Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Más vecinos con discapacidad pero sin gran incremento de plazas en centros de servicios

Las seis entidades atienden a 155 personas y se concentran en Lalín, Silleda y A Estrada | Mientras, a nivel gallego están habilitados 205 nuevos puestos | La inserción laboral quedó frenada tras la pandemia del COVID

Usurios del centro de recursos de Cogami en Medelo. PERSONAS USUARIAS DEL CENTRO DE COGAMI MEDELO

Los concellos de las comarcas, junto al de Cerdedo-Cotobade, cuentan con 7.483 vecinos que tienen algún tipo de diversidad funcional física o intelectual, según los datos que ofrece el IGE referidos al año pasado. Las cifras suponen un aumento en 660 vecinos en comparación a 2017, el dato más antiguo que se puede consultar con los mismos parámetros y que indica que por entonces había 6.823 personas con discapacidad.

Por municipios, las personas con diversidad funcional aumentan en todos ellos en estos cuatro años, salvo en Rodeiro, donde se pasa de los 304 a los 297. Es lógico que suba la cifra, si tenemos en cuenta que a patologías de nacimiento hay que sumarle accidentes laborales, domésticos o de viaje que pueden dejar secuelas a nivel físico y sensorial. Así es que en Lalín residen 1.973 personas con discapacidad (tenía 1.758 en 2017), en Silleda lo hacen 739 (650), y en Vila de Cruces 568 (513). En conjunto, en la comarca dezana residen 4.176 vecinos con diversidad funcional.

Si vemos las cifras de Tabeirós-Montes, hay 2.625 personas, entre las 2.248 de A Estrada y las 377 de Forcarei. En 2017 eran 2.024 y 354, respectivamente. Por lo que se refiere a Cerdedo-Cotobade, los datos del IGE indican que residen aquí 682 vecinos con discapacidad, frente a los 649 de 2017.

Con valoración de la Xunta

Para atender sus demandas y ayudarles en la integración social, en las dos comarcas funcionan media docena de centros prestadores de servicios sociales. Eso sí, se concentran en los tres concellos más habitados: En Lalín hay 3, en Silleda 2 y en A Estrada uno. Son los mismos que funcionaban en 2017, y en 2021 tenían habilitadas las mismas plazas que por entonces, 155. Esto ocurre a pesar de que Aspadeza, por ejemplo, en su sede de Mouriscade tiene capacidad para atender a 80 usuarios con discapacidad intelectual, pero por ahora cuenta con 38. La responsable de este centro ocupacional, Ángeles Baldonedo, recuerda que la incorporación de nuevos usuarios a un centro tiene que ser a petición de la propia persona interesada y mediante una valoración de la Xunta de su grado de dependencia. En los últimos ejercicios, Aspadeza incorporó a sus instalaciones a cuatro nuevos usuarios.

Sobra decir que el estallido de la pandemia sanitaria en marzo de 2020 frenó la admisión de más personas en este y en cualquier centro del Estado. Eso sí, en marzo de este año 2022 la Xunta aumentó a 21 las plazas del Centro de Recursos de Cogami en Silleda.

A nivel de la comunidad gallega, desde 2017 hay cinco nuevos centros, con lo que alcanzan ya los 255. Y por eso aumentan también las plazas, en 205 más para contabilizar 9.441. Esas 205 plazas más vienen de la mano de centros públicos (pasan de 1.268 a 1.314) y sociales (de 7.721 a 7.880). En las comarcas de Deza y Tabeirós-Montes, las 155 son de carácter social, y ya lo eran en 2017. Veamos los datos por municipios en Pontevedra Norte: los 3 centros de Lalín tienen en conjunto 88 plazas autorizadas, mientras que en los dos de Silleda hay 50 y en el único de A Estrada, 17.

Una usuaria de Cogami muestra cómo funciona un telar a políticos locales y autonómicos. BERNABE/JAVIER LALIN

Decíamos que la crisis sanitaria blindó tanto las residencias para personas mayores como los centros de personas con diversidad funcional, para evitar cualquier riesgo de contagio. De hecho, en Aspadeza las actividades aún siguen realizándose con grupos burbuja.

Pero del mismo modo, también quedó frenada la integración laboral de personas que son usuarias de Aspadeza o del centro de recursos de Medelo en Cogami, donde se atiende a personas con discapacidad física. Hay usuarios de Aspadeza trabajando en la sede de la ITV en Lalín o en el servicio de jardinería de Silleda, con resultados excelentes. Baldonedo recalca que “el empresario suele estar muy contento, porque puede contar con personas muy responsables” a la hora de desempeñar las tareas que se les encomiendan.

Trabajos con empresas y puertas abiertas

La inserción laboral puede venir de la mano de un contrato, pero también a través de convenios con empresas que encargan determinados productos a centros que atienden a personas con discapacidad. Son numerosas las firmas, asociaciones e incluso vecinos a título particular que acuden tanto a Aspadeza como a Cogami para realizar tanto señalizaciones de rutas de senderismo como recordatorios de eventos especiales. Con la nueva normalidad, estos centros están recuperando actividades que ya realizaban antes de la pandemia, como excursiones o jornadas de puertas abiertas para conocer su día a día o captar personas voluntarias que quieran compartir su tiempo de ocio con los usuarios de estos centros. Desde el centro de Cogami en Medelo (Silleda), por ejemplo, su comunidad participó en marzo en la Semana Europea de la Artesanía con una jornada de puertas abiertas para dar a conocer los resultados de sus talleres de cerámica, cuero o cestería. Con esto, además, se reivindican tanto los oficios artesanales como la valía de sus usuarios a la hora de buscar una oportunidad laboral. Y ya que hablamos de igualdad de oportunidades, Cogami puso en marcha en 2020 un reto en las redes sociales para que quien lo desease mostrase sus habilidades en el día a día, pero prescindiendo de uno de los sentidos sensoriales o de una extremidad, para darse cuenta de la lucha y la superación que nos demuestran, día a día, estas personas.

Compartir el artículo

stats