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Faro de Vigo

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beatriz canda rodríguez | Directiva de Almacenes Canda SL

“Cuando empecé, siendo muy joven, había una especie de desconfianza en los clientes”

“Hoy en día mantener una empresa es todo un logro; los negocios son muy duros y hay que trabajar mucho para mantenerlos”

Beatriz Canda Rodríguez junto a bloques de cemento en la sede de la empresa familiar. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Finalizó el Bachillerato y se marchó a estudiar a Santiago pero al poco tiempo la enfermedad de su padre la hizo regresar a Lalín. A partir de ese momento comenzó la vida laboral de Beatriz Canda Rodríguez en Almacenes Canda SL, en donde es la responsable de la vertiente administrativa, aunque al ser una empresa familiar “toca hacer un poco de todo”, asegura. La joven y brillante ejecutiva dezana es una rara avis en el masculinizado sector de la construcción, donde los hombres siguen siendo desde siempre los que llevan la voz cantante.

–¿Cómo fue su desembarco en una empresa vinculada a la construcción, algo tan masculino?

–Debo de llevar aquí unos 17 años por lo menos. Al principio es algo complicado porque en primer lugar yo llegué aquí siendo muy joven. Eso repercute en los clientes porque adquieren una especie de desconfianza cuando tienen que tratar con una persona tan joven. Además, soy mujer y como te puedes imaginar en un sector tan masculino no resulta sencillo.

–¿Sintió algún tipo de rechazo por ser mujer cuando tomó la decisión de trabajar en la empresa?

–Recuerdo que algunas veces cuando llegaba algún cliente a la empresa lo que hacían era dirigirse directamente a los empleados varones o a mi hermano. Incluso me pasó con algún comercial que llegaba por la puerta preguntando por el jefe y automáticamente siempre se iban a por alguno de los hombres que veían delante. Las cosas han cambiado afortunadamente pero tengo que decir que se está haciendo poco a poco. También es cierto que ahora hay ciertos trabajos que cuentan con mujeres donde antes no se veían jamás. Por ejemplo, no hace mucho conocí una empresa donde los conductores de las carretillas eran todas mujeres.

–¿Le costó hacerse respetar por parte de la plantilla de la firma?

–Como en toda empresa familiar todos nos conocíamos de antemano. Pero a mi, por ejemplo, sí que me sucedió que con uno de los empleados que tuve hubo problemas importantes. No atendía a ninguna orden que yo le daba y eso sucedía por ser mujer. Es más, te puedo decir que me faltó al respeto pero también a mi madre. Algo grave.

–¿Es cierto que superada la pandemia el sector al que usted pertenece está volviendo por sus fueros?

–A ver, nosotros lo pasamos fatal cuando fue la crisis de la construcción. Después, cuando fue el tema de la pandemia, sí que teníamos yo creo que todos un poco de miedo de que esto se parase. Al final, fue una gran sorpresa porque sinceramente se trabajó muy bien. Incluso ahora estamos a la expectativa por las constantes subidas de precios y aún así se está trabajando realmente bien. Como te digo, es algo que nos sorprende porque antes sabías que había unos meses al año donde ibas a tener más ventas y otros donde se vendía menos. Ahora, igual tienes semanas que están muy tranquilas pero de repente te vienen otras que es una explosión.

–¿A qué se debe?

–Yo creo que al final cuando tú llegas a casa necesitas estar cómodo. Y ahí es donde entra nuestro trabajo. La crisis de la construcción hizo que bajasen las ventas, hubiera muchos impagos, cierres de fábricas y empresas, situaciones que supusieron un cambio en la forma de consumir. Hubo años en que lo único que buscaba o pedía la gente era el precio y nadie hablaba de la calidad. Esto ha vuelto a cambiar y la gente vuelve a pedir calidad.

–¿Sigue siendo complicado mantener a flote una empresa de marcado carácter familiar?

–Antes te lo daban hecho y al final las riendas las tomaban generaciones que igual no le daban el valor que tiene. Hoy en día hay muchas empresas que acaban cerrando pero es por falta de relevo generacional. Pasa que a lo mejor como tú no quieres seguir en esto no queda otra que liquidar la firma. Eso no quiere decir que, después, esas personas les vaya bien a lo que se dedican. Los negocios fueron duros y siguen siendo duros. Nunca ha sido fácil ni sencillo ser empresario. Hay que trabajar muy duro. En la construcción estaba antes todo por hacer y actualmente entre impuestos y demás pagos, cada vez tenemos menos márgenes. Mantener una empresa hoy en día es todo un logro.

–¿Cómo está siendo la experiencia de formar parte de la AED como vocal de su directiva?

–La verdad es que sigo formando parte de la AED. Lo que pasa es que desde hace un tiempo no le puedo dedicar todo el que me gustaría. Al final, hay unas prioridades obvias y tienes que estar a lo que tienes que estar

–¿Hasta qué punto es necesaria una patronal fuerte?

–Yo creo que hay mucha gente que no acaba de valorar lo que tenemos en Lalín con la AED. A nivel de cursos o formaciones de todo tipo ofrece grandes oportunidades y son asuntos que pienso sinceramente que no están siendo valorados por la gente.

–¿Hay unidad verdadera dentro de la patronal dezana?

–Por supuesto. Si te fijas en las grandes empresas, en los últimos tiempos cada vez son más las que están uniéndose para hacerse más competitivas. Lo que trata la AED es eso, beneficiarnos a todos. Si todos fuéramos por el mismo camino, yo creo que saldríamos más beneficiados. Tengo que reconocer que cuando estaba fuera de la AED tampoco veía realmente el trabajo que se hacía pero te puedo asegurar que la gente que está allí trabaja duro.

–Cuentan que su abuelo fue un emprendedor modélico.

–Es cierto. Fue una persona humilde que no tenía estudios pero que tuvo tesón y empuje para irse por las fábricas y conseguir que estas le apoyasen. Además fue un hombre capaz de ver las necesidades existentes entonces.

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