a pesar de su dureza.

Kawa disfruta cada una de las enseñanzas que recibe en el Instituto Galego de Formación en Acuicultura (IGAFA), ubicado en la Illa de Arousa. Se trata de uno de los pocos centros de España en los que se puede estudiar el ciclo de técnico en operaciones subacuáticas e hiperbáricas, por lo que el estradense no dudó en lanzarse en cuanto surgió la oportunidad. Era un paso más en una fascinación por el mar que le venía de muy pequeño. “Siempre me gustaba ir a la playa y pasarme el día buceando. Sabía que mi futuro estaba en el mar, aunque no sabía qué iba a acabar haciendo. Tras terminar los estudios decidí meterme en Ciencias del Mar. Pensé que eso me acercaría al mar pero la verdad es que había mucha teoría pero poco contacto con el agua, así que decidí dejarlo”.

En ese momento fue cuando surgió la posibilidad de realizar esta formación como buzo. “Son cursos que se realizan cada dos años, así que tenía que esperar un año. Para aprovechar ese tiempo decidí irme de voluntario por Europa. Acabé en Noruega, trabajando en una granja, fue una gran experiencia”, reconoce, aunque en cuatro se abrieron las listas en la Illa no dudó en poner de nuevo rumbo a Galicia para iniciar su formación.

El futuro de Kawa pasa por terminar este curso y las prácticas que iniciará en el mes de marzo para convertirse en buceador profesional de apoyo en inmersiones. Esto implica que puede trabajar en obras hidráulicas, reparaciones, inspecciones o soldaduras submarinas hasta una profundidad media. “Al final somos como los albañiles del mar”, bromea. “Es muy raro que los buzos se queden trabajando aquí. Normalmente te vas moviendo por donde te llaman a hacer reparaciones, especialmente en diferentes puertos”, explica. Kawa sin embargo quiere continuar con su formación para pode trabajar a más profundidad. Nosotros podemos bajar hasta 50 metros. Para trabajar por ejemplo en plataformas petrolíferas necesitas otro nivel que también me gustaría hacer”.

Kawa, que compagina sus estudios con el trabajo de profesor de buceo en el Club de Vigo, reconoce que se trata de un trabajo duro, aunque para él tiene una parte muy valiosa. “Si estoy aquí es porque me gusta. Este es un trabajo muy vocacional, no acabas aquí por casualidad. En mi caso, poder estar debajo del agua es algo que me encanta. Ahí abajo no hay ruidos ni problemas. Todo se queda fuera”.

Kawa, en el mundo del fútbol

Trabajar como buzo implica estar en una gran condición física. El estradense explica que un equipo completo de buceo de profundidad pesa entre treinta y cuarenta kilos, algo que convierte en todavía más duro su trabajo y que aumenta la exigencia física. En ese sentido, el joven buzo reconoce que, a pesar de la dureza, no es para él lo más complicado de su labor. Escariz ha estado siempre ligado al deporte estradense y actualmente forma parte de la plantilla del Sporting Estrada, equipo que lidera su grupo de Segunda Autonómica y que el año pasado logró el ascenso desde Tercera en su primera temporada en competición. Kawa se formó en la cantera precisamente del desaparecido club de Figueiroa para después dar el salto al Berres. Hace dos años se incorporó al proyecto del recuperado Sporting junto a un grupo de amigos. En este mundo es más conocido como Kawa.

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