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Faro de Vigo

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Un mal año para la venta del salmón

Las pescaderías de la zona cierran la edición despachando un 70% menos que otros años

Estradenses, en la degustación del domingo. | // BERNABÉ/ANA AGRA

La tradicional Festa do Salmón de A Estrada se cerró el domingo con gran éxito de asistencia, y buenas impresiones en los negocios hosteleros que pusieron sus tapas a vender. En cambio, hay un sector que habitualmente solía hacer buenas cajas por estas fechas, y que este año hace un balance negativo: las pescaderías.

Siendo el salmón el producto estrella de este pasado fin de semana, cabría esperar que las pescaderías de la zona se nutriesen de las compras de este producto que se generasen, tanto para particulares como para negocios, pues hay que tener en cuenta que sólo con las Tapas do Salmón ya se genera bastante demanda. No obstante, la realidad ha estado muy lejos de cumplir con las expectativas. Así lo comunican a este medio los responsables de la pescadería Rafa Carbia y Chedas.

Parece ser que este no ha sido un buen año para la cría del rey del río en piscifactoría, esto se puede deber a cuestiones temporales o a la aparición de especies que son dañinas para su proceso de crecimiento, como los corales.

En cualquier caso, la oferta era escasa y la demanda elevada, por lo que los precios subieron drásticamente. De este modo, el kilogramo de este pescado oscilaba entre los 16,50 y los 20 euros.

Rafa Carbia explica que “no recuerdo, en mis años de experiencia, un año en el que fuese más caro que este”, y lo mismo opina Roberto Chedas, de Pescadería Chedas. En general, aseguran que vendieron en torno al 30% por ciento de lo que suelen vender por estas fechas. De hecho, Carbia señala que “lo normal es vender entre 600 a 800 kilogramos para la fiesta, este año sólo vendí unos 200, la cuarta parte”. Chedas no da cifras pero sencillamente sentencia que “fue un año muy malo”.

Resulta llamativo que si se vendió poco, los restaurantes y bares estuvieran plenamente surtidos para la ocasión, una circunstancia que Chedas justifica así: “algunas superficies comerciales lo vendían bastante por debajo del precio de coste, a unos 9 euros. Nosotros no podíamos competir con eses precios, porque non podemos permitirnos perder dinero”, y continúa exponiendo que “para ellos resulta rentable, porque lo que les interesa es llenar el área comercial, y así acabar vendiendo otras cosas. Pero nosotros sólo nos dedicamos a esto”. Carbia, por su parte, sostiene que “yo entiendo que mis clientes comprasen más barato, cada uno mira por lo suyo. Tampoco me sentía bien cobrándolo a 19,50 euros cuando sabía que se podía conseguir por menos de diez”, por eso, según Chedas “acabé por sugerirle que lo comprasen allí. No hay problema porque sé que mantendré mi clientela, y si se lo vendiese al precio de mercado podrían sentir que los estafé vendiéndolo mucho más caro. La diferencia era de más del doble”.

La próxima campaña buena es la de San Xoán y las sardinas, una época que con la relajación de las medidas anti-COVID esperan que sea buena, pero ahora el recelo ya está presente.

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