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Faro de Vigo

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La piedras sobre las que creció un pueblo

Las obras de peatonalización de la calle Calvo Sotelo han destapado los adoquines que durante casi medio siglo fueron seña de la principal vía de A Esrada

Obras en la Calvo Sotelo.

A Estrada, como su nombre indica, nació a partir de una carretera, o más bien de un cruce. Allí donde la Nacional que unía Pontevedra con tierras de Deza se cruzaba con la carretera entre Santiago y Terra de Montes, creció un pueblo que llegó a convertirse en una de las principales villas de Galicia. Quizás también por su nombre, lo hizo muy rápido, tanto que sus historias se fueron marchando tan deprisa como llegaban otras para sustituirlas. De pasado, carreteras y olvidos trata esta historia, nacida de la casualidad, la que hizo resurgir, al menos por unos pocos días uno de los rasgos más característicos de A Estrada de mediado del siglo pasado.

La piedras sobre las que creció un pueblo

Las obras de peatonalización que comenzaron el jueves en la Calle Calvo Sotelo, la principal arteria comercial de la villa, han destapado el viejo adoquín que durante décadas tuvo esta calle. Esto ha dado pie a numerosos recuerdos por parte de los vecinos que transitan por allí en estos días, volviendo a tiempos en los que esta céntrica calle era muy diferente a la de hoy en día.

Calvo Sotelo

En realidad, la calle Calvo Sotelo fue de tierra hasta los años cuarenta y casi toda la actividad de la villa giraba en torno a este vial y sus calles anexas. Fue en esa época a mediados de siglo cuando se decidió dotar a esta carretera de un firme mejor, con adoquines que iban desde la parte alta de la rúa Peregrina hasta la parte baja de la Fernando Conde. Era en torno a medio kilómetro de adoquines que supusieron para A Estrada un punto importante en su crecimiento como pueblo.

La piedras sobre las que creció un pueblo

Cabe recordar que en aquella época, la Calvo Sotelo era la carretera Nacional, ya que no existía la Avenida de Vigo –la Gran Vía para gran parte de los estradenses–. Eso implicaba que todos los coches atravesaban el pueblo por una Calvo Sotelo de doble sentido y con aparcamiento. Son numerosas las imágenes antiguas de A Estrada en las que se puede apreciar la carretera de adoquines, una superficie que mostró su dureza durante unos cuarenta años. Fue a comienzos de los ochenta cuando se decidió enterrar este adoquín sobre una capa de asfalto. A partir de ahí llegaron varias reformas por encima que fueron cambiando esta calle. Bajo ella, la vieja calzada de adoquín observa como A Estrada continúa escribiendo su historia.

Calvo Sotelo R.T.

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