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Faro de Vigo

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Cantar para vivir un siglo

La estradense Manuela Brea sopla en familia las 100 velas

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Manuela Brea Barreiro cumplía ayer, lunes 6 de diciembre, nada más y nada menos que cien años de vida. Una vida que se inició en Constenla, donde permaneció hasta día de hoy. Su padre, Nicanor Brea, tenía un aserradero en la parroquia, y su madre, Dolores Barreiro, se dedicaba al cuidado de la casa. Desde joven, Manuela disfrutaba de la compañía de sus amigas, “as do Seixo”, e Isaura da Penela. Con ellas “corría por ahí”, y asistía a las fiestas de la contorna. Su favorita era la local, la del quince de Agosto, como ella la llama.

Manuela Brea Barreiro- Centenaria Manuela Brea Barreiro- Centenaria

En una de esas fiestas, concretamente en las fiestas de la Ascensión de Arca, Manuela conocía al que posteriormente se convertiría en su marido, Venancio Sanmartín, con el que se casó un 27 de febrero de 1946, y que murió cuando ambos tenían 60 años. Ella todavía recuerda las peripecias que tenía que hacer para estar con él en las fiestas, ante la atenta mirada de sus progenitores, y se ríe al confesar que “hacíamos lo que podíamos” para estar juntos.

Si bien su hermana pequeña estudió, Manuela abandonó la escuela con catorce años porque “no me gustaban los libros”. A ella le gustaba más estar en contacto con la naturaleza, y realizar labores manuales, siempre en el campo, pues confiesa que tampoco sentía demasiada inclinación por las diferentes tareas domésticas. No obstante, al terminar la escolarización, tomó clases de costura y calceta, labores que no volvió a realizar desde entonces, hasta que un día, falta de entretenimiento, retomó la calceta. A día de hoy, eso, pedalear y cantar son sus pasatiempos favoritos, aunque también disfruta de comer, especialmente cosas dulces.

Manuela adora cantar, y lo hace con confianza, para que todo el mundo la escuche, mientras su familia la observa con el cariño y la ternura que su carácter despierta. Y es que la centenaria se hace querer. Todos sus vecinos lo atestiguan, pues la adoran y siempre que pueden le hacen visitas, a pesar de que debido a la situación COVID no pudieron unirse a la fiesta de cumpleaños.

En la actualidad, hay muchas cosas que la protagonista no recuerda, pero algunas se mantienen vívidas en su cabeza, como sus trayectos a pie hasta Callobre o Guimarei para ver a sus familiares, o la historia de su padre salvando a un vecino de la cárcel durante el franquismo. Todas esas historias se las cuenta a su familia, como si intentase dejar parte de su memoria a buen recaudo, para que nunca se olvide aunque a su mente, poco a poco, se le vaya escapando. Y sus allegados la escuchan atentos, atesorando cada momento que les queda a su lado.

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