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Faro de Vigo

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El reparto a domicilio frente al azote del gasóleo: “Ni aún subiendo los precios cubrimos los gastos”

Las empresas modifican rutas y agrupan pedidos para ajustar los desplazamientos | Detectan cierto descenso en el consumo particular, que se compensa con el incremento de encargos en los restaurantes gracias a eventos

Miguel Mella, con dos clientas del reparto a domicilio BERNABE/JAVIER LALIN

De un año para acá, a Rafa Carbia, gerente de la empresa del mismo nombre de pescados y mariscos, se le han duplicado los gastos en gasóleo. Tiene media docena de furgonetas para el reparto a domicilio en buena parte de la provincia y solo entre el viernes y el sábado pasados, en dos días, “gasté 758 euros en combustible, entre ir a la lonja y hacer el reparto”.

Calcula que solo para la corriente de las instalaciones de la empresa en Cuntis para mantener el género fresco y los desplazamientos, precisa 2.000 euros al mes. “Pero esta subida no puedo repercutírsela a los clientes”. Es consciente de que si trasladase toda la escalada de costes a la clientela, las ventas pueden desplomarse. Así lo ve también Miguel Mella, de la Panadería Mella, de Cortegada. Hubo que subir los precios hace un par de meses por el alza de los cereales tras la guerra de Ucrania y, claro, por el coste del gasóleo, que en el caso de la panadería también es imprescindible para los hornos. “Pero si subiésemos para cubrir costes, sería inviable”, explica. Y la solución tampoco estaría, en este caso, en que uno de sus hornos pase a funcionar con leña, porque entonces habría que pagar también el material y su preparación. Es posible que haya que aplicar una nueva alza en el reparto a domicilio

Vuelven las empanadas

Panadería Mella cuenta con tres furgonetas para reparto. La empresa tuvo que dejar de cubrir alguna de las rutas más lejanas, o reajustarlas, de modo que en lugar de servir producto a diario, va cada dos. Preguntado sobre si la clientela también ajusta sus pedidos, Miguel Mella explica que “lo notamos desde hace años, ahora nos piden que el pan no pase de un determinado peso”. Lo que sí tiene más demanda son las empanadas, desde el estallido de la pandemia y como menú ideal para celebraciones en familia. Eso sí, “siguen siendo empanadas más pequeñas, si antes de la pandemia hacíamos un centenar de las de 60x60 centímetros, a raíz del COVID hicimos solo dos en un año”. Pero confía en que estos alimentos vuelvan a ocupar el lugar que tenían antes de la crisis, ahora que vuelven los festejos.

Comidas familiares

El mercado del pescado a domicilio es un tanto distinto, porque su precio depende más del valor en lonja y si de es temporada o no que del precio del gasóleo. Rafael Carbia nota que desde hace casi un mes “descendió mucho el consumo diario, porque la clientela tiene que reajustar gastos ante la posible subida de las hipotecas, la carestía de la energía...”. Esta empresa cuenta con tres listas de difusión a través del móvil, de modo que cuando Carbia está en la lonja (se surte en A Coruña o en Cambados) envía fotos del producto de que dispone, y los clientes van reservando a través del móvil. “El consumidor se ahorra tiempo, y yo me adapto a sus horarios. Fue un sistema que puse en marcha en la pandemia, y buena parte de la clientela continúa usándolo”.

Rafael Carbia, de rojo, entrega su pedido al restaurante O Cruce, de Vilatuxe. BERNABE/JAVIER LALIN

Rafa Carbia Pescados y Mariscos cuenta con dos rutas de reparto fijas por las aldeas, otra que se centra en la distribución a restaurantes, una cuarta que recoge en Cambados almeja y marisco de concha y, por último, una quinta furgoneta para los repartos a mayores. En las comarcas, cubre A Estrada a diario y surte a buena parte de los restaurantes dezanos. “A veces puedes tener un margen de beneficio en el producto, pero el precio base no es fijo: puede variar por un temporal, porque hay menos producto en la lonja o, simplemente, es más caro en verano porque hay más banquetes”, añade Rafael Carbia.

La recuperación que vive ahora mismo la restauración gracias a la vorágine de eventos beneficia también a pescaderías, panaderías y carnicerías, pero también a otros sectores como salones de belleza, floristerías o fotógrafos. Pero es que las ganas de compartir tiempo con amigos y familia fuera de casa es tan grande que no hace falta una boda para tener una excusa. “Puede ser que en el día a día, las familias compren menos pescado, para controlar gastos. En cambio, los restaurantes están aumentando su consumo sobre todo los fines de semana. Ahora la gente suele cocinar menos en casa y si tiene una celebración con 10 o 12 personas, prefiere o encargar la comida o salir a comer fuera”, añade.

Fomentar la recogida en local

A Casa do Gato, en Lalín, también tuvo que subir sus precios hace un mes y medio, para hacer frente al incremento de los gastos. Emiliano García, gerente del local, explica que ahora están inmersos en una campaña para que la clientela recoja su pedido en el propio local, lo que le reportará descuentos. Es algo que ya funciona con los menús de mediodía, para gente que trabaja y dispone de muy poco tiempo para cocinar. Pero teme que “muchos clientes no van a estar dispuestos a venir a recogerlo al local, y lo cierto es que para nosotros es mucho gasto” el que supone entregar un pedido. Las cuentas van más allá del gasóleo, porque hay que contar con cualquier avería en los coches (dos, los fines de semana, y una moto de apoyo a mayores), así como el mantenimiento del vehículo o los salarios de los repartidores. García Méijome calcula que el reparto a domicilio le supone un gasto mensual de 1.000 euros. Cubren el casco urbano, pero también las parroquias. En este caso, el pedido se entrega a domicilio si se cubre un encargo por un valor mínimo.

"Acondiciona un espacio que puede alquilar la clientela para eventos"

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Emiliano García puso en marcha a finales de 2017 el Albergue Lalín Centro, para peregrinos o familias. En su afán por innovar “y reinventarnos, en estos momentos de incertidumbre” en A Casa do Gato está previsto contar con un local para eventos. Sus usuarios podrán alquilar solo las instalaciones y llevarse su propia comida o bebida, o emplear el local y encargar la comida y bebida al bodegón. A modo de último apunte, este hostelero hace un llamamiento a la clientela, ahora que vuelve a recuperarse el tirón pre-COVID. “Es preciso darle una vuelta a la organización. Durante la pandemia, todos tomamos hábitos europeos como los horarios. Los hosteleros también tenemos que conciliar y, si de la misma forma que un banco o un comercio tiene una hora de cierre, no puede ser que haya clientes que vienen a comer a las cuatro de la tarde, sin reserva, o a las once de la noche. Está claro que hay que aprender a reservar”, concluye.

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